Una reunión de delegados de las asociaciones agrícolas

La Plebe.  
Núm. 18, 8 de junio de 1877

Junio, 5.

En una reunión de delegados de las asociaciones agrícolas que tuvo lugar, días atrás, en Exeter-Hall, Giuseppe Arch expresó enérgicos sentimientos contrarios a la guerra y fue calurosamente aplaudido. El jefe del partido de los trabajadores del campo se manifestó francamente partidario de la paz, sobre todo porque los sacrificios que la guerra trae consigo pesan cada vez más gravemente sobre los trabajadores que sobre las demás clases sociales. Los trabajadores agrícolas en Inglaterra no participan aún oficialmente en la vida política de su país, pero estas imponentes manifestaciones suyas contrarias a la guerra no pueden por menos de ejercer cierta influencia incluso sobre las clases de las que depende la política de la nación. Los campesinos, sin embargo, empiezan a sentir la necesidad de tener también ellos una parte directa en esa política, y por ello en su reunión de Exeter-Hall se ocuparon asimismo, y de manera especial, de la ampliación del derecho electoral. Constituyen todavía una casta de pobres parias, no sólo en el aspecto económico, sino también en el político. Por eso llaman a la puerta del Parlamento y piden entrar: no quieren seguir siendo lo que han sido hasta ahora. Es fácil imaginarse que estas pretensiones no son vistas con buenos ojos por todos aquellos, y no son pocos, especialmente entre el clero, que consideran la sujeción de los trabajadores del campo como la base de todo el sistema político-económico de Inglaterra. Por otra parte, los opositores parlamentaristas burgueses se presentan para poder apoderarse ellos de la dirección de este movimiento de campesinos y batir en brecha con él a sus adversarios políticos, hoy en el gobierno. A la cabeza de estos opositores burgueses se halla el señor Bright, quien también tomó la palabra en la reunión de Exeter-Hall y, sorteando hábilmente la gran cuestión económico-social, lanzó una estruendosa requisitoria política contra los hombres que hoy detentan el poder. Se comprende: el terreno económico-social es un terreno muy difícil y candente para la burguesía, y, en efecto, en él se mostró siempre mucho menos embarazada, en Inglaterra, la aristocracia, la cual, por su posición social, no está obligada, como lo está la burguesía, a especular con todo y con todos para enriquecerse. Este estado de cosas lo comprenden perfectamente los trabajadores, y por eso, cuando quieren arrancar concesiones, se dirigen con más esperanza a los nobles que a los burgueses, como lo han demostrado en una reciente alocución a lord Beaconsfield. Y mientras las cosas sigan en este pie, mientras los trabajadores puedan jugar al columpio con algún pequeño provecho entre los burgueses y los aristócratas, Inglaterra no tendrá ciertamente las violentas conmociones socialistas que se ven en otros países, donde las clases dirigentes no constituyen, frente a los trabajadores, más que una gran masa reaccionaria, compacta e inexorable. Pero el día en que las clases trabajadoras no puedan ya sacar provecho alguno de la rivalidad que se hacen los intereses de la aristocracia terrateniente y los intereses de la burguesía industrial, porque esa rivalidad ya no existirá, entonces tendremos también en Inglaterra el principio del verdadero período revolucionario. Hasta hoy la aristocracia se ha conservado propicias a las masas obreras mediante concesiones filantrópicas; ahora es la burguesía la que tienta la campaña secundando las tendencias políticas de los trabajadores y apoderándose de ellas para dirigirlas. Estamos en el umbral del período del sufragio universal, y sobre este terreno la burguesía se dispone a desplegar todo el talento de su habilidad y de su astucia, es decir, a hacer concesiones políticas para salvaguardar sus propios intereses económicos y dejar atrás a la aristocracia. Sea como sea, todo este mecanismo de vida de los tres elementos sociales, a saber, los proletarios, los burgueses y los nobles, hace que los proletarios no se sientan ya niños ni sentimentalistas, sino que se dan cuenta –como bien dijo un orador de Exeter-Hall– de que sus relaciones con la burguesía y con la aristocracia no pueden ser sino relaciones de negocios.

El movimiento social en Inglaterra –como veis– es lento, es evolucionista, no revolucionario, pero es, con todo, un movimiento hacia adelante.