[Las páginas que siguen fueron escritas con motivo de una polémica a la que fui arrastrado por el señor Piotr Nikitich Tkachov,[2J
cuyo nombre se me ocurrió citar en un artículo a propósito del
Vperiod [¡Adelante!], la revista rusa editada en Londres, de un
modo totalmente incidental, pero que me valió su noble y preciosa enemistad (cf. Volksstaat, 1874, núms. l17 y liS). Dicho esto, el
señor Tkachov dio a la prensa una Carta abierta al señor Friedrich
Engels (Zürich, 1871), en la cual, después de haberme atribuido
toda suerte de extravagancias, opone a mi crasa ignorancia sus
propias ideas sobre el estado de cosas y las perspectivas de una
revolución social en Rusia.[3J Tanto la forma como el contenido
[ll Publicado en el periódico socialista alemán Volksstaat, con el título de
Soziales aus Russland (1875), en una época caracterizada por los últimos desarrollos de la polémica antibakuninista, después del Congreso de La H;aya
(1872) de la 1 Internacional, este artículo, fundamental tanto para la delimitación ideológica del marxismo frente a los variados matices del populismo
ruso, como por el análisis de los procesos económicos y sociales que se operaban en el campo ruso, fue reeditado por Engels, junto con otros ensayos sobre
el movimiento internacional, en un pequeño volumen en 1894, Internationale ,-
aus dem "Volksstaat", Berlín, Verlag der Expedition des "Vorwarts," pp. 47-60.
El volumen incluía también un post-scriptum de 1894 incorporado en la presente edición.
[21 Piotr Nikitich Tkachov (1844-1885) había emigrado de Rusia a Suiza en
1873, luego de un borrascoso período de arrestos y deportaciones. Había comenzado su actividad política al lado de Necháiev y en un primer momento
colaboró en el Vperiod junto a P. Lavrov, separándose de éste poco después
para afirmar, contra las inclinaciones gradualistas de este último, la necesidad
de la acción directa y violenta.
[31 El escrito polémico de Tkachov contra Lavrov, Las tareas de la propaganda revolucionaria en Rusia, de abril de 1874, había dado a Engels el motivo para una breve sátira sobre el infantilismo bakuninista ( cf. V olksstaat, 6
y 8 de octubre de 1874) y de los teóricos de la "revolución en cualquier mo·
mento". En su estudio, Tkachov creyó necesario polemizar contra Engels para
reafirmar la necesidad de la revolución en Rusia "hoy o quién sabe cuando,

FRIEDRICH ENGELS
de este refrito llevan la impronta bakuninista y como está escrito
en alemán, me creí en la obligación de responderle en el Volksstaat (cf. núms. 36 y ss. de 1875, serie Flüchtlingsliteratur [Literatura de los emigrados], caps. IV y v). La primera parte de la respuesta describía, en lo esencial, la manera bakuninista de conducir
la batalla literaria, manera que consiste, sic et sirnpliciter, en atribuir al adversario una hábil secuela de mentiras. Publicándola
en el Volhsstaat creo haber concluido este capítulo de carácter esen.
cialmente personal. Lo dejo por tanto de lado para considerar
exclusivamente la segunda parte de este folleto publicado en forma separada a pedido del editor, pues en ella me ocupo sobre todo
de la situación social en Rusia después de 1861, año de la llamada
emancipación de los campesinos.] [Nota de Engels.]
El futuro de Rusia es muy importante para la clase trabajadora
alemana en razón de que el Imperio ruso actual es el último gran
baluarte de todas las fuerzas reaccionarias de Europa. Esto quedó
probado en 1848 y 1849. Es porque Alemania no ayudó al desarrollo de una insurrección en Polonia, en 1848, ni declaró la guerra
al zar (como desde un principio lo exigía en su programa la
Nueva Gaceta Renana), por lo que este mismo zar pudo en 1849
aplastar la revolución húngara que golpeaba ya las puertas de Viena, en 1850 erigirse en Varsovia como juez y árbitro de Austria,
Prusia y los pequeños estados alemanes, y finalmente restablecer
o quizás jamás" porque todo pueblo oprimido, en razón de sus propias condiciones, está "siempre listo para la revolución. En consecuencia, todos deben
ponerse rápidamente en movimiento. El problema de saber qué es lo que debe
hacerse no puede de ningún modo paralizar la actividad. Se trata ante todo
de hacer la revolución. Pero, ¿cómo? Como cada uno puede y sabe" (pp. 17 y
19). Tkachov, además, acusaba a Engels "de prestar un buen servicio al enemigo común: el estado ruso", al atacar a Bakunin y a la emigración revolucionaria en general. Todo lo cual explica la respuesta de tono personal dada
por Engels en los números del 28 de marzo y del 2 de abril de 1874 del
Volksstaat, con Jos que se cierra la reseña de la "literatura de los emigrados",
y el artículo sucesivo "Acerca de la cuestión social en Rusia" publicado en
los números del 16, 18 y 21 de abril de 187.'5. Sin embargo, como lo reconoce el
propio Engels en el post scriptum de 1894, Tkachov, aunque participaba de
ciertas posiciones de Bakunin (comunes por otra parte a distintas corrientes
rusas) era y se proclamaba blanquista, y estaba convencido, por una parte, de
que "en Rusia la realización de la revolución social no presentaba dificultad
alguna, que era posible en cualquier momento impulsar al pueblo a una protesta revolucionaria general y de que, por otra parte, los elementos del comunismo presentes en la sociedad rusa (la "comuna" rural, etc.), podían ser salvados y hasta convertirse en los pilares de una nueva sociedad a condición
de ser liberados de inmediato, mediante la acción directa, del enchalecamiento
a que los sometía el capitalismo en expansión.

ACERCA DE LA CUESTIÓN SOCIAL EN RUSIA
la antigua Dieta federal. Y hace apenas unos días -a principios
de mayo de 1873- que el zar recibió en Berlín, de igual modo
que hace veinticinco años, el homenaje de sus vasallos, demostrando de este modo que sigue siendo en la actualidad el árbitro
de Europa.[4 J De manera, pues, que ninguna revolución puede
triunfar definitivamente en Europa occidental mientras exista a
su lado el actual estado ruso. Alemania es su vecino más próximo.
Alemania tiene que soportar pues el primer choque de los ejércitos de la reacción rusa. La caída del gobierno zarista y la disolución del Imperio ruso es, entonces, una de las primeras condiciones para la victoria final del proletariado alemán.
Esta revolución no tiene por qué hacerse desde afuera, aun
cuando una guerra extranjera pueda acelerarla considerablemente.
Dentro mismo del Imperio ruso hay fuerzas que contribuyen poderosamente a su declinación.
Los polacos son la primera de estas fuerzas. Durante años han
sido perseguidos y eliminados y ahora tienen que hacerse revolucionarios y apoyar todos los levantamientos revolucionarios en Occidente como primer paso para su liberación, o simplemente morir.
Pero en este preciso momento ellos se encuentran en una situación
en la que es únicamente en el campo del proletariado donde pueden encontrar aliados en Europa occidental. Desde hace un siglo
todos los partidos burgueses de Occidente los fueron traicionando
sucesivamente.l5l. En Alemania la burguesía sólo fue un actor político a partir de 1848 y desde entonces ha sido hostil a los polacos.
La Francia de Napoleón traicionó a Polonia en 1812 y como consecuencia perdió la guerra, su corona y el Imperio. La monarquía
burguesa siguió su ejemplo en 1830 y 1846, como así también la
República burguesa en 1848 y Napoleón 111 en la guerra de Crimea y en 1863. Unos y otros traicionaron vergonzosamente a Polonia. Aun hoy, los burgueses radicales de Francia buscan el favor del zar para negociar otra traición a Polonia a cambio de
una alianza revanchista contra Prusia, mientras que, paralelamen-
[4) Alusión a la "capitulación de Olmütz". En 1850, Austria, apoyada por
Rusia, obligó a Prusia a disolver la Unión prusiana y a restablecer la constitución de antes de 1848, con la Unión alemana y la vieja Dieta federal, poniendo así fin no sólo al período revolucionario, sino también al primer intento de unificación de Alemania en torno a Prusia.
[51 Marx había resumido sus estudios sobre Polonia en la siguiente fórmula:
"Después de~ todas las revoluciones han medido con una exactitud suficiente su prop1a intensidad y vitalidad con su actitud frente a Polonia. Ésta
es su verdadero termómetro exterior" (carta a Engels del 2 de diciembre de
1856).

FRIEDRICH ENGELS
te, la burguesía del Imperio alemán saluda a este mismo zar como
protector de la paz de Europa, es decir de las anexiones germanoprusianas_ De ahí que los polacos sólo pueden encontrar un apo-
')'O honesto y sin reservas en los trabajadores, porque ambos tienen
de común el interés por la caída del enemigo y de éste depende la
liberación de Polonia. Pero la acción de Polonia está circunscripta
dentro de límites geográficos bien determinados, no va más allá de
Polonia, Lituania y la Pequeña Rusia. El corazón del Imperio
ruso, sin embargo, la Gran Rusia, está de hecho fuera de su alcance. Además, cuarenta millones de rusos, con su propia evolución histórica, constituyen una nación demasiado grande para imponerles un movimiento originado fuera. Pero no hace falta. Es
cierto que la masa del pueblo ruso, los campesinos, han vivido en
mudez durante siglos y de generación en generación en una especie de eterno atontamiento y que la única interrupción de esta
existencia han sido algunas revueltas esporádicas, infructuosas, que
terminaron en más eliminaciones por parte de la nobleza y el
gobierno. El propio gobierno ruso "puso en marcha la historia",
en 1861, al abolir la servidumbre y suprimir las corveas, providencias aplicadas con tan refinada astucia que conducirá a la ruina
segura de la mayoría de los campesinos como de los nobles. La
misma situación en que se colocó al mujik lo está llevando a un
movimiento de oposición que, aunque apenas comienza, crecerá
inexorablemente dadas las condiciones económicas cada vez menos
propicias para las masas rurales. Ya se oye el rumor del descontento de los campesinos y éste es un hecho que el gobierno y todos
los partidos opositores no pueden dejar de considerar.
De modo, pues, que cuando rriás adelante hablemos de Rusia,
no nos referiremos a todo el Imperio ruso, sino solamente a la Gran
Rusia, es decir, a la región que tiene como frontera occidental las
provincias de Pskov y Smolensk, y como límite sur a las provincias de Kursk y Voronesh.
El señor Tkachov comunica de pasada a los obreros alemanes que
yo no tengo la "menor noticia" de lo que ocurre en Rusia y que,
por el contrario, no hago más que poner de manifiesto mi "ignorancia" sobre el particular. Por ello se siente obligado a explicarles el verdadero estado de las cosas y, en particular, las causas en
virtud de las cuales la revolución social puede ser hecha en Rusia,
precisamente ahora, sin dificultad y como jugando, mucho más fácilmente que en la Europa occidental.

ACERCA DE LA CUESTIÓN SOCIAL EN RUSIA
Es cierto que no tenemos proletariado urbano, pero, en compensación, tampoco tenemos burguesía [ ... ]. Nuestros obreros tendrán única-
~ente que luchar contra el poder político: aquí el poder del capital está
todavía en embrión. Y usted, estimado señor, sabe que la lucha contra
el primero es mucho más fácil que contra el segundo.[6l
La revolución a que aspira el socialismo moderno consiste, b~
vemente hablando, en la victoria del proletariado sobre la burguesía y en una nueva organización de la sociedad mediante la
liquidación de las diferencias de clase. Para ello se precisa, además
de la existencia del proletariado, que ha de llevar a cabo esta
-revolución, la existencia de la burguesía, en cuyas manos las fuerzas productivas de la sociedad alcanzan ese desarrollo que hace
posible la liquidación definitiva de las diferencias de clase. Entr~J
.Jos salvajes y los semisalvajes tampoco suele haber diferencias de
'Clase, y por ese estado han pasado todos los pueblos. Pero ni tan
'Siquiera puede ocurrírsenos restablecerlo, aunque no sea más que
porque de este mismo estado surgen necesariamente, con el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, las diferencias de clase. Sólo al llegar a cierto grado de desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, muy alto hasta para nuestras condiciones
presentes, se hace posible elevar la producción hasta un nivel en
que la liquidación de las diferencias de clase represente un verdadero progreso, tenga consistencia y no traiga consigo el estancamiento o, incluso, la decadencia en el modo de producción de la
sociedad. Pero sólo en manos de la burguesía han alcanzado las
fuerzas productivas ese grado de desarrollo. Por consiguiente, la
burguesía, es, también en este aspecto, una condición previa, y tan
necesaria como el proletariado mismo, de la revolución socialista.
Por tanto, quien sea capaz de afirmar que es más fácil hacer la
revolución en un país donde, aunque no hay proletariado, no hay
· tampoco burguesía, demuestra exclusivamente que debe aún estudiar el abecé del socialismo.
Así, a los obreros rusos -obreros que son, según dice el mismo
señor Tkachov, "labradores y como tales no proletarios, sino propietarios"- corresponderá una tarea más fácil porque no tendrán
que luchar contra el poder del capital, sino "únicamente contra
el poder político", contra el estado ruso. Y este estado
sólo desde lejos parece fuerte [ ... ] . N o tiene raíces en la vida económica del pueblo, no encarna los intereses de ningún estamento [ ... ].
[61 De aquí en adelante Engels cita el folleto de Tkachov, Offener Brief an
Herrn F1·iedrich Engels [Carta abierta al señor Friedrich Engels] mencionado
en nota 3.

FRIEDRICH ENGELS
En el país de ustedes el estado no es una fuerza ficticia. Se apoya con
todo su peso en el capital: encarna (1) determinados intereses económicos [ ... J. En nuestro país la situación es todo lo contrario. La forma de
nuestra sociedad debe su existencia al estado, a un estado que cuelga en
el aire, por decirlo así, que no tiene nada de común con el orden social
existente y cuyas raíces se hallan en el pasado, y no en presente.
No nos detendremos en esta confusa noción de que los intereses
económicos necesitan del estado, por ellos mismos erigido, para
tomar cuerpo. Tampoco hablaremos de la audaz afirmación respecto a que la "forma de sociedad rusa" (que incluye, naturalmente, la propiedad comunal de los campesinos) "debe su existencia al estado", ni tampoco del contradictorio aserto de que el
estado "no tiene nada de común" con el régimen social existente,
aunque éste, según el señor Tkachov, es obra de dicho estado.
Centremos nuestra atención en ese estado, "estado que cuelga en
el aire" y que no representa los intereses de ningún estamento.
En la Rusia europea los campesinos poseen 105 000 000 de desiatinas y los nobles (llamo así para ser breve a los grandes terratenientes), lOO 000 000, de las que casi la mitad pertenece a 15 000
nobles, que tienen consiguientemente, por término medio, unas
3 300 desiatinas cada uno. Las tierras de los campesinos son, por
tanto, muy poco más que las de los nobles. ¡Como ustedes verán,
los nobles no están ni pizca interesados en que exista el estado ruso,
que les asegura la posesión de la mitad del país! Sigamos. Los campesinos pagan anualmente por su mitad, en concepto de impuesto
sobre la tierra, 195 000 000 de rublos, y los nobles, ¡ 13 000 000!
Las tierras de los nobles son por término medio dos veces más fértiles que las de los campesinos, ya que por la distribución que
siguió al rescate de la prestación personal el estado quitó a los
campesinos, para entregarla a los nobles, no sólo la mayor, sino
también la mejor parte de las tierras, con la particularidad de que
los campesinos tuvieron que pagar a los nobles la peor tierra al
precio de la mejor.l ¡Y se nos dice que la nobleza rusa no tiene
el menor interés en la existencia del estado ruso!
A consecuencia del rescate, los campesinos en su masa se ven en
una situación de extraordinaria miseria y absolutamente insoportable. No sólo se les despojó de la parte más grande y mejor de
sus tierras, sino que incluso en las regiones más fértiles del Imperio las parcelas campesinas son demasiado reducidas para que -en
1 Excepto en Polonia, donde el gobierno quería arruinar a la nobleza, que
le era hostil, y ganarse a los campesinos. [Nota para el texto publicado en el
periódico Volksstaat, pero que en las ediciones de 1875 y 1894 no figuraba. E.]

ACERCA DE LA CUESTIÓN SOCIAL EN RUSIA
las condiciones de la agricultura rusa- puedan obtener de ellas su
sustento. A los campesinos no sólo se les impuso por esta tierra un
precio extraordinariamente elevado -que el estado había adelantado por ellos y que ahora tienen que reintegrarle paulatinamente,
sumados los intereses-; sobre los campesinos no sólo se ha cargado
casi todo el peso del impuesto sobre la tierra, del que los nobles
han quedado casi exentos, y que se traga e incluso sobrepasa el
valor de la renta de la tierra de los campesinos, de modo que todos los demás pagos que debe satisfacer el campesino -de ellos
hablaremos más adelante- son ya una deducción directa de la
parte de los ingresos que representa su salario, sino que: al impuesto sobre la tierra, a la amortización de las sumas adelantadas
por el estado y al pago de los intereses de las mismas se han su.
mado, desde que se introdujera la administración local, las cargas
fiscales impuestas por las autoridades de las provincias y los distritos. La consecuencia principal de esta "reforma" han sido nuevas cargas para los campesinos. El estado ha conservado sus ingresos íntegramente, pero una parte considerable de sus gastos los ha
descargado sobre las provincias y los distritos, que para cubrirlos
han introducido nuevos impuestos; y en Rusia, donde es una regla
que los estamentos superiores estén casi exentos de impuestos, los
campesinos tienen que pagar casi todo.
Esta situación parece especialmente creada en favor del usurero,
y con el talento casi sin igual de los rusos para el comercio en sus
formas más primitivas, para sacar provecho de la coyuntura favorable y para el engaño indisolublemente ligado con todo ello -no
en vano Pedro I decía que un ruso es capaz de dársela a tres judíos-, el usurero abunda en todas partes. En cuanto se acerca la
hora de pagar los impuestos, hace su aparición el usurero, el kulak
-frecuentemente un campesino rico de la misma comunidad-, y
ofrece su dinero contante y sonante. El campesino necesita la moneda a toda costa y se ve obligado a aceptar, sin protesta alguna,
las condiciones del usurero. Con ello él mismo se a prieta el dogal,
y cada vez necesita más dinero. A la hora de la siega se presenta
el acopiador de granos; la necesidad de dinero obliga al campesino
a vender parte del cereal requerido para su sustento y el de su
familia. El comerciante difunde rumores falsos que hacen bajar los
precios, paga muy poco y, a veces, entrega por parte del grano
mercancías de toda suerte y muy caras, pues el sistema de pago
en mercancías (trucksystem) está en Rusia muy desarrollado. Como
vemos, la gran exportación de trigo por Rusia se basa directamente en el hambre de la población rural. Otro modo de explotación
del campesino es el siguiente: un especulador toma en arriendo

FRIEDRICH ENGELS
por largo plazo una superficie de tierra del gobierno y la cultiva
él mismo mientras da buena cosecha sin necesidad de abonos; después, cuando está ya agotada, la divide en pequeñas parcelas y la
arrienda, a precios muy elevados, a los campesinos vecinos que
tienen poca tierra. Si arriba hemos podido ver la existencia del sistema inglés del pago en mercancías, aquí podemos apreciar una
copia exacta de los intermediarios (middlemen) irlandeses. En una
palabra: no existe ningún país en el que, a pesar del estado ultraprimitivo de la sociedad burguesa, el parasitismo capitalista esté
tan desarrollado como en Rusia, donde todo el país y todas las
masas populares se ven envueltas y oprimidas por sus redes. ¡Y
se nos dice que todos esos vampiros que chupan la sangre de los
campesinos no están interesados en la existencia del estado ruso,
cuyas leyes y tribunales protegen sus nada limpios y lucrativos
trucos!
La gran burguesía de Petersburgo, de Moscú, de Odesa, que se
ha desarrollado con inusitada rapidez en los últimos diez años, a
consecuencia, principalmente, de la construcción de ferrocarriles,
y que se ha visto afectada de la manera más sensible por la última crisis; esos exportadores de trigo, de cáñamo, de lino y de sebo,
cuyos negocios se basan todos en la miseria de los campesinos; la
gran industria rusa, que sólo existe gracias a las tarifas aduaneras
proteccionistas que le han sido acordadas por el estado; ¿acaso todos estos importantes elementos de la población, que aumentan
rápidamente, no están interesados en la existencia del estado ruso?
Y huelga hablar del incontable ejército de funcionarios que inunda y roba a Rusia, y que forma en el país un auténtico estamento.
Por eso, cuando el señor Tkachov nos asegura que el estado ruso
"no tiene raíces en la vida económica del pueblo y no encarna
los intereses de ningún estamento", que "cuelga en el aire", me
parece que no es el estado ruso lo que cuelga en el vacío, sino,
más bien, el propio señor Tkachov.
Es evidente que a partir de la abolición de la servidumbre la
situación de los campesinos rusos se ha hecho insoportable y que
no puede continuar así mucho tiempo; que, por esta sola causa,
en Rusia se avecina una revolución. Pero queda en pie la interrogante: ¿Cuál puede ser, cuál será el resultado de esta revolución?
El señor Tkachov dice que será una revolución social. Esto es tautología pura. Toda verdadera revolución es social, porque lleva al
poder a una nueva clase y permite a ésta transformar la sociedad
a su imagen y semejanza. Pero el señor Tkachov quiere decir que
la revolución será socialista, que implantará en Rusia, antes de
que nosotros lo logremos en Occidente, la forma de sociedad hacia

ACERCA DE LA CUESTIÓN SOCIAL EN RUSIA
la que tiende el socialismo de la Europa occidental, y ello ¡en una
sociedad en la que el proletariado y la burguesía sólo aparecen,
por el momento, esporádicamente y se encuentran en un bajo nivel de desarrollo! ¡Y se nos dice que esto es posible porque los
rusos constituyen, por decirlo así, el pueblo escogido del socialismo al poseer arteles y la propiedad comunal de la tierra!
El señor Tkachov sólo de pasada ha mencionado el arte!, pero
nosotros nos detendremos en su análisis, ya que desde los tiempos
de Herzen muchos rusos le atribuyen un papel misterioso. El arte!
es una forma de asociación muy extendida en Rusia, la forma más
simple de cooperación libre, análoga a lo que se da en las tribus
cazadoras durante la caza. Por cierto, tanto la denominación como
el contenido son de origen tártaro, y no eslavo. Tanto una cosa
como la otra pueden hallarse entre los kirguizes, los yakutos, etc.,
de una parte, y, de la otra, entre los lapones, los samoyedos y
otros pueblos fineses. 2 Por ello el arte! se desarrolló primero en el
norte y el este de Rusia, donde los rusos están en contacto con los
fineses y los tártaros, y no en el suroeste. El clima, riguroso, hace
necesaria una actividad industrial variada, y la insuficiencia del
desarrollo de las ciudades, lo mismo que la escasez de capital son
remplazadas, en cuanto es posible, por esa forma de cooperación.
U no de los rasgos más acusados del artel, la caución solidaria de
sus miembros ante una tercera parte, tiene su base original en las
relaciones de parentesco consanguíneo, como la garantía mutua
(Gewere), de los antiguos germanos, la venganza de sangre, etc.
Además, la palabra arte! se aplica en Rusia no sólo a todo género
de actividad conjunta, sino asimismo a las instituciones colectivas.
Los arteles obreros eligen siempre un jefe (stárosta, starshiná), que
cumple las funciones de cajero, contable, etc., y las de administrador, cuando es necesario, y recibe por ello un salario especial. Lo&
arteles se forman:
l] para realizar trabajos temporales, después de cuyo cumplimiento se disuelven;
2] entre los individuos dedicados a un mismo oficio, por ejemplo entre los cargadores, etc.;
3] para trabajos permanentes, industriales, en el sentido propio
de la palabra.
Los arteles se fundan sobre la base de un contrato firmado por
todos sus componentes. Si sus miembros no pueden reunir el capital necesario, cosa que ocurre con frecuencia, por ejemplo, en la
2 Acerca del arte! véase, entre otros, Sbornik materialov ob artelyaj v Rossii.
[Acerca de los arteles en Rusia], fase. 1, San Petersburgo, 1873.

FRIEDRICH ENGELS
,producción de quesos y en la pesca (para la compra de redes, embarcaciones, etc.), el artel cae en las garras del usurero, que le pres.
ta a intereses exorbitantes el dinero que precisa y que desde este
momento se embolsa la mayor parte de los ingresos obtenidos por
el artel con su trabajo. Pero aún son más ignominiosamente explotados los arteles que, en calidad de obreros asalariados, se alquilan colectivamente a un patrono. Ellos mismos dirigen su actividad industrial y ahorran así al capitalismo los gastos de vigilancia.
El capitalista les alquila los cuchitriles en que habitan y les adelanta medios de subsistencia, con lo que vemos aparecer aquí otra
vez, y del modo más vil, el sistema del pago en mercancías. Así
ocurre entre los leñadores y los resineros de la provincia de Ar.
kángel, en muchas industrias de Siberia, etc. (Véase Flerovski, La
situación de la clase obrera en Rusia, San Petersburgo, 1869).m
Como vemos, el arte! facilita mucho, en este caso, la explotación
de los obreros asalariados por el capitalista. Por otra parte, hay,
~ sin embargo, arteles que emplean ellos mismos obreros asalariados
~w;.' que no son miembros de la asociación.
~ JlJ:. r· Así pues, el artel es una forma primitiva, y por ello poco des-
~,..(
arrollada, de asociación cooperativa, sin nada exclusivamente ruso
..-K¡
o eslavo. Estas asociaciones se forman en todas partes donde son
necesarias: en Suiza, en la industria lechera; en Inglaterra, entre
los pescadores, y aquí reviste las formas más diversas. Los peones
de pala de Silesia (los alemanes, no los polacos), que tantos ferrocarriles alemanes construyeran en la década de los cuarenta, est<J._~
ban organizados en auténticos arteles. El predominio que esta forma tiene en Rusia prueba, naturalmente, que en el pueblo ruso
[71 Seudónimo del economista y sociólbgo ruso Vasili Vasílievich Bervi (17951878), de orientación populista. Su libro, La situación de la clase obrera en
Rusia despertó sumo interés en Marx, quien afirmó haber aprendido el ruso
para poder leerlo. En su carta a los miembros del Comité de la sección rusa
en Ginebra señala: "Hace unos cuantos meses me mandaron desde Petersburgo
la obra de Flerovski La situación de la clase obrera en Rusia. Es una verdadera
revelación para Europa. El optimismo ruso, propagado en el continente incluso por los llamados revolucionarios, se denuncia implacablemente en esa
obra. Su mérito no mermará si digo que, en ciertos lugares, no satisface enteramente la crítica desde el punto de vista puramente teórico. Es un escrito
de un observador serio, de un trabajador intrépido, de un crítico imparcial, de
un artista vigoroso y, ante todo, de un hombre indignado con la tiranía en
l-- todos sus aspectos, de un hombre que no tolera los himnos nacionales y que
\
comparte apasionadamente todos los sufrimientos y las aspiraciones de la
clase productora. Obras como la de Flerovski y la de Chernishevski, el maestro de ustedes, hacen verdaderamente honor a Rusia y prueban que su país
comienza también a participar en el movimiento general de nuestro siglo."
(Marx-Engels, OE, cit., t. u, pp. 182-183.)

ACERCA DE LA CUESTIÓN SOCIAL EN RUSIA
alienta una acusada tendencia a la asociacwn, pero no demuestra,
ni mucho menos, que este pueblo pueda saltar, ayudado por esta
tendencia, del artel a la sociedad socialista. Para este salto se precisaría, ante todo, que el propio artel fuera capaz de desarrollarse,
que se desprendiese de su forma primitiva -en la cual, como hemos podido ver, es más beneficiosa para el capital que para los
obreros- y que se elevase, por lo menos) al nivel de las asociaciones cooperativas de la Europa occidental. Pero si esta vez creemo.!J
al señor Tkachov (cosa más que arriesgada, después de todo lo
que precede); eso está aún muy lejos. Por el contrario, con un
orgullo muy característico para su punto de vista, Tkachov nos
asegura:
En cuanto a las cooperativas y asociaciones de crédito al estilo alemán
(1) que desde hace poco vienen implantándose artificialmente en Rusia,
la mayoría de nuestros obreros las acogen con la mayor indiferencia, por
lo que en casi todas partes han sido un verdadero fracaso.
La asociación cooperativa moderna ha demostrado, al menos,
que puede regir por cuenta propia y con provecho grandes empresas industriales (de hilados y tejidos en Lancaster). Hasta ahora el
artel no se ha mostrado capaz de ello, y si no se desarrolla será
inevitablemente destruido por la gran industria.
La propiedad comunal de los campesinos rusos fue descubierta
en 1845 por el Consejero de estado prusiano Haxthausen, que la
proclamó a los cuatro vientos como algo verdaderamente maravi.
lioso, aunque en su patria vestfaliana hubiera podido encontrar
muchos restos de esta propiedad comunal que, como funcionario,
incluso estaba obligado a conocer exactamente.[ 8J Herzen, terrate.
niente ruso, se enteró por Haxthausen de que sus campesinos poseían la tierra en común y se aprovechó de ello para presentar a
los campesinos rusos como a los auténticos portadores del socialismo, como a comunistas natos, en contraste con los obreros del senil
y podrido Occidente europeo, obligados a estrujarse los sesos para
asimilar artificialmente el socialismo. Estas ideas pasaron de Her-
[SJ Engels se refiere a los libros del barón Angust von Haxthausen, Studien
über die inneren Zustiinde, das Volksleben und insbesondere Russlands [Estu·
dios sobre las relaciones interiores de la vida popular y, sobre todo, las instituciones rurales de Rusia], publicado en tres partes en Hannover y Berlín
en 1847-1852, y De l'abolition par voie législative du partage temporaire des
terres dans les communes russes, París, 1858. Ambas obras significaron la gran
revelación de la persistencia de las comunas rurales en Rusia primero para
Herzen, y luego para Bakunin y los populistas en general.

FRIEDRICH ENGELS
zen a Bakunin y de Bakunin al señor Tkachov. Escuchemos a este
último:
Nuestro pueblo [ ... ] en su inmensa mayoría [ ... ] está penetrado de
los principios de la posesión en común; nuestro pueblo, si puede uno
expresarse así, es comunista por instinto, por tradición. La idea de la
propiedad colectiva ha arraigado tan profundamente en la concepción
que el pueblo ruso tiene del mundo [más adelante veremos cuán inmenso es el mundo del campesino ruso], que ahora, cuando el gobierno empieza a comprender que esta idea es incompatible con los principios de
la sociedad "bien ordenada" y en nombre de estos principios trata de
inculcar la idea de la propiedad privada en la conciencia y en la vida
del pueblo, mas únicamente puede lograrlo mediante las bayonetas y el
knut. De aquí se desprende con toda claridad que nuestro pueblo, pese
a su ignorancia, está más cerca del socialismo que los pueblos de la Europa occidental, aunque éstos sean más cultos.
En realidad, la propiedad común de la tierra es una institución
que podemos observar entre todos los pueblos indoeuropeos en las
fases inferiores de su desarrollo, desde la India hasta Irlanda, e
incluso entre los malayos, que se desarrollan bajo la influencia
de la India, por ejemplo, en la isla de Java. En 1608, la propiedad
común de la tierra, que existía de derecho en el norte de Irlanda,
región recién conquistada, sirvió a los ingleses de pretexto para
declarar la tierra sin propietario y confiscada, por ello, en favor
de la corona. En la India existen aún hoy día varias formas de
propiedad común de la tierra. En Alemania era éste un fenómeno
general; las tierras comunales que pueden encontrarse aún hoy son
restos de ella. Huellas bien precisas -los repartos periódicos de las
tierras comunales, etc.- pueden ,observarse con frecuencia, sobre
todo, en las montañas. Indicaciones y detalles más concretos acerca
de la propiedad común en la antigua Alemania pueden hallarse
_en varias obras de Maurer que, a este respecto, son verdaderamenf te clásicas. En la Europa occidental, incluidas Polonia y la Pequeña Rusia,r9l esta propiedad comunal se convirtió, al llegar a
cierto grado del desarrollo de la sociedad, en una traba, en un
freno para la producción agrícola, por lo que fue eliminada poco
a poco. En la Gran Rusia (es decir, en Rusia, propiamente) se ha
conservado hasta ahora, lo que demuestra que la producción agrícola y las relaciones sociales en el agro ruso se encuentran, realmente, muy poco desarrolladas. El campesino ruso vive y actúa
exclusivamente en su comunidad; el resto del mundo sólo existe
[ 91 Pequeña Rusia, nombre que se daba a Ucrania en los documentos oficiales de la Rusia zarista.

ACERCA DE LA CUESTIÓN SOCIAL EN RUSIA
para él en la medida en que se mezcla en los asuntos de la comunidad. Esto es hasta tal punto cierto, que en ruso una misma
palabra -mir- sirve para designar, de una parte, el "universo", y,
de otra, la "comunidad campesina". Vies mir [todo el mundo]
significa en el lenguaje de los campesinos la reunión de los miembros de la comunidad. Por tanto, si el señor Tkachov habla de la
"concepción del mundo" del campesino ruso, es evidente que ha O;¡~
traducido mal la palabra rusa mir. Este aislamiento absoluto en-
"'-7'- ~
tre las distintas comunidades, que ha creado en el país intereses, ¡.,~
cierto es, iguales, pero en ningún modo comunes, constituye la
base natural del despotismo oriental; desde la India hasta Rusia,
en todas partes en donde ha predominado, esta forma social ha
producido siempre el despotismo oriental, siempre ha encontrado
en él su complemento. No sólo el estado ruso en general, sino incluso su forma específica, el despotismo zarista, no cuelga, ni mucho menos, en el aire, sino que es un producto, necesario y lógico,
de las condiciones sociales rusas, con las que, según afirma el
señor Tkachov, ¡"no tiene nada de común"! El desarrollo futuro
de Rusia en una dirección burguesa destruiría también aquí, poco
a poco, la propiedad común sin ninguna intervención de las
"bayonetas y el knut" del gobierno zarista. Y ello con mayor razón, por cuanto en Rusia los campesinos no trabajan la tierra comunal colectivamente, a fin de dividir sólo los productos, como
ocurre todavía en ciertas regiones de la India. En Rusia, por el
contrario, la tierra es repartida periódicamente entre los cabezas
de familia y cada uno trabaja para sí mismo su parcela. Esta circunstancia hace posible una desigualdad muy grande en cuanto al
bienestar de los distintos miembros de la comunidad, y esta desigualdad existe en efecto. Casi en todas partes hay entre los miembros de la comunidad campesinos ricos, a veces millonarios, que
se dedican a la usura y chupan la sangre a la masa campesina.
Nadie conoce esto mejor que el señor Tkachov. Al mismo tiempo
que asegura a los obreros alemanes que sólo el knut y las bayonetas pueden obligar al campesino ruso, a este comunista por instinto, por tradición, a renunciar a la "idea de la propiédad colectiva", escribe en la página 15 de su folleto ruso: "Entre los campesinos está naciendo la clase de los kulaks, gente que compra y toma
en arriendo las tierras de los campesinos y de los terratenientes.
Estos individuos forman la aristocracia campesina."
Éstos son los vampiros de que hemos hablado más arriba.
El rescate de la prestación personal fue lo que asestó el golpe
más recio a la propiedad comunal de la tierra. Los terratenientes
se hicieron con la parte más grande y mejor de las tierras; a los

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FRIEDRICH ENGELS
campesinos apenas si les quedó lo suficiente -con frecuencia ni
siquiera lo bastante- para poder alimentarse. Además, los bosques
fueron entregados a los nobles; y los campesinos se vieron constreñidos a comprar la leña y la madera -que antes no les costaba
nada- para sus aperos y para la construcción. Así pues, el campesino no tiene hoy nada aparte de su isba y su pelada parcela, para
cuyo cultivo no dispone de aperos; por lo común, ni siquiera posee bastante tierra para subsistir con su familia de cosecha a cosecha. En tales condiciones, aplastada por las cargas fiscales y los
usureros, la propiedad comunal de la tierra deja de ser una bendición para convertirse en una cruz. Los campesinos huyen frecuentemente de la comunidad, con sus familias o sin ellas, y abandonan la tierra para ganarse la vida, como obreros, fuera de su
aldea.3
Está claro que la propiedad comunal en Rusia se halla ya muy
lejos de la época de su ~ropi~ad y, por cuanto vemos, marcha
hacia la descomposición. Sht-émbargo, no se puede negar la posibilidad de elevar esta forma social a otra superior, si se conserva
hasta que las condiciones maduren para ello y si es capaz de desarrollarse de modo que los campesinos no laboren la tierra por
separado, sino colectivamente.4 Entonces, este paso a una forma
'superior se realizaría sin que los campesinos rusos pasasen por la
fase intermedia de propiedad burguesa sobre sus parcelas. Pero ello
únicamente podría ocurrir si en la Europa occidental estallase, antes de que esta propiedad comunal se descompusiera por entero,
una revolución proletaria victoriosa que ofreciese al campesino ruso
las condiciones necesarias para este paso y, concretamente, los medios materiales que necesitaría para realizar en todo su sistema de
agricultura la revolución necesariamente a ello vinculada. Por lo
tanto, el señor Tkachov dice verdaderos absurdos al asegurar que
los campesinos rusos, aunque son "propietarios", "están más cerca
del socialismo" que los obreros de la Europa occidental, privados
de toda propiedad. Todo lo contrario. Si algo puede todavía salvar
la propiedad comunal rusa y permitir que tome una forma nueva,
3 Acerca de la situación de los campesinos véase, entre otros, el informe
oficial de la comisión gubernamental agraria (1873) y, además. Skaldin, V
zajolusti i v stoliche [En provincias apartadas y en la capital], San Pctersburgo,
1870. Este último trabajo pertenece a la pluma de un conservador moderado.
• En Polonia, sobre todo en la provincia de Grodno, donde los terratenientes
fueron arruinados en su mayoría por la insurrección de 1862, los campesinos
ahora compran o arriendan muchas fincas de terratenientes y las cultivan
conjuntamente y en beneficio común. Y esos campesinos hace ya siglos que
no conocen ninguna propiedad comunal y, por añadidura, no son gran rusos,
sino polacos, lituanos y bielorrusos.

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viable, es precisamente la revolución proletaria en la Europa occidental.
El señor Tkachov resuelve el problema de la revolución política con la misma facilidad que el de la económica. El pueblo ruso,
dice Tkachov, "protesta incesantemente" contra su esclavización
"organizando sectas religiosas. . . negándose a pagar los impuestos. . . formando cuadrillas de bandidos (los obreros alemanes pueden congratularse de que Schinderhannes resulte ser el padre de
la socialdemocracia alemana). . . provocando incendios. . . amotinándose. . . y por ello puede afirmarse que es revolucionario por
instinto". Todo esto convence al señor Tkachov de que "basta con
despertar en varios lugares y simultáneamente el descontento y la
furia acumulados. . . que siempre han latido en el corazón de
nuestro pueblo". Entonces, "la unión de las fuerzas revolucionarias se producirá por sí misma, y la lucha. . . deberá terminar favorablemente para el pueblo. La necesidad práctica, el instinto de
conservación" crearán ya de por sí "lazos estrechos e indisolubles
entre las comunidades que protesten".
Imposible imaginarse una revolución más fácil y agradable. Basta con amotinarse simultáneamente en tres o cuatro sitios para
que el "revolucionario por instinto", la "necesidad práctica", el
"instinto de conservación" hagan, "por sí mismos", todo lo demás.
No se puede comprender por qué, siendo todo tan increíblemente
fácil, la revolución no ha estallado hace ya tiempo, el pueblo no
ha sido liberado y el país convertido en un estado socialista ejemplar.
En realidad, las cosas son muy otras. Es cierto que el pueblo
ruso, ese "revolucionario por instinto", ha desencadenado muchas
insurrecciones campesinas aisladas contra la nobleza y contra determinados funcionarios, pero nunca contra el zar, de no ser que
a su cabeza se haya puesto un falso zar reclamando el trono. La
última gran insurrección campesina, en el reinado de Catalina Il,
fue posible porque Emelián Pugachov se hada pasar por su marido, Pedro III, a quien Catalina no habría dado muerte, sino destronado y recluido en una prisión de la que había logrado escapar.
Para el campesino ruso el zar es, por el contrario, Dios en la Tierra. "Dios está muy alto y el zar muy lejos", exclama desesperado
el campesino. No cabe duda de que las masas de la población cam.
pesina, especialmente desde que se rescataron de la prestación personal, se ven en una situación que las obliga más y más a luchar
contra el gobierno y contra el zar; pero que el señor Tkachov
vaya a otro con su cuento acerca del "revolucionario por instinto".

FRIEDRICH ENGELS
Además, incluso si la masa de los campesinos rusos fuera, a más
no poder, revolucionaria por instinto, incluso si nos imaginásemos
que la revolución puede hacerse por encargo, como una pieza de
percal rameado o un samovar; incluso en tal caso yo pregunto:
¿puede un hombre que pasa ya de los doce años tener una idea tan
extraordinariamente infantil del curso de la revolución como la
que observamos aquí? Parece mentira que esto haya podido ser escrito después del brillante fracaso de la revolución de 1873 en
España, la primera llevada a cabo según este patrón bakuninista.
Allí también empezaron la insurrección simultáneamente en varios
lugares. Allí también confiaban en que la necesidad práctica y el
instinto de conservación establecerían de por sí una ligazón sólida
e indestructible entre las comunas insurgentes. ¿Y qué ocurrió?
Cada comuna, cada ciudad sólo se defendía a sí misma, ni siquiera
se hablaba de la ayuda mutua, y Pavía, con sólo 3 000 hombres,
sometió en quince días una ciudad tras otra y puso fin a toda la
gloria de los anarquistas. (Véase mi artículo Los bakuninistas en
acción, donde esto se describe con detalle.)
Es indudable que Rusia se encuentra en vísperas de una revolución. Sus asuntos financieros se hallan en el más completo desbarajuste. La prensa de los impuestos ya no ayuda, los intereses
de las viejas deudas públicas se pagan recurriendo a nuevos empréstistos, y cada nuevo empréstito tropieza con mayores dificultades; ¡únicamente se puede conseguir dinero pretextando que se
va a construir más ferrocarriles! Hace ya mucho que la administración está corrompida hasta la médula; los funcionarios viven
más del robo, de su venalidad y de la concusión que de su paga.
La producción agrícola -la más importante en Rusia- se halla en
pleno desorden debido al rescate tle la prestación personal en 1861;
a los grandes terratenientes les falta mano de obra; a los campesinos les falta tierra, los impuestos los tienen agobiados y los usureros los despluman; la agricultura rinde menos cada año. Todo
esto lo mantiene unido con gran trabajo y sólo aparentemente un
despotismo oriental de cuya arbitrariedad no tenemos idea en el
Occidente; un despotismo que no sólo se encuentra cada día en
contradicción más flagrante con las ideas de las clases .ilustradas,
en particular con las de la burguesía de la capital -burguesía en
rápido desarrollo-, sino que en la persona de su presente portador
ha perdido la cabeza: hoy hace concesiones al liberalismo, mañana, aterrado, las cancela, y así aumenta su descrédito. Además, las
capas más ilustradas de la nación, concentradas en la capital, van
adquiriendo conciencia de que esta situación es insoportable y de
que la revolución se acerca, pero al mismo tiempo acarician la ilu-

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sión de orientarla hacia un tranquilo cauce constitucional. Aquí
se dan todas las condiciones para una revolución; esta revolución
la iniciarán las clases superiores de la capital, incluso, quizá, el
propio gobierno, pero, los campesinos la desarrollarán, sacándola
rápidamente del marco de su primera fase, de la fase constitucional; esta revolución tendrá gran importancia para toda Europa
aunque sólo sea porque destruirá de un solo golpe la última y aún
intacta reserva de la reacción europea. Es indudable que esa revolución se acerca. Sólo dos acontecimientos pueden aplazarla para
largo: o una guerra afortunada contra Turquía o contra Austria,
para lo que se necesita dinero y aliados seguros, o bien. . . una tentativa prematura de insurrección que lleve de nuevo a las clases
poseedoras a arrojarse en brazos del gobierno.