Friedrich Engels

Escrito el 2 de mayo de 1873.
["Der Volksstaat", núm. 38, del 10 de mayo de 1873]

Londres, 2 de mayo de 1873

El "Neue" contiene en su número 49 un artículo mentiroso sobre los últimos procesos de la Internacional en Francia, que seguramente habrá reportado a su autor una retribución extra con cargo al fondo de reptiles, tan espesas son las mentiras acumuladas. En lo relativo al proceso de Toulouse, el "Neue" se remite a un artículo de la "Internationale" de Bruselas; este artículo, a su vez, está tomado de la "Liberté" y procede del señor Jules Guesde, un refugiado francés que, desde su llegada a Ginebra, se ha sumado con los demás figurones de la emigración allí residente al ruidoso trompeteo bakuninista y que, en el congreso jurásico de Sonvillier (noviembre de 1871), firmó la conocida circular de la Federación del Jura, mediante la cual la Alianza secreta del señor Bakunin declaró la guerra a la Internacional pública. En seguida veremos qué papel ha desempeñado el señor Guesde en la Internacional francesa. Llama al señor Dentraygues, que en este proceso había denunciado a sus coacusados como miembros de la Internacional, el plenipotenciario general de Marx y pretende achacar la culpa de esta traición y de las condenas subsiguientes a éste, así como al Consejo General y a la "organización autoritaria impuesta desde arriba".

He aquí los hechos.

El señor Dentraygues, dibujante en la oficina de ferrocarriles de Pézenas (departamento de Hérault), se dirigió el 24 de diciembre de 1871 al Consejo General comunicando que un comité radical-demócrata, que representaba a siete sindicatos y del cual él era presidente, solicitaba la admisión en la Internacional. El 4 de enero, el secretario para Francia escribió a Calas en Pézenas (condenado ahora a un año de prisión), quien estaba plenamente acreditado por el testimonio del comité socialdemócrata afiliado de Béziers (Hérault) —cuyos miembros también fueron condenados y, además, eran conocidos como personas de confianza por varios comuneros presentes en Londres—. El 14 de enero, Calas extendió a Dentraygues un certificado de confianza, dijo que se había puesto de acuerdo con él: "obraremos mancomunadamente". En marzo, Dentraygues trasladó su domicilio a Toulouse; llevaba allí, por tanto, nueve meses enteros de actividad en el momento de su detención, y lejos de quejarse de él, los internacionales de Toulouse habían vivido en constante armonía con él y lo confirmaron al elegirlo el 18 de agosto, en las cuatro secciones —numerosas—
por unanimidad
delegado al Congreso de La Haya. Los cuatro mandatos, firmados únicamente por los miembros de los comités y los jefes de grupo, suman un total de 67 firmas. Por tanto, si el Consejo General nombró a este hombre su apoderado para Toulouse y sus alrededores, no hizo sino expresar el deseo de los propios miembros de aquella localidad.

Pasemos ahora al señor Guesde.

El 18 de agosto de 1872, la sección de Montpellier comunicó al Consejo General que el señor Paul Brousse, corresponsal y amigo del señor Guesde, intentaba provocar una escisión en dicha sección; exigía que los miembros no pagaran las contribuciones convenidas para los gastos de viaje del delegado de Toulouse y que no hicieran absolutamente nada hasta que el Congreso de La Haya hubiera resuelto. La sección lo había excluido por esa razón y pedía que el Consejo General lo expulsara de la Internacional. La carta estaba firmada por Calas y otras tres personas. El Consejo General sabía que el señor Brousse intrigaba allí en interés de los secesionistas de la Federación del Jura, pero consideró superfluo conceder mayor importancia al joven —era estudiante de medicina— y lo dejó correr. El señor Guesde, que se encontraba entonces en Roma, escribió a principios de octubre una correspondencia a la "Liberté" en la que tacha de "autoritario" el proceder, absolutamente natural, de la sección de Montpellier; pero, mientras designa a su amigo Brousse solo con la inicial, hace que se imprima
íntegramente
el nombre "Calas, de Montpellier". La policía francesa no se lo hizo repetir dos veces. Una carta enviada por aquellos días por el secretario del Consejo General a Calas es interceptada inmediatamente en el correo; en ella se hablaba mucho de Dentraygues; al punto es detenido Dentraygues y, poco después, también Calas.

Ahora bien, ¿quién fue el delator: Dentraygues o Guesde?

Si el señor Guesde cuenta además que el envío de missi dominici [plenipotenciarios] del Consejo General, que las idas y venidas de delegados foráneos, cuyas señas son bien conocidas por la policía, constituyen el mejor medio para traicionar a la Internacional en Francia, olvida:

1. que los tres apoderados del Consejo General en Francia no eran unos redentores del mundo venidos de fuera, sino personas arraigadas en las localidades donde estaban acreditados y señaladas por la confianza de las propias secciones;

2. que los únicos "delegados foráneos" internacionales que aparecieron por el sur de Francia el pasado otoño e invierno no fueron enviados por el Consejo General, sino por los secesionistas de la Federación del Jura. Esos señores armaron tal alboroto en los cafés públicos de Toulouse, etc., poco antes de las detenciones, que con ello atrajeron sobre nuestra asociación la atención de la policía; con la particularidad de que, como siempre y en todas partes, se apresó a los verdaderos internacionales, mientras que los vocingleros anarquistas gozan de la especial protección de la alta policía.

Aunque el señor Dentraygues haya hecho algunas revelaciones por motivos personales y por debilidad, existen razones suficientes que demuestran que hasta su condena no fue un espía policial. En ningún caso tienen motivo los señores de la Alianza —cuyo cofundador fue el actual agente bonapartista Albert Richard, de Lyon— para arrojar piedras contra otras personas, y menos aún el "Neue", cuyo pasado y presente policíacos constituyen la mayor mancha infamante del movimiento obrero alemán.

En cuanto al proceso de París, ha quedado demostrado que Heddeghem era un espía policial. Este hombre, nombrado secretario por su sección de París, se remitió al miembro de la Comuna y del Consejo General, Ranvier, quien le expidió un brillante certificado de confianza y actividad, en virtud del cual fue admitido. En este caso, como en el primero, el Consejo General había observado, pues, todas las medidas de precaución a su alcance.

Es nueva la afirmación de que Bakunin fue expulsado en La Haya por querer "eliminar las reprobables maquinaciones de las conspiraciones secretas". La comisión del Congreso de La Haya sobre la Alianza, a la que se presentaron los estatutos de esta conspiración secreta bakuninista —no contra los gobiernos, sino contra la Internacional—, llegó a un resultado completamente distinto.

Igualmente nueva es la afirmación de que Marx haya "presenciado más de una docena de procesos comunistas contra sus partidarios". La historia solo conoce el proceso comunista celebrado en Colonia en 1852; pero al "Neue" no se le paga por decir la verdad. En cualquier caso, retendremos en la memoria su advertencia final:

"La maniobra del poder policial: allí donde provoca un proceso de tendencia, condenar formalmente incluso a sus agentes secretos, pero procurarles luego una vida cómoda en la prisión."

Este pasaje, sacado de la "vida" del señor von Schweitzer, merece toda la consideración.

"¡Tengan, pues, los obreros siempre los ojos abiertos", para cuando a los señores del "Neue" les corresponda casualmente ser "formalmente condenados"!