Friedrich Engels

Cartas desde Londres

I

[La huelga de los trabajadores agrícolas ingleses]

["La Plebe" Nº 48, del 24 de abril de 1872]

Londres, 20 de abril [1872]

El movimiento obrero en Inglaterra ha dado en estos últimos días un avance enorme: ha echado pie entre los trabajadores agrícolas, y de manera sólida. Es sabido que en Gran Bretaña toda la tierra pertenece a un número muy reducido de grandes terratenientes, de los cuales los más pobres perciben rentas anuales de 100.000 liras y los más ricos de muchos millones. El marqués de Westminster disfruta de una renta anual de más de diez millones.

Las tierras están repartidas en grandes lotes, que unos pocos labriegos cultivan con ayuda de máquinas por cuenta del gran arrendatario. Allí no hay pequeños campesinos; el número de trabajadores agrícolas, ya escaso en relación con la superficie de tierra que cultivan, se reduce de año en año a consecuencia de la introducción de nuevas máquinas; los trabajadores agrícolas ingleses, ignorantes, esclavos de la gleba como nunca antes, pero a la vez víctimas de la competencia, constituyen por ello la clase peor pagada de la población. En diversas ocasiones se han alzado contra su dura suerte; en 1831 incendiaron en el sur de Inglaterra los almiares de heno y cereales de los arrendatarios; hace algunos años ocurrió lo mismo en el condado de York; de vez en cuando se emprendieron intentos de fundar entre ellos sociedades de resistencia, pero sin resultado serio. El movimiento actual, en cambio, ha adquirido en pocas semanas una amplitud que le asegura un éxito inmenso. Este movimiento comenzó entre los trabajadores agrícolas del condado de Warwick, que exigían un aumento de salario de 11 o 12 chelines (13 o 14 francos) a la semana a 16 chelines (19 francos) y, para imponerse, formaron una sociedad de resistencia y recientemente se declararon en huelga. Horror general entre los terratenientes, los arrendatarios y los conservadores del condado; ¡los trabajadores agrícolas, esclavos física y espiritualmente, osaban, tras más de mil años, rebelarse contra el poder de sus señores! Y en efecto se rebelaron, hicieron huelga, y de manera tan eficaz que en dos o tres semanas no solo los trabajadores agrícolas de Warwickshire, sino todos los trabajadores agrícolas de los ocho condados limítrofes se sumaron a la rebelión. Lo que para los gobiernos reaccionarios de Europa es la Internacional, a saber, el fantasma terrorífico cuyo solo nombre les infunde espanto, era para los aterrados señores de la tierra y arrendatarios la Unión de los Trabajadores Agrícolas. Le opusieron resistencia; pero en vano; la Unión, apoyada por los consejos y la experiencia de las sociedades de resistencia de los obreros industriales, se consolidó y se extendió cada día más, siendo apoyada además por la opinión pública, incluso la de la burguesía. A pesar de su pacto de alianza política con la aristocracia, la burguesía mantiene siempre contra esta una especie de guerra económica en pequeño; y como en la actualidad vive en una época de prosperidad industrial en la que se necesitan muchos obreros, casi todos los trabajadores agrícolas en huelga fueron llevados a las ciudades, donde fueron empleados y pagados mucho mejor de lo que hubiera podido ser en la agricultura. De este modo la huelga ha conducido a un éxito completo, de manera que los terratenientes y arrendatarios de toda Inglaterra han aumentado por sí mismos los salarios de los trabajadores agrícolas en un 25 a 30 por ciento. Con esta primera gran victoria se inicia una nueva época en la vida intelectual y social del proletariado agrícola, que en masa ha ingresado en el movimiento de los proletarios urbanos contra la tiranía del capital.

En la pasada semana, el Parlamento inglés se ocupó de la Internacional. El señor Cochrane, un reaccionario empedernido, acusó a esta terrible sociedad obrera de haber dado a la Comuna de París la orden de asesinar al arzobispo Georges Darboy y de prender fuego a la ciudad. Luego exigió medidas represivas contra el Consejo General, que en la actualidad se encuentra en Londres. Naturalmente, el gobierno le respondió que los internacionalistas, al igual que todos los habitantes de Inglaterra, son responsables únicamente ante la ley, y que como hasta ahora no la han transgredido, no existe motivo alguno para represalias contra ellos. Cabe suponer que el Consejo General de la Asociación responderá a las falsificaciones del señor Cochrane.

F. E.