Karl Marx y Frederick Engels 1872

Al Director de *The International Herald*

Estimado Ciudadano:

Hasta ahora hemos considerado superfluo responder a las calumnias y mentiras que el “autónomo” señor John Hales no se cansa de difundir con respecto a nosotros. Pero cuando tales calumnias se propalan bajo el nombre y con la pretendida autoridad del Consejo Federal Británico, están calculadas para perjudicar a la Internacional en general, y nos vemos obligados a romper nuestro silencio.

Este señor Hales, que de pronto se presenta como paladín de la “autonomía” de las secciones y federaciones, interpreta en la práctica dicha autonomía como su autocracia personal. Se ha hecho nombrar, en primer lugar, secretario de actas; en segundo, secretario de correspondencia (para el interior y el exterior); en tercero, tesorero del Consejo Federal Británico; pero como no puede desempeñar todas estas funciones a la vez, en cuarto lugar designa a otros miembros de dicho Consejo para que lo hagan en calidad de servidores suyos. Y en quinto lugar, escribe cartas a todas partes del mundo en nombre del Consejo Federal Británico, pero sin que éste lo sepa ni lo autorice.

Así, en el n.º 23 del *Bulletin Jurassien* encontramos una carta oficial del Comité jurásico secesionista dirigida al Consejo Federal Británico, en respuesta a una carta, asimismo publicada, del señor John Hales. Estamos seguros de que el Consejo Federal Británico ignoraba por completo la existencia de esta carta.

En ella afirma:

“Este Congreso” (el de La Haya) “ha ... desenmascarado la hipocresía de los hombres del extinto Consejo General, que intentaron organizar una vasta sociedad secreta dentro de nuestra asociación, y eso bajo el pretexto de destruir otra sociedad secreta cuya existencia inventaron para sus propios fines.”

El señor Hales es un lógico admirable. La exclusión de la Internacional, por el Congreso, de la alianza, le prueba la hipocresía del extinto Consejo General al repudiar a ese organismo. En cuanto a la alianza inventada y a la conspiración secreta organizada por el Consejo General, el ciudadano Jung, hoy miembro del Consejo Federal, es el más indicado para proporcionar toda la información necesaria. Como antiguo secretario para Suiza, conoce las actividades de la “Alianza”, y como miembro de la Comisión Ejecutiva del extinto Consejo General... sabe todo lo referente a la “Conspiración” inventada por John Hales. Las hazañas de la “Alianza” pública ya han sido expuestas públicamente en la circular del extinto Consejo General, *Les prétendues scissions*, etc. La acción secreta de esa sociedad saldrá a la luz mediante la publicación, que se prepara en estos momentos, de los documentos en poder de la comisión de investigación nombrada por el Congreso de La Haya.

El señor Hales se queja de que

“mientras fui secretario general del Consejo, nunca supe ni pude obtener las direcciones de las Federaciones continentales.”

Cuando era secretario del Consejo General —y su único funcionario remunerado—, el señor Hales no tenía otros deberes que redactar las actas, enviar a la prensa un extracto de las mismas y mantener correspondencia con las secciones inglesas y las trade unions.

La correspondencia con las demás federaciones, continentales o no, estaba confiada a secretarios no remunerados, en cuya actuación él no tenía por qué injerirse. La forma en que cumplió su deber de correspondencia dentro de su propio departamento queda demostrada por una resolución especial del Consejo General que transfirió esa función al ciudadano Milner.

El señor Hales afirma además:

“Un día el Consejo Federal Británico recibió una carta muy importante del Consejo Federal Español, pero el remitente, el ciudadano Anselmo Lorenzo, había olvidado poner su dirección; el Consejo Federal Británico pidió al ciudadano Engels, entonces secretario de correspondencia para España, que les diera la dirección de Lorenzo; el ciudadano Engels se negó formalmente. Últimamente, nos dio la misma negativa con respecto al Consejo Federal de Lisboa.”

Todo cuanto el ciudadano Engels sabe del asunto es que la carta española en cuestión le fue enviada por el ciudadano Jung con el simple ruego de que la tradujese, lo que hizo. No sabe nada de ninguna petición del Consejo Federal Británico para obtener la dirección de Lorenzo, y agradecería que se le mostrara un extracto de sus actas a ese efecto.

En cuanto al asunto de Lisboa, el Consejo portugués recurrió a Engels pidiéndole ayuda en una huelga, y lo primero que Engels hizo fue solicitar la cooperación del Consejo Federal Británico, al mismo tiempo que adoptaba cuantas otras medidas estaban a su alcance. Después de repetidas solicitudes verbales, a través de miembros del Consejo Federal, y tras una solicitud por escrito, Engels recibió, unos dos meses más tarde, una carta del señor Hales en la que decía que el Consejo había tomado algunas medidas en el asunto y le pedía la dirección de Lisboa. A esta carta Engels no contestó, pues entonces ya sabía perfectamente que Hales quería esas direcciones meramente para sus propias intrigas personales. Con respecto a otros miembros del Consejo Federal Británico, jamás se pensó en semejante reserva. Cuando Jung, en nombre del Consejo Federal, pidió las direcciones de Berlín, Leipzig y Viena, se le remitieron de inmediato.

La publicación de extractos de las actas del extinto Consejo General, en su mayor parte redactadas por el propio señor Hales, pondrá al desnudo los motivos de su rencor contra ese organismo. Para decirlo con las palabras de su propia carta al Comité jurásico, entonces se verá que

“quien no haya estado íntimamente familiarizado con el difunto Consejo General no puede hacerse una idea de la manera en que los hechos son tergiversados” por el señor John Hales.

Vuestro fraternalmente,

F. Engels; Karl Marx