en Hoboken

Londres, 3 de mayo de [18]73

Querido Sorge:

Recibidos tu carta del 9 y la del Consejo General del 11.

1. Serraillier. Lo que dice Dereure es un puro disparate. La historia de los curas se limita a lo siguiente: Pottier, delegado de la Comuna en el 2.º distrito, al que fue asignado Serraillier, alquilaba las iglesias a los curas (le dit délégué loue la boutique nommée Église etc. etc. au nommé ... pour y exercer le métier de curé¹ era la fórmula) y Pottier recaudaba todo el dinero y lo empleaba para fines de la Comuna, es decir, del distrito, rindiéndole cuentas a la Comuna. Serraillier nunca tuvo un sou de ello en la mano. Le Moussu, que muerde la palabra «cura» como un pez hambriento, se propuso una vez detener por ello a Pottier y a Serraillier, porque, según se expresó, cela était un commerce immoral². Si se tratara de bromas de mal gusto, no sabría quién ha hecho la mejor, si Le Moussu o Pottier y Serraillier. Pero basar acusaciones serias en semejantes niñerías es más que pueril. Sin embargo, los franceses de hoy son unos niños. Qué se supone que es la manifestación de los 22, no lo sé; supongo que fue el intento de retirada de la minoría, y la gresca entre mayoría y minoría de la Comuna sigue todavía, y para todo lo que está teñido de blanquismo es todavía hoy un crimen, y además punible con la muerte, el haber pertenecido a la minoría. Todo esto nos es aquí de lo más viejo, lo hemos oído en todos los tonos hasta la saciedad y no damos ni un céntimo por todo ese chismorreo.

2. «Arbeiter-Zeitung» — ciertamente en un estilo que no deja nada que desear en cuanto a tosquedad. No obstante, eso es americano — toda la literatura germano-americana escribe así. Para correspondencias no disponemos por ahora, ni Marx ni yo, del menor tiempo; estoy metido hasta las cejas en los trabajos del Congreso, que se redactan en francés, y Marx en su traducción francesa.

3. Viena. Solo conocemos el asunto por lo público, pues ni Oberwinder ni Scheu nos han escrito sobre ello. Sin embargo, Scheu nos resulta sospechoso, 1.º está en contacto con Vaillant, y 2.º hay indicios de que también él, como su amigo y predecesor, el enloquecido Neumayr, está en contacto con Bakunin. Las grandes frases de este último resuenan en cierta medida en los artículos y discursos de Scheu, y tú recuerdas cómo su hermano⁸ en La Haya se escapó cuando el asunto con Bakunin llegó a ventilarse. A Oberwinder, por lo que alcanza la polémica pública, no se le ha reprochado hasta ahora nada grave. Su colaboración en periódicos burgueses se hizo con conocimiento y aprobación del partido y directamente para fines partidistas. Si mañana me pusieran a disposición el «Times» para escribir en él como yo quisiera y mediante pago, aceptaría sin reparo. A Eccarius nadie se lo ha tomado a mal por eso, hasta que invirtió la cosa, explotó a la Internacional en su interés monetario y dejó de escribir en interés de esta para hacerlo en el suyo propio y en el del «Times». Que Oberwinder en Austria, donde el feudalismo solo ha sido superado en parte y las masas son aún inconcebiblemente estúpidas, y donde las circunstancias son aproximadamente las de Alemania antes del 48, que no exija allí en seguida lo extremo con el mayor estrépito radical, sino que siga la política que nosotros recomendamos al final del «Manifiesto Comunista» para la Alemania de entonces, ciertamente no se lo tomamos a mal. Puede que aquí y allá sea demasiado cauteloso en el sentido pequeñoburgués, pero en primer lugar eso tampoco está demostrado, y en segundo lugar no es motivo para un estrépito tan colosal. Y Oberwinder no es austríaco — por tanto, susceptible de ser expulsado cualquier día. Pero, como queda dicho, no conocemos los detalles y, por tanto, de momento nos reservamos nuestro juicio.

4. Exigencias de admisión.* Aun suponiendo que formalmente tengáis razón al exigir todo eso de las secciones individuales, cosa siempre discutible, lo cierto es que hasta ahora ningún Consejo Federal ha planteado estas exigencias burocráticamente exactas, y de haberlas planteado, nunca se habrían cumplido. Mas el enorme error que fue exigir tales cosas incluso en Francia lo demuestra el artículo en el n.º 49 del «Neuen Social-Demokrat»³, que te envío hoy. He instruido inmediatamente a Hepner y ayer, tras obtener información exacta sobre Dentraygues y Heddeghem, he escrito lo necesario al «Volksstaat»⁴.

5. We expect more news about France before taking any steps. No veo que podáis tomar medida alguna en general. Todas nuestras secciones están disueltas. Heddeghem era espía ya en La Haya; Dentraygues no lo es, pero por motivos personales y por debilidad ha denunciado a algunos que antes le habían zurrado de lo lindo. Un miembro, para conseguir dinero para el partido, le entregó su reloj a Dentraygues para que lo empeñara. La mujer de Dentraygues lo empeña y se niega después a desempeñarlo o incluso a entregar la papeleta de empeño. Esto provoca escándalo. Algunos —en su mayoría burgueses— se unen, apalean a Dentraygues convenientemente y luego denuncian el asunto al fiscal, ante cuyos apremios le confiesan que ¡¡¡el dinero había sido para fines de la Internacional!!! Este es el verdadero comienzo de la historia — pero como Heddeghem ya había informado de todo a la policía de París, esto a lo sumo podía ser nuevo para la policía de Toulouse. Son estos individuos a los que Dentraygues ha denunciado, a ningún otro. Cómo se enteró la policía de lo demás lo verás en el «Volksstaat». En todo caso, la organización en Francia está momentáneamente hecha trizas y solo se irá recuperando poco a poco, ya que faltan todas las conexiones. Larroque está en San Sebastián, en España; su dirección: Monsieur Latraque, Calle de la Aduana, n.º 21 — vive allí bajo ese nombre. Por nada del mundo enviéis nuevos poderes a Francia. Larroque ha sido condenado in contumaciam⁹ a 3 años.

6. Sellos. Casi nunca veo a Le Moussu; le he hecho un llamamiento por medio de Marx, pero sin respuesta. Con estos franceses no hay nada que hacer en los negocios si no se pierden semanas enteras corriendo detrás de ellos, y eso no puedo hacerlo.

7. Lugar del Congreso. – Espero que solo hayáis pedido consejo a los suizos, como nosotros el año pasado a los holandeses. En Suiza solo hay un lugar posible, y ese es Ginebra. Allí tenemos a la masa de los obreros detrás de nosotros, y además un local perteneciente a la Internacional, el Temple Unique, donde simplemente echaremos fuera a los señores de la Alianza si se presentan. Aparte de Ginebra, solo sería posible Zúrich; pero allí casi no tenemos más que unos cuantos obreros alemanes, y ni siquiera todos ellos (véase «Felleisen»), y vuestra consulta podría incluso tener como resultado que desde algunos lados se propusiera la céntrica Olten —principal nudo ferroviario de Suiza—, donde sí que estaríamos sentados de verdad. Los aliancistas echan toda la carne en el asador para presentarse en masa en el Congreso…

¹ dicho delegado alquila la tienda llamada iglesia, etc. etc., al susodicho…, para que ejerza en ella su oficio de párroco.
² que era un comercio inmoral
³ «A propósito de los artículos en el ‚Neuen Social-Demokrat‘»
⁴ «La Internacional y el ‚Neue‘»
⁸ Heinrich Scheu
⁹ en rebeldía