Karl Marx

Crítica del Programa de Gotha

II

«Partiendo de estos principios básicos, el partido obrero alemán se esfuerza por todos los medios legales por alcanzar el Estado libre —y— la sociedad socialista; la abolición del sistema del salario junto con la ley de bronce de los salarios —y— de la explotación en todas sus formas; la eliminación de toda desigualdad social y política.»

Sobre el Estado «libre» volveré más adelante.

Así, pues, en lo sucesivo, ¡el Partido Obrero Alemán tendrá que creer en la «ley de bronce de los salarios» de Lassalle! Para que ésta no se pierda, se perpetra el disparate de hablar de la «abolición del sistema del salario» (en realidad debería decir: sistema del trabajo asalariado), «junto con la ley de bronce de los salarios». Si yo aboliera el trabajo asalariado, naturalmente aboliría también sus leyes, ya sean éstas de «bronce» o de esponja. Pero el ataque de Lassalle contra el trabajo asalariado gira casi exclusivamente en torno a esta pretendida ley. Por consiguiente, para demostrar que la secta de Lassalle ha triunfado, el «sistema del salario» debe ser abolido «junto con la ley de bronce de los salarios» y no sin ella.

Es bien sabido que de la «ley de bronce de los salarios» no pertenece a Lassalle más que la palabra «bronce», tomada de las «grandes leyes eternas, de bronce» de Goethe [1]. La palabra «bronce» es una etiqueta por la que se reconocen los verdaderos creyentes. Pero si tomo la ley con el sello de Lassalle y, por tanto, en el sentido que él le da, tengo que aceptarla también con la fundamentación que él le dio. ¿Y cuál es ésta? Como ya mostró Lange poco después de la muerte de Lassalle, es la teoría maltusiana de la población (¡predicada por el propio Lange!). Pero si esta teoría es correcta, entonces no puedo abolir la ley ni aunque aboliera cien veces el trabajo asalariado, pues la ley regiría entonces no sólo el sistema del trabajo asalariado, sino todo sistema social. ¡Partiendo directamente de esto, los economistas vienen demostrando desde hace cincuenta años y más que el socialismo no puede abolir la pobreza, que tiene su fundamento en la naturaleza, sino que únicamente puede generalizarla, distribuirla al mismo tiempo por toda la superficie de la sociedad!

Pero todo esto no es lo principal. Prescindiendo por completo de la falsa formulación lassalleana de la ley, el verdadero retroceso escandaloso consiste en lo siguiente:

Desde la muerte de Lassalle, se ha abierto paso en nuestro partido el conocimiento científico de que el salario no es lo que parece ser, a saber, el valor o el precio del trabajo, sino sólo una forma enmascarada del valor o del precio de la fuerza de trabajo. Con ello, toda la concepción burguesa del salario mantenida hasta entonces, así como toda la crítica dirigida hasta entonces contra esa concepción, fue arrojada por la borda de una vez para siempre. Quedó claro que el obrero asalariado sólo tiene permiso para trabajar para su propia subsistencia, es decir, para vivir, en la medida en que trabaje gratuitamente cierto tiempo para el capitalista (y, por tanto, también para los coconsumidores de plusvalía de éste); que todo el sistema capitalista de producción gira en torno al aumento de este trabajo gratuito, ya sea prolongando la jornada de trabajo, ya sea desarrollando la productividad, esto es, aumentando la intensidad de la fuerza de trabajo, etc.; que, por consiguiente, el sistema del trabajo asalariado es un sistema de esclavitud, y además una esclavitud que se hace más dura cuanto más se desarrollan las fuerzas sociales productivas del trabajo, ya reciba el obrero un pago mejor o peor. Y ahora que este conocimiento ha ido ganando cada vez más terreno en nuestro partido, se vuelve al dogma de Lassalle, aun cuando esos señores tenían que saber que Lassalle no sabía lo que era el salario, sino que, siguiendo la estela de los economistas burgueses, tomaba la apariencia por la esencia de la cosa.

¡Es como si, entre esclavos que por fin han descubierto el secreto de la esclavitud y se han sublevado, un esclavo sujeto aún a ideas anticuadas inscribiera en el programa de la rebelión: La esclavitud debe ser abolida porque la alimentación de los esclavos en el sistema de la esclavitud no puede rebasar un cierto máximo, muy bajo!

¡El mero hecho de que los representantes de nuestro partido hayan sido capaces de perpetrar un atentado tan monstruoso contra el conocimiento que se ha difundido entre la masa de nuestro partido, no prueba por sí solo con qué criminal ligereza y con qué falta de conciencia se pusieron a la obra para redactar este programa de compromiso!

En lugar de la vaga frase final del párrafo: «la eliminación de toda desigualdad social y política», debería haberse dicho que, con la abolición de las diferencias de clase, desaparecería por sí misma toda desigualdad social y política derivada de ellas.

[1] Citado de *Das Göttliche*, de Goethe.

Sigue: Parte III

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