FRIEDRICH ENGELS UN LLAMAMIENTO POLACO Cuando el emperador ruso llegó a Inglaterra, toda la policía estaba en acción. Se decía que los polacos querían asesinarlo, que se había encontrado un nuevo Beresowski y que estaba mejor armado que en París. La policía rodeó con agentes de civil las casas de polacos conocidos; hasta se trajo al jefe de policía de París, que había vigilado a los allí exiliados. Los arreglos policiales a lo largo de la ruta del zar, de su residencia a la ciudad, se hicieron prácticamente de acuerdo con las reglas· de la estrategia. Y todo para nada. No apareció ningún Beresowski, no se oyó ningún tiro. Y el zar, que no temblaba menos que su hija, la pasó sin más que el susto. Sin embargo, el trabajo no fue inútil, porque el zar dejó de propina cinco libras esterlinas para cada comisario y dos para cada inspector (cien, y cuarenta, marcos, respectivamente).

Mientras tanto, los polacos pensaban en otras cosas y no en el asesinato del noble Alejandro. La sociedad "el pueblo polaco", publicó un "Llamamiento de los refugiados polacos al pueblo inglés", firmado por el general B. Wroblewski, presidente, y J. Krynski, secretario. Esta arenga se distribuyó en grandes cantidades durante la estadía del zar en Londres. Con excepción del Reynolds News, la prensa de Londres se negó unánimemente a mencionarla. ¡No había que ofender al "huésped de Inglaterra"! El llamamiento comienza señalando a los ingleses que el zar no los honra, sino que más bien los insulta al visitarlos, mientras se prepara en Asia central para terminar con el dominio inglés de la India, y que si en vez de caer en las redes de su seducción Inglaterra no fuese indiferente a las tentativas de independencia polacas, entonces ella y el resto de Europa podrían poner fin sin peligros a su enorme carrera armamentista. Y esto es cierto. Detrás del militarismo europeo está el militarismo ruso. Como reserva a favor de Francia en la guerra de 1859, en 1866 y 1870 a favor de Prusia, el ejército ruso hizo posible en cada oportunidad que la potencia militar principal venciese sola a su enemigo. Prusia, como la primera potencia militar, es creación directa de Rusia, aunque desde entonces creció demasiado para su santo patrono. El llamamiento prosigue diciendó: "Por su posición geográfica y su disposición permanente para levantarse por la causa de la humanidad, Polonia ha sido y será el primer defensor de la justicia, de la civilización y el progreso social en todo el noreste de Europa. Polonia no ha probado irre· futablemente con sus siglos de resistencia, por un lado a lás invasiones de los bárbaros orientales, y por otro contra la inquisición que oprimió a casi todo el mundo occidental. ¿Por qué precisamente durante los momentos más decisivos de los tiempos modernos, los pueblos de Europa occidental [2ss]

2&6 FRIEDRICH ENGELS pudieron dedicarse sin molestias al desenvolvimiento de sus fuerzas sociales vitales? Sólo porque en las fronteras orientales de Europa el soldado polaco estuvo en su puesto, siempre alerta, siempre listo a disparar, siempre listo a dar su vida, sus bienes. Europa debe agradecer a la protección de las armas polacas la posibilidad de evolucionar en el marco de su nueva vida, en las artes y las ciencias, durante el siglo xv1 , el hecho de que el comercio, la industria y la riqueza pudiesen llegar a los asombrosos niveles actuales. ¿Qué hubiera pasado, por ejemplo con el legado de la civilización ganado por Occidente en dos siglos de trabajo, si los polacos, aunque amenazada su retaguradia por las hordas mongólicas, no hubiesen ayudado a Europa central contra los turcos, y no hubiesen tenninado con la fuerza de los otomanos con su brillante victoria frente a los muros de Viena?" La proclama desarrolla luego la necesidad de la resistencia polaca aun hoy para impedir que Rusia vuelque todas sus fuerzas hacia occidente. Se trata de una resistencia que consiguió desarmar a los aliados más peligrosos de Rusia, los agentes paneslavistas. El principal historiador ruso, Pogodin, dice, en un libro publicado por orden y a expensas del gobierno ruso, que Polonia, hasta ahora una espina en la piel de Rusia, debe convertirse en su mano derecha, restaurándola como un reino pequeño y débil bajo un príncipe ruso. Así se cazará a los eslavos turcos y austríacos: "Anunciaremos esto con una proclama; Inglatem y Francia se morderán los labios, y será el golpe final para Austria. . . Todos los polacos hasta los más irreconciliables correrán a nuestros brazos; los polacos austríacos y prusianos se reunirán con sus hermanos. Todas las tribus eslavas oprimidas ahora por Austria -checos, croatas, húngaros (!) , hasta los eslavos turcos- suspirarán por el día en que puedan respirar tan libremente como lo harán entonces los polacos. Seremos entonces una raza de cien millones bajo un centro y entonces vosotros, pueblos de Europa, podréis venir a medir vuestras fuerzas con nosotros!" Por desgracia, a este plan tan bueno le falta su premisa básica: el consentimiento de Polonia. Pero "todo el mundo sabe que a estas tentaciones Polonia contestó: 'He de vivir y viviré, si lo hago, no como instrumento de los planes de conquista de un zar extranjero, sino como un pueblo libre entre los pueblos libres de Europa' ". El llamamiento detalla después cómo Polonia cumplió con su firme decisión. En un momento crítico de su existencia, al comienzo de la Revolución francesa, Polonia estaba ya mutilada por la primera división y sepa· rada en cuatro estados. Sin embargo, tuvo el coraje, en su constitución de 1791, de poner la bandera de la Revolución francesa en el Vístula, hecho que la colocaba por encima de sus vecinos. Esto condenaba al antiguo desorden polaco. Unas cuantas décadas de evolución pacífica, sin molestias del exterior, y Polonia hubiese sido el país más avanzado y fuerte al este del Rhin. Pero las potencias divisoras no podían pennitir que Polonia se levantase otra vez, y menos todavía permitirle revivir por la domesticación de la revolución en el noreste de Europa. Su suerte estaba echada: los rusos hi· cieron en Polonia lo que las tropas prusianas, austríacas y alemanas habían tratado en vano de hacer en Francia. "Kosciusko peleaba al mismo tiempo por la independencia de Polonia y por el principio de igualdad. Y todo el mundo sabe que desde el momento de la pérdida de su independencia na· cional, y a pesar de la pérdida, Polonia ha sido la defensora principal de los derechos ofendidos, donde fuere, tomando parte en todas las batallas contra la tiranía, gracias a su amor patrio y a su solidaridad con todos los pueblos que luchan por la causa de la humanidad. Inquebrantable a pesar de su desgracia, inconmovible por la ceguera y mala fe de los gobiernos europeos, Polonia no ha abandonado por un momento los deberes que se impuso por ella, su historia y su preocupación por el futuro." Pero al mis· mo tiempo desarrolló los principios de acuerdo con los cuales debería organizarse su futuro la nueva República polaca. Estos principios se sentaron en las proclamas de 1830, 1845 y 1 863. "El primer manifiesto proclamaba, además, el derecho firme de Polonia a ser nación independiente, la emancipación de los campesinos. El manifiesto de 1845, publicado en tierra polaca en la entonces ciudad libre de Cracovia y respaldado por representantes de todas partes de Polonia, proclama no sólo este derecho a la emancipación, sino también el principio de que los campesinos serán propietarios de la tierra que cultivaron durante siglos. En las partes de Polonia robadas por los moscovitas, los terratenientes, basando su acción en estos manifiestos como base de la ley nacional polaca, decidieron solucionar estas cuestiones internas (1859-1863) que habían pesado sobi:e su conciencia, voluntariamente y de acuerdo con los campesinos, mucho antes de la llamada Proclama de la emancipación zarista. La cuestión de la tierra polaca había sido resuelta en principio por la constitución del 3 de mayo de 1791. Si el campesino polaco, sin embargo, siguió oprimido, fue sólo por culpa del despotismo y maquiavelismo del zar, que basaba su dominio en la enemistad entre terratenientes y campesinos. Esta decisión, que se había tomado mucho antes de la proclama zarista del 18 de febrero de 1861 , que fue aplaudida por Europa entera y que se suponía que daba a los campesinos igualdad ante la ley, fue máscara de uno de los intentos periódicos del mr para obtener más propiedad extranjera. Los campesinos polacos están ahora tan oprimidos como antes, pero el zar es actualmente el propietario de la tierra. Y como castigo por la sangrienta rebelión que Polonia llevó a cabo en 1863 contra la extrema barbarie de sus opi:esores, tuvo que sufrir una serie de brutales torturas ante las cuales se estremecería hasta la tiranía de otros siglos. "

"Y sin embargo, ni el yugo cruel de los zares, aunque duró un siglo entero, ni la indifei:encia de Europa, han podido matar a Polonia. Hemos vivido y viviremos por virtud de nuestra voluntad, por nuestra fuerza y nuestra evolución social y política, que nos pone por encima de nuestros opresores; su existencia está basada, de principio a fin, en la fuerm bruta, la cárcel y el cadalso ; y sus instrumentos principales en el extranjero son las conspiraciones, las traiciones y finalmente, la conquista por la fuerza." Dejemos ahora el llamamiento pues deseamos relacionarlo con algunas observaciones acerca de la importancia que tiene la cuestión polaca para los trabajadores alemanes.

Hasta que tomó Polonia, Rusia fue un país tan extraeuropeo como, por ejemplo, Turquía, a pesar de su desarrollo y del aumento de su influencia en Europa desde Pedro el grande (proceso en el que a pesar de conocer exactamente su posición, Federico 11 de Prusia tuvo un papel importante).

2&8 FRIEDRICH ENGELS La primera división de Polonia tuvo lugar en 1772. Ya en 1779 Rusia buscó y consiguió en la Paz de Teschen el derecho legal de intevenir en los asuntos alemanes. Eso debió haberle bastado a los príncipes alemanes; sin embugo, Federico Guillermo 11 -el único Hohenzollem que se opuso alguna vez, con seriedad, a la política rusa- y Francisco 11, consintieron en la completa destrucción de Polonia. Además, después de las guerras napoleónicas, Rusia se quedó con la parte del león de las provincias que habían sido prusianas y austropolacas, y se convirtió en el árbitro de Euro· pa, papel que jugó constantemente hasta 1853. Prusia estaba muy orgullosa de poder rebajarse ante Rusia; Austria lo hacía a disgusto, pero cediendo siempre por medio de la revolución, contra la que el zar seguía siendo el último recurso. Rusia se convirtió así en el santuario de la reacción europea sin renunciar por ello al placer de preparar las siguientes conquistas -en Austria y en Turquía- mediante la agitación paneslavista. Durante los años de revolución, la eliminación de Hungría por Rusia fue un elemento tan decisivo en Europa central y oriental como la batalla de junio en París para Occidente; y cuando poco después el zar Nicolás juzgó en Varsovia al rey de Prusia y al emperador de Austria, se aseguró la preponderancia de la reacción europea junto con la preponderancia de Rusia en Europa. La guerra de Crimea libró a occidente y a Austria de la insolencia del zar. Prusia y los pequeños estados de Alemania se humillaban de mejor gana ante él. Pero ya en 1859 castigó a los austríacos por su desobediencia, haciendo que sus vasallos no la apoyasen, y en 1866 Prusia terminó de disciplinar a Austria.

Ya hemos visto cómo el ejército ruso ha sido el pretexto y el sostén del militarismo europeo. En 1853 sólo porque Nicolás, apoyado por su millón de soldados -que por cierto, en su mayor parte existía únicamente en los papeles- desafió a occidente, Luis Napoleón consiguió, con el pretexto de la guerra de Crimea hacer del ejército francés, entonces algo debilitado, el más fuerte de Europa. Sólo porqué el ejército ruso impidió a Austria, en 1870, ponerse al lado de Francia, pudo Prusia vencerla y obtener como resultado la monarquía militar prusiano-germana. Vemos al ejército ruso detrás de todos estos actos de importancia vital para las naciones. Y si la evolución interna de Rusia no toma pronto un camino revo· lucionario, la victoria de Alemania sobre Francia traerá con seguridad una guerra entre Rusia y Alemania, como la victoria de Prusia sobre Austria en Sadowa trajo la guerra franco-prusiana.1 Pero el ejército ruso estará siempre a la orden contra un movimiento interno revolucionario en Prusia. Hoy la Rusia oficial sigue siendo el santuario y escudo de la reacción europea, sus ejércitos son la reserva de todos los otros ejércitos que se ocupan de la eliminación de las clases trabajadoras de Europa. Los trabajadores alemanes del llamado Imperio alemán constituyen el próximo frente que se opone a este enorme ejército de opresión. Mientras los rusos apoyen a la burguesía y a los gobiernos de Austria y de Alemania, 1 Esto se afirmaba ya en el Segundo Manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de Trabajadores, sobre la guerra franco1Jrusiana (fechada el 9 de septiembre de 1 87 0 ). todo el movimiento laborista alemán se entorpece. De ahí que nuestro primer objetivo consista en sacarnos de encima a la reacción rusa y al ejército ruso. Y para esto sólo tenemos un aliado de confianza, uno solo de quien fiarse en todos los casos: el pueblo polaco.

Polonia, más que Francia, por su evolución histórica y su situación actual, se enfrenta con la disyuntiva de hacerse revolucionaria o morir. Y esto termina con la tontería de decir que el movimiento polaco tiene un carácter esencialmente aristocrático. Hay muchos entre los emigrados polacos que tienen ambiciones aristocráticas, pero en cuanto Polonia misma empieza a moverse el movimiento se convierte en revolucionario por completo, como se vio en 1846 y 1863. Estos movimientos fueron no solamente nacionales, sino directamente conducidos a la liberación de los campesinos y a la obtención de la propiedad de sus tierras. En 1870 la mayor parte de los emigrados polacos se alistaron con la Comuna. ¿Fue algo propio de aristócratas? ¿No prueba que estos polacos están en la avanzada del movimiento moderno? ¿Qué pasó desde que Bismarck introdujo la KulturKampf en Polonia, cuando con el pretexto de atacar al Papa hizo desaparecer los libros polacos, eliminó el idioma polaco y realizó todo lo posible para echar a Polonia en bruos de Rusia? La aristocracia polaca se acercó cada vez más a Rusia para unir a Polonia, por lo menos bajo el dominio ruso. Las masas revolucionarias contestaron ofreciendo una alianza al Par· tido Laborista alemán, y peleando en las filas de la Internacional. Polonia ha demostrado, desde 1863, y lo prueba cada día, que no puede morir. No puede negarse su reclamo de existencia independiente en la familia europea de naciones. Pero su rehabilitación se ha convertido en una necesidad, especialmente para dos pueblos: para los alemanes y para los mismos rusos.

Un pueblo que oprime a otros no puede emanciparse. La fuerza que emplea para eliminarlas se vuelve siempre y finalmente contra él. Mientras los soldados rusos estén en Polonia, el pueblo ruso no podrá liberarse ni política ni socialmente. Pero en el actual momento de la evolución rusa, es cierto que el día en que Rusia pierda a Polonia el movimiento revoluciona· río de la propia Rusia será suficientemente fuerte como para terminar con este orden de cosas. La independencia de Polonia y la revolución de Rusia se determinan recíprocamente. La independencia de Polonia y la revolución rusa -que está más cerca de lo que parece, por el ilimitado desorden social, político y financiero y la corrupción de la Rusia oficial- significan para los trabajadores alemanes: la limitación de la burguesía, de los gobiernos y de la reacción en Alemania a sus propios recursos. Con estas fuerzas podremos vérnoslas a su tiempo.

[Publicado en Der Volksstaat, órgano del Partido obrero socialdemócrata de Alemania, Leipzig, edición del 11 de junio de 1874. Se traduce del inglés de The Russian Menace to Europe, cit.]