Karl Marx y Frederick Engels 1872

Declaración del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores

Las autoridades suizas han tenido a bien, a raíz de una simple reclamación del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, enviada en violación de la Constitución Federal directamente a un magistrado de Yverdon, registrar la casa del ciudadano Outine en Ginebra, bajo el infame pretexto de que podría estar implicado en la falsificación de papel moneda ruso —un asunto escandaloso en el que, cosa sorprendente, el consejero de Estado ruso Kamensky, encargado de procesar a los falsificadores, figura al mismo tiempo como su cabecilla—. Confiscaron los papeles de Outine y expusieron toda su correspondencia rusa, alemana e inglesa al escrutinio de un traductor ruso, cuyo propio nombre se negaron a revelar. El ciudadano Outine, hasta diciembre de 1871, fue redactor del órgano de la Internacional L’Égalité, y en consecuencia su correspondencia era en su mayor parte la de la Internacional, y estaba provista de los sellos de sus diferentes comités. De no haber sido por la intervención de su asesor legal, el ciudadano Amberny, a quien el Consejo presenta su más sincero agradecimiento, los papeles de Outine y él mismo habrían sido entregados al gobierno ruso, con el cual Suiza ni siquiera tiene un tratado de extradición.

El gobierno ruso, enfrentado en casa a una oposición que crece a diario, se ha aprovechado de las fingidas conspiraciones de hombres como Necháyev, que no pertenecían a la Internacional, para procesar a sus opositores en el país bajo el pretexto de ser internacionalistas. Ahora da un paso más. Apoyado por su fiel vasallo, Prusia, inicia una intervención en los asuntos internos de las naciones occidentales llamando a sus magistrados a perseguir a la Internacional a su servicio. Abre su campaña en una República, y las autoridades republicanas se apresuraron a convertirse en humildes servidores de Rusia. El Consejo General considera suficiente denunciar los designios del gabinete ruso y el servilismo de sus auxiliares occidentales ante los trabajadores de todas las naciones.

The Eastern Post | Documents