De nuestra Unión Agrícola  
y del movimiento que en torno a ella se agita  

*La Plebe.*  
Nº 19, 18 de junio de 1877  
14 de junio.  

Me he dado cuenta de que mi última carta era incompleta, por lo que creo mi deber escribiros la presente. Os hablé en mi otra carta de la Unión Agrícola, fundada, hace 6 años, por el ciudadano Arch, ya famoso en Inglaterra por esta iniciativa suya y por la singularidad de su arte oratoria: es un verdadero tribuno un tanto rudo, pero potente en su rudeza.

Inició su propaganda con la cuestión de los salarios. Los campesinos no percibían más de 16 liras (italianas) por semana. Arch, ayudado eficazmente por buenos amigos, consiguió que en 3 o 4 años la Unión Agrícola contase con más de 50.000 miembros, y pudo organizar una huelga de 30.000 hombres. La huelga tuvo éxito, y los salarios aumentaron en las Provincias del Este en 2 liras y 50 céntimos por semana. Al mismo tiempo se adoptó la medida de hacer emigrar a los campesinos a América, a Australia, o bien de hacerlos pasar de una provincia inglesa a otra. Con estos traslados se conseguía el propósito de hacer subir los salarios allí donde los brazos disminuían. Esta lucha fue experimentada favorablemente hasta 1874. Pero después de esta época las cosas se modificaron. Se quiso abordar la cuestión de la expropiación de las tierras en favor del Estado, como ya había propuesto el célebre economista Stuart Mill. Se plantearon asimismo las cuestiones del sufragio universal y de la instrucción popular. Observad, sin embargo, una circunstancia muy significativa, y es que el movimiento favorable a la propiedad colectiva era casi exclusivamente obra de aquellos que se separaban del ciudadano Arch, el cual prefería constantemente las cuestiones que no tocaban el arca santa de la propiedad individual del suelo: y es más, en presencia del movimiento colectivista, se sentía dispuesto a predicar una especie de conciliación entre los campesinos y sus explotadores: en definitiva, frente a la idea revolucionaria del colectivismo se sentía conservador: limitaba todas sus hostilidades contra la alta aristocracia. A los arrendatarios creía útil hacerles un poco la corte, para no tenerlos como enemigos acérrimos en las elecciones políticas. No será, pues, difícil que veamos al señor Arch en la Cámara de los Comunes: en este sentido existe ya cierta agitación, y Arch está dispuesto a aceptar la diputación. Todo esto, sin embargo, no impide que el movimiento colectivista avance: de hecho, incluso en el reciente mitin de la Unión Agrícola se dijo algo al respecto. Reconocida la necesidad de grandes mejoras en la agricultura, se expresó el deseo de que una ley pusiera toda la tierra cultivable en manos de un cuerpo representativo, indemnizando a los propietarios: se entiende que esta expropiación debería redundar en beneficio del pueblo trabajador, de aquellos, es decir, en cuyas manos está toda la prosperidad futura de la agricultura.  

Me he preocupado de exponeros esto, porque me interesa que los socialistas italianos tengan una idea exacta del espíritu de nuestra Unión Agrícola y del movimiento que en torno a ella se agita.