Friedrich Engels

La Internacional en América

[«Der Volksstaat», núm. 57, del 17 de julio de 1872]

Nuestros lectores ya habrán visto por nuestras correspondencias americanas que en los Estados Unidos se ha producido una escisión entre los miembros de la Internacional. Lo que ha ocurrido en Nueva York en los últimos meses es, en efecto, tan nuevo en la historia de la Internacional que merece ser expuesto en su conjunto. Tomamos como base un artículo de «La Emancipación» de Madrid (22 de junio) y lo completamos con los documentos originales de que disponemos.

Como es sabido, en Europa la burguesía y los gobiernos han hecho de la Internacional un espantajo aterrador, que también cumplió su propósito y ha infundido tal terror a todos los buenos ciudadanos que nadie teme que la Internacional pueda jamás ser desviada de sus fines originarios por una afluencia masiva de elementos burgueses. En América esto es completamente distinto. Cosas que a los burgueses y gobiernos europeos les producen convulsiones aparecen allí, por el contrario, como interesantes. Una sociedad que ha crecido sin nobleza terrateniente y sin monarquía sobre una base puramente burguesa se ríe de los pueriles miedos de muerte de la burguesía europea, que todavía no ha salido —ni siquiera en Francia, al menos espiritualmente— del látigo de la monarquía y de la nobleza. Cuanto más terrible les parecía, pues, la Internacional en Europa, cuantos más horrores pintaban los corresponsales de la prensa americana —y nadie sabe pintarlos más llamativos que estos señores—, tanto más se encontraba en América que la Internacional se prestaba ahora para sacarle capital, capital-dinero y capital político.

Hasta qué punto la sociedad americana está por delante de la europea lo muestra de manera contundente el hecho de que fueron dos
damas

americanas las que primero lo descubrieron y trataron de fundar en ello un negocio. Mientras los hombres de la burguesía europea temblaban ante la Internacional, dos mujeres burguesas americanas, la Sra. Victoria Woodhull y su hermana la Srta. Tenni Claflin (editoras del «Woodhull & Claflin's Weekly») concibieron el plan de explotar esta sociedad de terror. Y casi lo habrían conseguido.

Estas dos hermanas, millonarias, predicadoras de la emancipación de la mujer y especialmente del “amor libre”, ingresaron resueltamente en la Internacional. Se formó la sección núm. 9 bajo la dirección de la Srta. Claflin, la sección núm. 12 bajo la de la Sra. Woodhull; poco después siguieron nuevas secciones en las más diversas partes de América, todas formadas por los partidarios del par de hermanas. Según la organización existente, cada sección tenía el derecho de enviar un delegado al Comité Central que se reunía en Nueva York. La consecuencia fue que muy pronto aquel Consejo Federal, compuesto inicialmente por obreros alemanes, irlandeses y franceses, fue inundado por una multitud de aventureros burgueses americanos de toda clase y de ambos sexos. Los obreros quedaron relegados a segundo plano, y la victoria de las dos hermanas especuladoras parecía segura. Entonces la sección núm. 12 pasó a primer plano y declaró a los fundadores de la Internacional americana de qué se trataba realmente.

El 30 de agosto de 1871 la sección 12 publicó su manifiesto, firmado por W. West, secretario. En él se dice:

“El objetivo final de la Internacional es simplemente emancipar al trabajador y a la trabajadora mediante la conquista del poder político. Esto incluye: primero, la igualdad política y la libertad social de ambos sexos.
Igualdad política
significa la participación personal de cada uno en la preparación, administración y ejecución de las leyes por las que todos son gobernados.
Libertad social
significa completa seguridad contra toda y cualquier injerencia indebida en todos los asuntos de naturaleza puramente personal, como p.ej., la convicción religiosa,
la relación sexual, la vestimenta, etc.
Además, esto incluye el establecimiento de un
Gobierno Universal
para todo el mundo. Por supuesto, también la
abolición de toda diversidad de lenguas
está comprendida en este programa.”

Para que no haya ningún malentendido sobre el propósito de que se trataba, se exige una organización según la cual

“en la medida de lo posible, debe existir una sección en cada distrito electoral primario para facilitar la acción política ... en cada ciudad debe existir un comité urbano, correspondiente al actual concejo municipal, en cada estado un comité estatal, correspondiente a los consejos legislativos del estado, y para toda la nación un comité nacional, correspondiente al Congreso de los Estados Unidos ... La labor de la Internacional

no comprende nada menos que la formación, dentro de las formas existentes, de una nueva forma de gobierno destinada a reemplazar a las antiguas.”

Así pues, no se trataba de revolucionar las bases del estado existente, sino de explotarlo, según esto la vocación de la Internacional. El Sr. West tenía en verdad razón cuando («Woodhull & Cl. Weekly», 2 de marzo de 1872) exclamó:

“¡La publicación del manifiesto de la sección 12 fue el comienzo de una
nueva era
en la historia de la Internacional!”

Para llevar a cabo esta “nueva era”, era necesario ante todo sacudirse las trabas de los Estatutos Generales y los acuerdos del Congreso, vigentes hasta entonces sin discusión. En consecuencia, la sección núm. 12 proclamó («W. & C. Weekly», 21 de octubre de 1871)

“el derecho independiente de cada sección a interpretar libremente los acuerdos del Congreso, los estatutos y los reglamentos del Consejo General” (se refiere a los Estatutos Generales y los Reglamentos Administrativos de la Asociación), “siendo cada sección responsable de su propia actuación”.

El abuso se volvió demasiado escandaloso. En lugar de secciones obreras se formaron secciones de todo tipo de estafadores burgueses, amantes libres, espiritistas, shakers espiritistas, etc., y así la sección núm. 1, la primera sección de la Internacional formada en América (alemanes), emitió finalmente un llamamiento en el que se destacaba el carácter esencialmente proletario de la Asociación frente a esta estafa. La sección madre americana núm. 12 respondió de inmediato. En el «W. & C. W.» del 18 de noviembre de 1871 declara por medio de su secretario West:

“La extensión del mismo derecho ciudadano a las mujeres debe preceder en todo el mundo
a cualquier cambio general en las relaciones entre el capital y el trabajo
... La sección núm. 12 debe alzarse igualmente contra la falsa suposición, que impregna toda la protesta” (de la sección 1), “de que la Asociación Internacional de los Trabajadores es
una organización de la clase obrera
.”

El 25 de noviembre sigue una nueva protesta de la sección 12, donde se dice:

“La afirmación” (de los Estatutos Generales) “de que la clase obrera sólo puede emanciparse por sí misma, no es para negarse, pero es verdad únicamente en el sentido de que
la clase obrera no puede ser emancipada contra su propia voluntad
.”

La guerra estalló finalmente entre los explotadores del estado, cazadores de puestos, amantes libres, espiritistas y otros estafadores burgueses

por un lado, y por el otro los obreros que, en su candidez, se habían imaginado que la Asociación Internacional de los Trabajadores era, también en América, una organización no de burgueses, sino de la clase obrera. La sección alemana núm. 1 exigió del Comité Central la expulsión de la sección 12 y la exclusión de los delegados de todas las secciones que no estuvieran compuestas por al menos dos tercios de trabajadores asalariados. Ante esta exigencia, el Comité Central se escindió; una parte de los alemanes y los irlandeses, junto con algunos franceses, apoyaron a la sección 1, mientras que los americanos, junto con la mayoría de las secciones francesas y dos alemanas (schweitzeriana) formaron un nuevo Comité Central.

El viejo comité (que llamamos núm. I) emitió el 4 de diciembre una circular, en la que describe la situación del siguiente modo:

“En el Comité Central que debía ser un baluarte contra todas las estafas reformistas, la mayoría estaba compuesta finalmente por reformadores y embaucadores del pueblo ya casi olvidados, y así resultó que los que predicaban el evangelio del amor libre se sentaban fraternalmente junto a los que querían embelesar al mundo entero con una lengua común; cooperativistas agrarios, espiritistas, ateos y deístas, cada cual buscaba montar su caballito de batalla. Especialmente la sección 12 (Woodhull) ... El primer paso que aquí hay que dar para fomentar el movimiento es: organizar y a la vez estimular el elemento revolucionario que reside en el antagonismo de intereses entre el obrero y el capitalista ... Los delegados de las secciones 1, 4, 5, 7, 8, 11, 16, 21, 23, 24, 25 y otras secciones, después de ver que todo intento de poner coto a este abuso era en vano, resolvieron, tras aplazar sine die el antiguo Comité Central (3 de diciembre de 1871), fundar uno nuevo,
que consta de verdaderos obreros
.”

Mientras tanto el Comité Central núm. II (Woodhull) siguió también sesionando y se llenó con una multitud de delegados de supuestas nuevas secciones, fundadas principalmente por las secciones 9 y 12, pero tan débiles en su mayoría que apenas tenían miembros suficientes para cubrir los puestos más necesarios (secretario, tesorero, etc.).

Ambos comités apelaron al Consejo General de Londres. Entretanto, diversas secciones (p.ej., la francesa núm. 10 y todas las secciones irlandesas) se retiraron de ambos comités a la espera de la decisión del Consejo General.

El 5 y 12 de marzo, el Consejo General tomó sus
acuerdos
ya publicados en el «Volksstaat» (núm. 37). Suspendieron a la sección 12, aconsejaron

la fusión de ambos comités hasta que un congreso americano decidiera en el asunto, y recomendaron para el futuro el rechazo de todas las secciones que no contaran con al menos dos tercios de trabajadores asalariados. Estos acuerdos, a pesar de su forma casi exclusivamente recomendatoria por buenas razones, decidieron el destino de la Internacional en América. Al dar en el fondo la razón al Comité núm. I, hicieron imposible a los burgueses del Comité núm. II seguir explotando el nombre de la Internacional para sus fines particulares.

Desde que se produjo la escisión, el Comité núm. II, en violación directa del acuerdo núm. 17 de la Conferencia de Londres, que ordenaba tratar todos los asuntos internos de la Asociación exclusivamente en el seno de las secciones y federaciones y no ante el gran público, había admitido a los reporteros de la prensa neoyorquina a todas sus deliberaciones y se había ocupado de que todo el asunto fuera discutido en los periódicos burgueses de peor reputación. Lo mismo ocurrió ahora, cuando este comité se desencadenó contra el Consejo General, al que se había figurado haber embaucado. Los periódicos más despreciables de Nueva York, como el «Herald», etc., fueron puestos por el Comité núm. II en condiciones de declarar que todo el asunto era una disputa entre alemanes y franceses, comunismo y socialismo, etc., y los enemigos de los obreros en Nueva York se regocijaron por la supuesta aniquilación de la Internacional en América.

Con todo, el Comité núm. II se mantuvo siempre solícito en comunicar al mundo que los miembros de la Internacional no eran una sociedad obrera, sino burguesa. Ya el 16 de diciembre de 1871 su órgano, «Woodhull & Claflin's Weekly», había declarado:

“En
nuestro
Comité no se necesita demostrar que dos tercios o cualquier fracción de una sección son
esclavos del salario, como si ser libre fuera un crimen
”;

y el 4 de mayo de 1872 vuelve a declarar:

En el decreto del Consejo General no se tiene empacho en recomendar que, en el futuro, no se admita ninguna sección americana que no conste, por lo menos, de dos tercios de *esclavos asalariados*. ¿Han de ser también *esclavos políticos*? Lo uno es tan bueno como lo otro. La intrusión de «reformadores farsantes, aduladores del pueblo, charlatanes burgueses y traficantes políticos» es justamente la que más hay que temer de aquella clase de ciudadanos que no tienen de qué vivir sino del *rendimiento de la esclavitud asalariada*.

El Comité núm. II había pronunciado con ello, en cierto sentido, su última palabra. No sólo era una necedad creer que la Asociación Internacional de los Trabajadores fuera una unión de obreros —más aún, sólo puede cumplir adecuadamente su fin cuando excluye a todos los obreros, a todos los esclavos asalariados, o por lo menos los declara sospechosos.

Y ¿cuál es, entonces, el propósito de la Asociación Internacional de los Trabajadores (sin trabajadores) en América? También esto se nos aclara ahora. Se acercaban las elecciones para un nuevo presidente de los Estados Unidos.

El inevitable periódico femenil «W. & C. W.» del 2 de marzo de 1872 contiene un artículo titulado: «La próxima convención unida», en el que se dice:

«Se está discutiendo ahora una propuesta de los representantes de los diversos elementos reformistas del país para celebrar aquí una gran asamblea general en mayo… En efecto, si esta asamblea actúa con prudencia, ¿quién sabe si los restos del finado partido democrático» (es decir, esclavista) «no saldrán a la luz y participarán en ella?… Todos los radicales deben estar allí representados», etc.

El mismo periódico contiene ahora, semana tras semana, llamamientos a todos los reformadores del mundo,

«reformadores del trabajo, de la propiedad territorial, de la paz y de la templanza, internacionalistas, doctores del sufragio femenino y todos aquellos que creen que ha llegado el momento de llevar a la práctica los principios de la verdadera moralidad y de la religión (!)»,

firmados primero por Victoria Woodhull, luego por Th. H. Banks, R. W. Hume, G. R. Allen, W. West, G. W. Maddox, T. Millot, en suma, por los capitanes del Comité núm. II. En todos estos llamamientos se dice expresamente que la asamblea de delegados propondrá candidatos para la presidencia y vicepresidencia de los Estados Unidos.

Finalmente, los días 9, 10 y 11 de mayo tiene lugar en el Apollo Hall de Nueva York esa monstruosa asamblea de delegados. Allí estaban reunidos todos los estrafalarios y estrafalarias de América. El Comité núm. II estaba presente en masa. ¡Se decidió *presentar como candidata a la presidencia de los Estados Unidos a la señora Victoria Woodhull*, y *en nombre de la Internacional*!

Las carcajadas resonantes de toda América respondieron a ello. Los americanos que especulaban con el asunto, interesados en él, no se dejaron desconcertar por ello, naturalmente. Caso distinto fue el de los alemanes y franceses que se habían dejado arrastrar. La Sección 2 (francesa) destituyó a su delegado en el Comité núm. II y se sometió a las resoluciones del Consejo General. La Sección 6 (alemana) también destituyó a su delegado en ese mismo Comité núm. II, el Dr. Große, ex secretario privado del berlinés Schweitzer, y se retiró del Comité núm. II hasta que éste se sometiera a las resoluciones del Consejo General. El 20 de mayo, otras ocho secciones —francesas y alemanas— se retiraron del Comité núm. II, que ahora representa sólo a los conocidos elementos americanos equívocos, los cuales, en efecto, ya habían estado juntos antes de ingresar en la Internacional —madame Victoria Woodhull con todos sus aditamentos—. Éstos declaran ahora que quieren fundar una Internacional aparte, exclusivamente americana, lo cual, naturalmente, es cosa suya.

Entretanto, el Consejo General ha declarado, a petición de la sección alemana de San Luis y de la francesa de Nueva Orleáns, que sólo reconoce al Comité núm. I (ahora Consejo Federal Provisional de los Estados Unidos). Y con esto, la campaña de madame Victoria Woodhull para conquistar la Internacional ha alcanzado su último objetivo.

La «Emancipacion» añade:

«Todas las personas imparciales deben preguntarse ante estos hechos: ¿cuándo y cómo habría terminado este escándalo si no existiera un Consejo General con la facultad de mantener en pie los principios fundamentales de la Internacional y de suspender a las secciones y federaciones que intentaran convertir a la Asociación en instrumento de sus fines políticos o personales?»