Obras de Karl Marx 1872

Declaración del Consejo General relativa al Consejo Federalista Universal

Hace algunas semanas se publicó un folleto titulado «Consejo Federalista Universal de la Asociación Internacional de los Trabajadores y de las Sociedades Socialistas Republicanas adheridas». Dicho folleto no pretende nada menos que inaugurar un golpe de Estado dentro de la Internacional. Anuncia la formación de un segundo Consejo General y denuncia tanto la organización de la Internacional como la administración de su Consejo General. Ahora bien, ¿quiénes son los miembros de este nuevo Consejo autoconstituido y los autores de estas denuncias? Entre los nombres que figuran al pie del documento encontramos, en primer lugar, el del ciudadano John Weston, miembro del Consejo General y su antiguo tesorero, quien, en carta dirigida al Consejo, declara que se ha utilizado su nombre sin su autorización. En segundo lugar, seis delegados de la Liga Republicana Universal, sociedad enteramente ajena a la Internacional. En tercer lugar, dos delegados de una «Sección Federalista Republicana Internacional», sección totalmente desconocida para la Internacional. En cuarto lugar, dos delegados de la Liga de la Tierra y el Trabajo, sociedad que no forma parte alguna de la Internacional. En quinto lugar, dos autotitulados delegados de la Sociedad Alemana de Instrucción de los Trabajadores, pero, en realidad, delegados de unos pocos alemanes que fueron excluidos de dicha sociedad a causa de su hostilidad abiertamente declarada hacia la Internacional. Por último, cuatro delegados de dos sociedades francesas que suman juntas menos de una veintena de miembros y a las que el Consejo General se había negado a admitir como secciones; entre ellos encontramos al señor Vésinier, excluido de la Internacional por una comisión nombrada por el Congreso de Bruselas en 1868, y al señor Landeck, a quien la precipitada huida del prefecto de policía de Luis Bonaparte, el 4 de septiembre de 1870, liberó del compromiso que voluntariamente había contraído con ese funcionario y «escrupulosamente mantenido, de no ocuparse más, en Francia, ni de política ni de la Internacional» (véase el informe publicado del tercer proceso de la Internacional en París), y que sólo recientemente fue expulsado de la Sociedad de Refugiados Comuneros de Londres.

Debe resultar evidente, incluso para los firmantes de este documento, que un conciliábulo de tan completos extraños a la Internacional tiene exactamente tanto derecho a entrometerse en su organización y a constituirse en su Consejo General como el Consejo General de la Internacional tiene a inmiscuirse en la organización y a declararse Consejo de Administración del Great Northern Railway.

No es de extrañar que esos hombres sean completamente ignorantes de la historia y de la organización de la Internacional. ¿Cómo cabría esperar que supieran que, según nuestros estatutos, el Consejo General debe rendir cuentas a los Congresos Generales, y no a ellos? ¿O que, cuando en 1870 el estallido de la guerra impidió la reunión del Congreso, un voto unánime de todas las federaciones autorizó al Consejo General a continuar en funciones hasta que las circunstancias políticas permitieran la convocatoria de un Congreso público? En cuanto al fondo recaudado por el Consejo General en favor de los refugiados, la suma total recibida ha sido reconocida periódicamente en los informes publicados de las reuniones del Consejo, y nuestro tesorero, el ciudadano Jung, 4, Charles-street, Northampton-square, Clerkenwell, conserva los recibos de cada penique gastado, recibos que, junto con las cuentas, pueden ser inspeccionados cualquier día por cualquiera de los donantes. Semejante inspección mostrará no sólo que el Consejo ha dedicado gran parte de su tiempo a este objetivo, completamente ajeno a sus funciones regulares, sino también que tanto él, como cuerpo, cuanto sus miembros individuales, han contribuido al fondo de refugiados dentro de los límites de sus medios.

Desde que el crecimiento y la fuerza de la Internacional han alcanzado lo que son, la única manera en que las sociedades rivales y hostiles pueden intentar atacarla con alguna probabilidad de éxito es usurpar su nombre para socavar su fuerza. Esto ha sido tan bien comprendido por toda la caterva de la prensa de los gobiernos y de las clases dominantes, que los mismos periódicos, desde la prensa policíaca hasta la llamada democrática y republicana, que suprimen cuidadosamente toda declaración oficial del Consejo General, se apresuran siempre a mantener bien informada a toda Europa de manifestaciones insignificantes y ridículas como la de este «Consejo Federalista Universal».

El Consejo General:

R. Applegarth, A. Arnaud, M. Barry, M. J. Boon, F. Bradnick, C. H. Buttery, E. Delahaye, Eugène Dupont, J. G. Eccarius, W. Hales, Hurliman, Jules Johannard, C. Keen, Harriet Law, F. Lessner, Lochner, C. Longuet, Marguerittes, C. Martin, Zévy Maurice, H. Mayo, G. Milner, T. Mottershead, Pfänder, J. Rozwadowski, V. Regis, J. Roach, Rühl, G. Ranvier, Sadler, G. Sexton, Cowell Stepney, A. Taylor, W. Townshend, E. Vaillant, J. Weston, De Wolfers, F. J. Yarrow.

Secretarios correspondientes:

Leo Frankel, para Austria y Hungría; A. Herman, Bélgica; F. Cournet, Dinamarca; A. Serraillier, Francia; Karl Marx, Alemania y Rusia; C. Rochat, Holanda; J. P. McDonnell, Irlanda; F. Engels, Italia y España; Walery Wróblewski, Polonia; Hermann Jung, Suiza; Le Moussu, para las secciones francesas de los Estados Unidos.

C. Murray, Presidente; H. Jung, Tesorero; John Hales, Secretario General.

33, Rathbone-place, Londres, W. 20 de mayo de 1872

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