Obras de Frederick Engels, 1872

Sobre la persecución policial del miembro de la Internacional

Theodore Cuno

Desde hace algún tiempo se sabe que los gobiernos de Alemania, Austria e Italia han entablado una conspiración con el fin de perseguir a los internacionales. Cómo opera esta conspiración puede verse en los siguientes hechos: — Un destacado miembro de la Internacional en Milán, el ciudadano Theodore Cuno, natural de Prusia e ingeniero, tras haber perdido su puesto en un gran taller de máquinas, fue detenido el 25 de febrero, y todos sus papeles y todas las fotografías en su posesión (incluida la de su padre, etc.) fueron incautados. Fue conducido, encadenado, a Verona, donde permaneció preso durante casi un mes entre ladrones y asesinos, y recibió exactamente el mismo trato que ellos, mientras sus papeles eran enviados a Roma para ser examinados. El 29 de marzo, encadenado a un delincuente común, fue trasladado a la frontera y entregado a las autoridades austríacas. Allí, por primera vez, se le permitió conocer la causa de todo aquello. ¡Cuál no fue su asombro al leer que había sido detenido porque

“era en Milán un holgazán, un vagabundo, sin medios de existencia y, además, un peligroso agente del partido socialista internacional, y por todas estas razones era expulsado del reino de Italia”!

Ahora bien, lejos de ser un holgazán, el 1 de marzo iba a ocupar un puesto muy lucrativo en Como como director de una fábrica, y lejos de carecer de medios de existencia, ¡las autoridades italianas, al despedirlo, tuvieron que entregarle 111 francos de su propio dinero! Los austríacos no pudieron resolver esta contradicción, pero, en lugar de dejarlo en libertad, lo pusieron a cargo de un policía que debía custodiarlo, a expensas de Cuno, hasta la frontera bávara; y así, Cuno no sólo tuvo que pasar otras siete noches en prisión, sino también gastar la mayor parte de su dinero. En la frontera bávara, gracias, sin duda, a la falta de instrucciones adecuadas, así como a la crasa estupidez de la policía bávara, se le informó de que se había enviado un telegrama a sus familiares y, al recibir una respuesta satisfactoria, al fin fue puesto en libertad. Así, pues, resulta evidente que la liga policial europea contra la Internacional es una realidad. Cuno podía haber sido enviado a la frontera suiza y allí puesto en libertad; pero en vez de ello, hubo que entregarlo a los austríacos y éstos a los bávaros, para que fuera conducido de prisión en prisión como un delincuente común. Ahí está el liberalismo de las monarquías constitucionales “libres”.