F. ENGELS INFORME SOBRE LA ALIANZA DE LA DEMOCRACIA SOCIALISTA PRESENTADO AL CONGRESO DE LA HAYA EN NOMBRE DEL CONSEJO GENERAL La Alianza de la Democracia Socialista fue fundada por M. Bakunin a fines del año 1368. Era una sociedad internacional que pretendía funcionar al mismo tiempo dentro y fuera de la Asociación Internacional de los Trabajadores. Se componía de miembros de esta última que reclamaban el derecho de participar en todas las reuniones internacionales, pero queriendo reservarse, no obstante, el derecho de poseer sus grupos locales, sus federaciones nacionales y sus congresos aparte y al lado de los de la Internacional. La Alianza, pues, pretendía constituir desde su comienzo una especie de aristocracia en medio de nuestra Asociación, un grupo de elegidos con un programa propio y privilegios especiales.

La correspondencia que mantuvieron entonces el Comité Central de la Alianza y nuestro Consejo General está reproducida en la circular Las supuestas divisiones existentes en el seno de la Internacional, páginas 7 a 9 (documento comprobante N. 1). El Consejo General negó la admisión a la Alianza en tanto que conservara su carácter internacional distinto; no prometió admitirla sino a condición de que disolviera su organización internacional especial, de que sus secciones se convirtieran en simples secciones de nuestra Asociación y de que el Consejo recibiera datos del lugar y fuerza numérica de cada nueva sección. .

He aquí lo que el 22 de junio de 1869 respondió a estas exigencias el Comité Central de la Alianza que*, desde en- * En el manuscrito sigue, tachado: “para esta ocasión cambió de nombre”. (N. de la Edit.)

tonces, adoptó en sus relaciones con el Consejo General el nombre de “Sección de la Alianza de la Democracia Socialista de Ginebra”: “Conforme a lo convenido entre vuestro Consejo y el Comité Gentral de la Alianza de la Democracia Socialista, hemos sometido a los diferentes grupos de la Alianza la cuestión de su disolución como organización distinta de la Asociación Internacional de los Trabajadores.... Tenemos el placer de anunciaros que la gran mayoría de los grupos ha compartido la opinión del Comité Central tendente a pronunciar la disolución de la Alianza Internacional de la Democracia Socialista. Hoy se ha pronunciado la decisión sobre esta disolución. Y al notificarla a los diferentes grupos de la Alianza, los hemos invitado a constituirse, siguiendo nuestro ejemplo, en secciones de la Asociación Internacional de los Trabajadores y hacerse reconocer como tales por vosotros o por el Consejo Federal de esta Asociación en sus países respectivos. Como confirmación de la carta que nos habéis dirigido al ex Comité Central de la Alianza, venimos hoy, al someteros los estatutos de nuestra sección, a rogaros que la reconozcáis oficialmente como sección de la Asociación Internacional de los Trabajadores... (firmado) el secretario provisional Ch. Perron” (documento comprobante N*2). Este ejemplar de los Estatutos de la Alianza figura entre los documentos comprobantes con el N. 3. La sección de Ginebra fue la única que pidió su afiliación. No se oyó hablar más de las otras presuntas secciones de la Alianza. Sin embargo, a despecho de las continuas intrigas de los aliancistas, tendentes a imponer su programa especial a toda la Internacional y apoderarse de la dirección de nuestra Asociación, se debía creer que ella había cumplido su palabra y se había disuelto. Pero después”, el Consejo General recibió datos muy precisos, por los que hubo de concluir que la Alianza no se disolvió nunca, que, a despecho de la palabra empeñada solemnemente, había existido y seguía existiendo en forma de sociedad secreta y utilizaba esta organización clandestina para perseguir como antes su objetivo primero de dominación. En España era donde su existencia se venía haciendo más evidente cada día debido a las disensiones en el seno mismo de la Alianza, de las que haremos más adelante la historia. Baste decir aquí que fue una circular de los miembros del viejo Consejo Federal de este país, miembros al mismo tiempo * En el manuscrito sigue, tachado: “de mayo último”. (N. de la Edit.)

del Comité Central de la Alianza en España (véase La Emancipación, N. 61, pág. 3, 2* columna, comprobante N. 4), la que denunció primero su existencia”. Esta circular está fechada en 2 de junio de 1872 y anuncia a todas las secciones de la Alianza en España que los signatarios acaban de disolverse como sección de la Alianza e invitan a los demás a seguir su ejemplo?*. La circular fue publicada en La Emancipación (N. 59, documento comprobante N. 5). Esta publicación forzó al periódico aliancista La Federación, de Barcelona, (N. 155, 4 de agosto de 1872) a publicar por su parte los Estatutos de la Alianza (comprobante N. 6). La existencia de esta sociedad está, pues, plenamente demostrada.

Al comparar estos estatutos de la sociedad secreta con los estatutos sometidos por la Alianza de Ginebra al Consejo General, vemos de entrada que el programa con que empieza aquélla es idéntico al que ésta expone en cabeza. No hay más que algunos cambios de redacción, de suerte que en los estatutos secretos está expresado con mayor nitidez el programa especial de Bakunin. He aquí el cuadro exacto: Estatutos de Ginebra Estatutos secretos Art. 1 “ €es literalmente idéntico al art. 5 ” 2 es en general idéntico al ” 1 ” 3 es literalmente idéntico al ” 2 ” 4 y 5 son en general idénticos al ” 3 ”o6 es en general idéntico al ” 4 Los propios estatutos secretos se basan en los de Ginebra. Asi, el artículo 4 de los secretos corresponde literalmente al art. 3 de Ginebra; los art. 8 y 9 de Ginebra se encuentran abreviados en el art. 10 secreto, lo mismo que los art. 15-20 de Ginebra están en el art. 3 secreto. El art. 7 de Ginebra, contrariamente a la práctica actual de los aliancistas, predica “la fuerte organización” de la Internacional y obliga a todos los miembros de la Alianza a “apoyar... las resoluciones de los congresos y los poderes del Consejo General”. * Tachado en el manuscrito: “pero ante la imposibilidad de concordar sus deberes para con la Internacional con su posición de miembros de una sociedad secreta en su seno, el 2 de junio se dirigieron”. (N. de la Edit.)

| | !

| Este artículo no se ve en los estatutos secretos, pero la prueba de que figuró en ellos al principio está en que se lee casi literalmente en el reglamento de la sección de oficios varios de Madrid, art. 15 (documento comprobante N, 7), donde se encuentra asimismo el programa de la Alianza.

Es, pues, evidente que no tratamos con dos sociedades distintas, sino con una sola y misma sociedad. En tanto que el Comité Central de Ginebra aseguraba al Consejo General que la Alianza se había disuelto y él era admitido, sobre la fe de esta declaración, como sección de la Internacional, los cabecillas de este comité central, con M. Bakunin al frente, reforzaron la organización de dicha Alianza, transformándola en sociedad secreta y conservándole el carácter internacional que habían prometido abandonar. La buena fe del Consejo General y de toda la Internacional, a la que se había sometido la correspondencia, fue burlada sin decoro. Habiendo comenzado por una falsedad semejante, estos hombres ya.no tenían ninguna razón más de sentir escrúpulos en sus maquinaciones para supeditar la Internacional a su dominio o, caso de mo conseguirlo, desorganizarla. He aquí los artículos principales de los estatutos secretos: “I) La Alianza de la Democracia Socialista se compondrá de miembros de la Asociación Internacional de los Trabajadores y tendrá por objetivo propagar y desarrollar los principios de su programa y estudiar todos los medios apropiados para impulsar la. emancipación directa e inmediata de la clase obrera.

“2) Para obtener los mejores resultados posibles y para no comprometer la marcha de la organización social, la Alianza será eminentemente secreta. : “4) Nadie podrá ser admitido como miembro sin haber aceptado primero completa y sinceramente los principios del programa, etc. “5) La Alianza influirá todo lo que pueda en el seno de la federación obrera local de suerte que no tome una marcha reaccionaria o antirrevolucionaria.

“9) La mayoría de los asociados podrá excluir de la Alianza a cual quiera de sus miembros sin indicación de causa”.

Así pues, la Alianza es una sociedad secreta formada en el seno mismo de la Internacional con un programa espectal que no es en absoluto el de la Internacional, una sociedad que tiene por objetivo propagar este programa que eila considera el único revolucionario. Impone a sus miembros el deber de actuar en el seno de su federación local internacional de suerte que esta última no tome una marcha reaccionaria o antirrevolucionaria, es decir, que no se aleje en modo alguno del programa de la Alianza. Lo que significa que la Alianza tiene por fin imponer mediante su organización secreta su programa sectario a toda la Internacional. El medio más eficaz de conseguirlo es apoderarse de los consejos locales y federales y del Consejo General, haciendo elegir a ellos a miembros de la Alianza mediante el aprovechamiento del poder que da la organización clandestina. Esto es precisamente lo que ha hecho la Alianza donde ha creído tener oportunidades de éxito, y lo veremos más tarde.

Es claro que nadie tendría a mal a los aliaricistas que hiciesen la propaganda* de su programa. La Internacional se compone de socialistas de los matices más variados. Su programa es lo bastante amplio para dar cabida a todos; la secta bakuninista ha sido admitida en ella en las mismas condiciones que los otros. Lo que se le reprocha es precisamente el haber violado estas condiciones. En cuanto al carácter secreto de la Alianza, esto es ya otra cosa. La Internacional no puede ignorar que sociedades secretas son en numerosos países, en Polonia, en Francia, en Irlanda, un medio legítimo de defensa contra el terrorismo gubernamental. Pero en la Conferencia de Lon- . dres declaró que no quería tener nada de común con estas sociedades y que, por consiguiente, no las reconocería como secciones. Y, lo que constituye el punto capital, nos encontramos aquí frente a una sociedad secreta creada para combatir no a los gobiernos, sino a la Internacional misma. La organización de una sociedad secreta como ésa es una violación flagrante no sólo del compromiso contraído con la Internacional, sino también de la letra y el espíritu de nuestros Estatutos** Generales. Nuestros Estatutos no conocen más que una sola clase de miembros de la Internacional con derechos y deberes iguales; la Alianza los divide en dos castas: Tiñiciados y profanos, aristócratas y plebeyos, destina £dos estos últimos a ser manejados por los primeros por medio ¡de una organización de la cual ellos ignoran hasta la exis- -) encia. La Internacional exige a sus adherentes que reconozcan por base de su conducta la Verdad, la Justicia” y la * En el manuscrito sigue, tachado: “pública”. (N. de la Edit). ** Tachado, se lee a continuación en el manuscrito: “y Reglamen- ”.(N. de la Edit.)

AA e em —— + Moral; la Alianza impone a sus adeptos como primer deber la mentira, el disimulo y la impostura, prescribiéndoles que engañen a los internacionales profanos sobre la existencia de la organización clandestina, sobre los motivos y el fin mismo de sus palabras y sus actos. Los fundadores de la Alianza sabían perfectamente que la gran masa de internacionales profanos jamás se sometería conscientemente a una organización como la de ellos en cuanto conociera su existencia. Por eso la hicieron “eminentemente secreta”. Es preciso recalcar bien que el carácter secreto de esta Alianza no tiene por objetivo engañar la vigilancia de los gobiernos, de lo contrario no habría empezado constituyéndose como sociedad pública; este carácter secreto* estaba destinado únicamente a engañar a la Internacional profana, como lo prueba la indigna burla de que la Alianza se ha valido frente al Consejo General. Es, pues, una verdadera conspiración contra la Internacional. Nos encontramos por primera vez en la historia de las luchas de la clase obrera con una conspiración secreta urdida en el seno mismo de esta clase y destinada a minar no el régimen explotador existente, sino la Asociación misma que lo combate con la mayor energía.

Por lo demás, sería ridículo sostener que una sociedad se ha hecho secreta para defenderse de las persecuciones de los gobiernos actuales cuando esta misma sociedad predica en todas partes la enervante doctrina de la abstención absoluta en materia política y declara en su programa (art. 3, introducción a los estatutos secretos) que “repugna toda acción revolucionaria que no tenga por objetivo inmediato y directo el triunfo de la causa de los obreros contra el capital”.

Entretanto, ¿cuál ha sido la acción de esta sociedad secreta dentro de la Internacional?

La respuesta a esta pregunta se encuentra ya, en parte, en la circular privada del Consejo General sobre Las supuestas divisiones, etc. Pero como el Consejo General aún no conocía entonces la extensión de la organización secreta, y como después han ocurrido hechos muy importantes, esta respuesta no puede ser más que muy incompleta.

Consignemos antes que hay dos fases bien distintas en la actividad de la Alianza. Durante la primera creía poder * En cl manuscrito está tachado, a continuación: “los hechos lo han probado”. (N. de la Edit.)

adueñarse del Consejo General y, por lo mismo, de la dirección suprema de nuestra Asociación. Entonces fue cuando pidió a sus adherentes que apoyaran la “fuerte organización” de la Internacional y, en primer orden, “los poderes del Consejo General, así como los del Consejo Federal y del Comité Central”; entonces fue cuando los hombres de la Alianza reclamaron en el Congreso de Basilea% para el Consejo General todos esos poderes extensos que más tarde han rechazado con tanto horror por autoritarios.

El Congreso de Basilea defraudó, al menos pot algún tiempo, las esperanzas de la Alianza”, Luego ésta urdió los manejos de que se habla en Las supuestas divisiones; en el Jura, en Italia y en España no cesaba de sustituir el programa de la Internacional con su programa especial, La Conferencia de Londres puso fin a este qui pro quo”** internacional con sus resoluciones sobre la política de la -clase obrera y sobre las secciones sectarias. La Alianza no tardó en moverse de nuevo. La federación jurasiana, que constituye la fuerza de la Alianza en Suiza, lanzó contra el Consejo General su circular de Sonvillier en la que la fuerte organización, los poderes del Consejo General y las resoluciones de Basilea, propuestas y votadas por los signatarios de esta misma circular, eran declaradas autoritarias, definición acaso suficiente para condenarlos a ellos de plano; en esta circular se hablaba de “la guerra, la guerra abierta que ha estallado en nuestras filas” y se reclamaba para la Internacional una organización adaptada no a las necesidades de la lucha actual, sino a no sabemos qué ideal de sociedad futura, etc. Desde este momento se cambió de táctica. Se dio la señal. En todas las partes donde la Alianza tenía ramificaciones, en Italia y España sobre todo, las resoluciones autoritarias de Basilea y de la Conferencia de Londres, así como el autoritarismo del Consejo General, fueron atacados violentamente. No se hablaba más que de la autonomía de las secciones, de grupos libremente federados, de anarquía, * En el manuscrito sigue, tachado: “dejando a ésta reducida a urdir intrigas locales. Quedó bastante tranquila hasta que... la Conferencia de Londres restableció con sus .resoluciones sobre la política de la clase obrera y sobre las secciones sectarias el programa originario de la Internacional frente al de la Alianza. (N. de la Edit.) ** Malentendido (lat.) (N. de la Edit.)

etc. Todo esto se comprende bien. La pujanza de la sociedad secreta en el seno de la Internacional debía naturalmente crecer en la medida que la organización pública de la Internacional se relajara y debilitara. El gran obstáculo con que se tropezaba era el Consejo General, y contra él se dirigieron en primer orden los ataques; pero ahora veremos que los consejos federales fueron tratados de la misma manera donde se creía que la ocasión era propicia. La circular del Jura no tuvo efecto en ningún sitio excepto los países donde la Internacional se encontraba más o menos bajo la influencia de la Alianza: Italia y España. En este último país, la Alianza y la Internacional fueron fundadas a un tiempo, inmediatamente después del Congreso-de Basilea. Hasta los internacionales más consagrados de España fueron imbuidos en la creencia de que el programa de la Alianza era idéntico al de la Internacional, que la organización secreta existía en todas partes, e ingresar en ella era poco menos que un deber. Esta equivocación fue deshecha por la Conferencia de Londres, donde pudo convencerse de lo contrario el delegado español, miembro del Comité Central. de la Alianza de su país, y por la circular misma del Jura, cuyos violentos ataques y calumnias contra esta Conferencia y contra el Consejo Ge- “neral fueron recogidos en el acto por todos los órganos de la Alianza, La primera consecuencia de la circular del Jura en España fue promover una disensión en el seno mismo de la Alianza española entre los que eran internacionales por encima de todo y los que no querían reconocer a la Internacional en tanto no estuviese dominada por la Alianza. La lucha, sorda al principio, estalló pronto abiertamente en todas las reuniones de la Internacional. Cuando el Consejo Federal elegido por la Conferencia de Valencia (septiembre de 1871)% hubo probado con todos sus actos- que prefería la Internacional a la Alianza, la mayoría de sus miembros fueron expulsados de la Federación local de Madrid, dominada por la Alianza”. El Congreso de Zaragoza los rehabilitó, y dos de ellos*, Mora y Lorenzo, fueron reelegidos al nuevo Consejo Federal**, si bien todos los miembros del consejo * A continuación está tachado en el manuscrito: “de sus miembros más activos”. (N. de la Edit.)

A - . . o»

** En el manuscrito sigue, tachado: “residente en Valencia”. (N. de la Edit.)

anterior habían declarado con antelación que no querían aceptarlos”.

El Congreso de Zaragoza hizo temer a los cabecillas de la Alianza que España se les escapara de las. manos. Entonces la Alianza dirigió sin pérdida de tiempo contra el poder del Consejo Federal Español los mismos ataques que la circular del Jura había dirigido contra las atribuciones supuestamente autoritarias del Consejo General. El Congreso de Barcelona% y la Conferencia de Valencia habían elaborado en España una forma de organización perfectamente democrática y a la vez muy completa. Gracias también a la actividad del Consejo Federal elegido en Valencia (actividad aprobada por un voto expreso del Congreso), esta organización alcanzó los brillantes resultados de que se ha hablado en nuestro informe general. Morago, alma de la Alianza en España, declaró en Zaragoza que las atribuciones concedidas por esta organización al Consejo Federal eran autoritarias y había que restringirlas, que se le debía retirar el derecho de admitir o negar la admisión a nuevas secciones y el de comprobar si sus estatutos concordaban con los de la Federación, que se le debía reducir, en fin, al papel de simple oficina de correspondencia y estadística. El Congreso rechazó la propuesta de Morago y acordó mantener la organización autoritaria existente. (Véanse los Extractos de las Actas del 2” Congreso Obrero, etc., pág. 109 y 110. Documento comprobante N. 8%. Sobre este punto será importante el testimonio del ciudadano Lafargue, delegado al Congreso de Zaragoza).

Para alejar al nuevo Consejo Federal de las disensiones surgidas en Madrid, el Congreso le fijó residencia en Valencia. Pero la causa de estas disensiones y el antagonismo que empezaba a cundir entre la Alianza y la Internacional no presentaban carácter local. El Congreso, que ignoraba la existencia misma de la Alianza, compuso el nuevo Consejo exclusivamente de miembros de esta sociedad; dos de ellos, Mora y Lorenzo, se opusieron a él, y Mora renunció el cargo. * Luego sigue, tachado en el manuscrito: “El Congreso optó por Valencia para sede del Consejo Federal con la esperanza de que, siendo territorio neutral, estas disensiones no se reproducirían. Pero tres de los cinco miembros del nuevo Consejo Federal eran partidarios de la Alianza, y luego, coaptando a otros, aumentó su número a cinco por lo menos”. (N. de la Edit).

“que los reconociera.

La circular del Consejo General sobre las Supuestas divi- - siones, que era en respuesta a la del Jura, puso a todos los internacionales ante la necesidad de definirse o por la Internacional o por la Alianza. La polémica entre La Emancipación por un lado y los periódicos aliancistas La Federación, de Barcelona, y La Razón, de Sevilla, por el otro, se fue enconando más y más. Por último, el 2 de junio, los miembros del viejo Consejo Federal, redactores de La Emancipación y miembros del Comité Central español de la Alianza, resolvieron dirigir a todas las secciones españolas de esta organización la circular en que declaraban que se disolvían como sección de la sociedad secreta e invitaban a las otras secciones a seguir su ejemplo. La venganza no se hizo esperar. En violación flagrante de los reglamentos en vigor, fueron expulsados inmediatamente de la nueva federación local de Madrid y, entonces, ellos se constituyeron en Nueva Federación Madrileña y pidieron al Consejo Federal Pero, mientras tanto, el elemento aliancista de este Consejo, reforzado por coaptaciones, llegó a dominarlo por completo, de manera que Lorenzo se retiró. El Consejo Federal, que ya entonces se ocupaba en asegurar la elección de candidatos aliancistas para el Congreso de La Haya%, denegó en redondo la petición de la Nueva Federación Madrileña. Con este fin dirigió a las federaciones locales una circular privada con fecha del 7 de julio, en la que, después de repetir las calumnias de La Federación contra el Consejo General, proponía a' las federaciones enviar al Congreso una delegación común de toda España, elegida por mayoría absoluta de votos, corriendo el escrutinio a cargo del Consejo Federal mismo. (Comprobante N. 9). Para todos los que conocen la organización secreta en el seno de la Internacional española es evidente que eso significaba tanto como elegir a hombres de la Alianza' para enviarlos al Congreso con el dinero de los internacionales. En el momento que el Consejo General, al que no se envió la circular, se enteró de los hechos”, remitió el 21 de julio al Consejo Federal Español la carta adjunta a los documentos * Sigue, tachado, en el manuscrito: “fue precisamente cuando obtuvo las primeras pruebas irrecusables de la existencia de la organización secreta”. (N. de la Edit.)

comprobantes* (N. 10). El Consejo Federal** respondió el 1 de agosto que necesitaba tiempo para traducir nuestra carta escrita en francés, y el 3 de agosto escribió al Consejo General la evasiva publicada en La Federación (comprobante N. 11). En esta respuesta tomaba partido por la Alianza. Cuando el Consejo General hubo recibido la carta del l de agosto, dispuso publicar esta correspondencia en La' Emancipación.

Agreguemos que tan pronto como se descubrió la organización secreta, se pretendió hacer creer que la Alianza había sido disuelta ya en el Congreso de Zaragoza. Sin embargo, el Comité Central no había sido advertido de ello (comprobante N. 4).

La Nueva Federación Madrileña deniega el hecho, y debería estar enterada. Por lo demás, es ridículo querer hacer creer que una sección española de una sociedad internacional como es la Alianza pudiera disolverse sin consultar a las otras secciones nacionales.

Inmediatamente después, la Alianza intentó dar su golpe de Estado. Al ver que en el Congreso de La Haya le sería imposible asegurarse, repitiendo las maniobras de Basilea y La Chaux de Fonds”, una mayoría ficticia, la Alianza aprovechó la Conferencia celebrada en Rimini por la sedicente Federación italiana para hacer un acto de escisión pública. Los delegados reunidos allí adoptaron un acuerdo por unanimidad. (Véase el documento N. 12.) Pues bien, ahí tenemos que el Congreso de la Alianza se opone al Congreso de la Internacional. No obstante, los aliancistas se dieron cuenta en seguida de que el proyecto no auguraba éxito. Acordaron ir a La Haya, y he aquí que estas mismas secciones italianas, veintiuna en total, de las que sólo una pertenece a nuestra Asociación, ¡tienen el descaro de enviar al Congreso de La Haya a sus delegados después de haberlo repudiado!

Tomando en consideración: I) Que la Alianza, fundada y dirigida por M. Bakunin (y que tiene por órgano principal el Comité Central de la Federación del Jura), es una sociedad hostil a la Interna- * Véase el presente volumen, págs. 174-176. (N. de la Edit.) “* A continuación está tachado en el manuscrito: “con el propósito de ganar tiempo desde el principio, alegó que la traducción”. (N. de la Edit.)

cional, ya que su propósito es o dominar a la Internacional o desorganizarla; 2) Que, por consiguiente, la Internacional y la Alianza son incompatibles; El Congreso decreta: 1) M. Bakunin y todos los miembros actuales de la Alianza de la Democracia Socialista son excluidos de la Asociación Internacional de los Trabajadores. No podrán reingresar más que después de haber renunciado públicamente a toda relación con esta sociedad secreta.

2) La Federación del Jura como tal es excluida de la Internacional.

Escrito en francés a fines de Se publica según el texto del agosto de 1872, borrador.

Publicado por primera vez en Traducido del francés, ruso en la 19 edición rusa de las Obras Completas de C. Marx y F. Engels, t. XI, parte IT. 1940.