(De una carta a A. Hepner)]

Escrito a finales de abril de 1873.

[«Der Volksstaat» núm. 37 del 7 de mayo de 1873]

Para su ulterior información acerca del infame artículo del «Neue», le hacemos notar —en parte, repetidamente— lo siguiente: a) El absurdo de que Bakunin esté contra las conspiraciones, cuando él ha urdido una conspiración general —la Alianza— dentro de la Internacional, no contra el gobierno, ciertamente, sino contra la propia Internacional. b) Que la Internacional en Francia no podía existir, con arreglo a la ley Dufaure, de otro modo que «en secreto»; pero que una sociedad de propaganda secreta y una conspiración son dos cosas distintas. c) Que el Congreso de La Haya se pronunció con tanta energía contra los blanquistas, que pretendían hacer de la Internacional el vehículo de conspiraciones, que éstos se retiraron de la Internacional y se declararon públicamente contra ella, por carecer de la «energía revolucionaria». d) Que Heddeghem (Walter), aquel hombre callado y larguirucho de La Haya, pelirrojo —acompañado por una pequeña y supuesta «mujer», vestida de luto, con rostro de María Magdalena—, ahora desenmascarado como viejo agente de policía, fue propuesto al antiguo Consejo General por Serraillier, con su sección, para su admisión, después de haberse remitido al blanquista Ranvier, miembro del Consejo General, y haber sido reconocido por éste como absolutamente fidedigno. e) Que tanto Heddeghem como Dentraygues tenían mandatos regulares de sus secciones, y que, por tanto, debían ser admitidos al Congreso en cuanto no se formulase ninguna acusación contra ellos, cosa en la que a nadie de la minoría se le ocurrió. f) Que el «Neue» no puede presentarse mejor como órgano policiaco que repitiendo la consigna lanzada por polizontes y bonapartistas, como Vogt y Cía., según la cual Marx pretende actuar como «jefe conspirador int[ernacional]» y habría tenido ya «una docena de procesos de comunistas», cuando precisamente la actitud del Congreso de La Haya —con cuya mayoría se identifica a Marx— contra los blanquistas demuestra lo contrario, y la mentira policíaca acerca del único proceso de comunistas de 1852 ha sido desvelada hace tiempo por las «Enthüllungen über den Kommunistenprozeß in Köln» de Marx. g) Que, si alguna vez se condena a prisión a alguien del «N[euen] S[ocial-] D[emokrat]», ya se sabe a qué atenerse, después de que el propio «Neue» ha llamado la atención sobre la maniobra policíaca de hacer condenar también a los policías, pero prepararles una vida más cómoda en la cárcel. «¡Ojalá los obreros tengan siempre los ojos bien abiertos!»

Por lo demás, Dentraygues no era un espía, sino un sujeto fracasado que sólo en el calabozo |prisión| se convirtió en denunciante y luego no tardó en caer por completo en manos de la policía. En cambio, Heddeghem era ya un mouchard bajo Bonaparte; a él debemos exclusivamente los blanquistas. En cambio, el «gran viejo luchador de la libertad» Bakunin ha tenido siempre mouchards en sus filas —Albert Richard, por ejemplo, que desde 1868, desde la fundación de la Alianza, fue su mano derecha para Francia. Y puesto que los jurásicos afirman tener también secciones secretas en Francia (los procesos prueban lo contrario), ¿dónde está la diferencia artificiosa pretendida por el «Neue»?

En cuanto al artículo del núm. 45, aún hay algo que decir contra las afirmaciones que contiene. Se han pronunciado contra el Congreso de La Haya: 1. La llamada Federación italiana, que nunca ha pertenecido a la Internacional porque no quiere reconocer los Estatutos Generales, y por tanto nunca podrá pertenecer a ella hasta que se someta. — En cambio, una serie de secciones italianas reales han reconocido y están en relación regular con el Consejo General. 2. La Federación Jurásica, 150 hombres, frente a 4.000-5.000 sólo en la Suiza francesa; por eso ha sido suspendida. 3. Los belgas. 4. Una parte de los españoles, mientras que otra ha instituido el Consejo Federal en Valencia, que está en comunicación regular con el Consejo General de Nueva York. 5. En Inglaterra, justo diez hombres, que no tienen detrás de sí una sola sección real, mientras que el Consejo Federal Inglés, apoyado en numerosas secciones, muchas de ellas de 500 hombres y más fuertes y que se multiplican de semana en semana, hace del reconocimiento de las decisiones de La Haya la condición fundamental de admisión. Que 6. en Francia, «en la medida en que aún subsiste allí una organización» — ésta estaba de parte de La Haya y del Consejo General, es precisamente lo que han demostrado los procesos que sirven de pretexto al artículo del núm. 49. Los «refugiados de la Comuna», ni como tales ni en su «mayoría», jamás han tenido ocasión de «volverse enérgicamente contra el hecho de que, etc.», porque esa fracción nunca existió. Los blanquistas, en número de cinco hombres, entre ellos cuatro miembros de la Comuna, se retiraron porque la Internacional no quiso prestarse a ser instrumento de su conspiración. Aparte de esto, no ha ocurrido absolutamente nada que pudiera dar el más remoto motivo para esta mentira.