["Der Volksstaat" nº 35 del 25 de marzo de 1874]

Londres, 13 de marzo [1874]

El patriotismo asesino de cualquier mastodonte burgués de Leipzig parece haberse rozado desagradablemente por el hecho de que los franceses no perdieran cañones ante Metz, sino que, por el contrario, pretendan habérselos arrebatado a los alemanes. En su fiebre cañonera pide aclaración al conocido semidiós Moltke, quien le cuelga en el “Leipziger Tageblatt” uno de sus peregrinos oráculos, según el cual, aunque algunos generales franceses, en el proceso Bazaine, han sacado a la luz inexactitudes sobre la recíproca captura de cañones, hay que reconocer que, mientras los alemanes el 16 de agosto solo pudieron arrebatar un cañón a los franceses, éstos, el 18, se llevaron a rastras dos piezas alemanas. Con esto ya estaba dicho bastante. Pero el silencioso Moltke tiene que soltar aún una conferencia, si no, no vale. Así pues, cuenta a los devotos bobalicones que, de acuerdo con la “táctica actual”, la artillería debe combatir en las filas más avanzadas; por eso los alemanes perdieron los dos cañones. De sus palabras puede deducirse que, si los franceses hubieran dado cumplimiento a esa su “táctica actual”, probablemente habrían perdido muchos más cañones y cosechado su elogio, pues dice que los austriacos, cuya artillería auxiliaba a la infantería en la línea de combate más adelantada, se desprendieron “de la manera más honorable” de 160 cañones. La artillería austriaca, como él mismo oracula, maniobraba de tal modo porque el fusil de infantería austriaco era inferior al prusiano. Pero como el chassepot francés era superior al fusil de aguja prusiano, bien había para la artillería alemana una razón para hacer de la necesidad virtud, exactamente igual que había hecho la austriaca en Königgrätz, pero para la francesa no podía presentarse como indicado dejarse batir inútilmente por la artillería enemiga, superior en construcción de tubos y movilidad. Para Moltke tiene que ser ciertamente muy incómodo que en los tres días del 14, 16 y 18 de agosto de 1870 resultaran muertos y heridos 40.000 alemanes, a pesar de que se condujo la artillería francesa de un modo tan oscuro para él, que aún hoy dice:

“si bajo estas circunstancias el hecho de no haber perdido cañón alguno, o solo uno, constituye una prueba especial de la aptitud de la artillería francesa o de su perseverancia en el combate, es algo que puede quedar en suspenso”.

Pero que nadie vaya a creer ahora, a lo que el escrito silente de Moltke podría inducir, que la artillería francesa no combatiera como es debido, e incluso a menudo contra la artillería alemana, en aquellos días. “No corresponde del todo a lo fáctico”, por hablar cortésmente en palabras de Moltke, cuando se afirma, como él hace con todo descaro, que la artillería francesa era “la mayor parte de las veces un adversario pronto eliminado”. Quien quiera saber algo más exacto sobre esto, que lea “La artillería alemana en las batallas de Metz. Por Hoffbauer, capitán y jefe de batería en el Regimiento de Artillería de Campaña de Prusia Oriental nº 1. Profesor de la Escuela Unida de Artillería e Ingenieros”, Berlín 1872, Mittler e hijo. ¡Un libro oficioso, pues! Moltke sabe que quien plantea preguntas tan estúpidas como las de nuestro leipzigués, no lee tales libros o no los entiende, y cree que todos los que los leen con entendimiento “tienen que cerrar el pico”.

El dictum de Moltke sobre el “nuevo” empleo de la artillería no vale ni el papel en que está escrito. No solo el consumo de artilleros y de caballos, sino también el de municiones, es en ello tan enorme, que en brevísimo tiempo no se pueden reemplazar ni los hombres, ni los caballos, ni los proyectiles. Además, a consecuencia de la “nueva táctica” de Moltke, la artillería alemana, por celo científico, mata a tiros a sus propios compatriotas mucho más a menudo de lo deseable. Esto ocurrió el 14, 16 y 18 de agosto de 1870. Sí, la “nueva táctica” ha generado una furia artillera de disparar tan científicamente enrevesada, que las contraórdenes, las súplicas de cesar el fuego contra tropas alemanas tenían que aparecer como una estupidez traicionera. (Véase Hoffbauer.)

Por lo demás, el proceder de la artillería alemana en aquellos días, como dice incluso el capitán Hoffbauer, caballero de la Cruz de Hierro de primera clase y adorador incondicional de sus superiores, fue “improvisado”. Moltke lo llama rápidamente un cumplimiento de las

“exigencias de la táctica actual”, que “requiere que la artillería no deba rehuir” (alemán moltkiano) “alistarse en las líneas más avanzadas de las tropas combatientes o, para la defensa de un ataque enemigo, perseverar hasta el último momento y proteger a las otras armas”.

Pero estas exigencias se le plantearon a la artillería mucho antes de Moltke. No hay nada firme sobre la “táctica actual” de la artillería. Antes de 1815 no se escribió nada de importancia sobre ello, y desde 1815 la artillería prusiana ha holgazaneado mucho y sus oficiales se han enzarzado en disputas entre sí. Desde 1866 creyeron los prusianos que tenían en arriendo la sabiduría cañonera, porque poseían casualmente un cañón mejor que algunos vecinos. En la guerra francesa no hicieron con su artillería sino andar a tientas según una táctica que, como se le hará evidente al más simple de los hombres, tiene que cambiar con cada sensible mejora de la pieza.

Es solo humanidad cuando uno se propone poner en ridículo y hacer trizas las sentencias oraculares del Moltke y de sus satélites, tan simples como senilmente pretenciosas, tal como se atreven a salir a la luz en libros, periódicos, discursos y cartas.