Works of Karl Marx 1872

Al director del Eastern Post

Señor director: — En su inmortal poema, dice Dante que una de las más crueles torturas del exilio es la necesidad de codearse con toda clase de gentes. He sentido profundamente la verdad de su lamento al verme forzado a entrar por un momento en una controversia pública con hombres como los señores Charles Bradlaugh y Cía. Sin embargo, ya no le permitiré más convertir la querella que me ha impuesto en el medio barato y cómodo de hacerse publicidad en el extranjero.

Publicó contra mí una acusación que, de haberse publicado en Alemania, le habría convertido en el hazmerreír de todos los partidos. Acto seguido, le desafié a publicar aquellos hechos que pudieran haberle ofrecido el más mínimo pretexto para una calumnia tan ridícula como infame. Así lo hice, no para justificarme, sino para desenmascararlo. Con la baja astucia de un pasante de procurador, intenta eludir esta responsabilidad invitándome a un «Tribunal de Honor».

¿Acaso se figura realmente que un Bradlaugh, o los redactores de la prensa del demi-monde parisino, o los de los periódicos bismarckianos de Berlín, o la Tages-Presse de Viena, o la Criminal-Zeitung de Nueva York, o la Gaceta de Moscú, sólo tienen que calumniarme para que yo quede obligado a limpiar mi carácter público, e incluso a hacerlo ante un «Consejo de Honor» del que forzosamente formarían parte los amigos de esos «honorables» caballeros?

He terminado con el señor Charles Bradlaugh, y lo dejo con todo el consuelo que pueda obtener de la tranquila contemplación de su propia persona.

Soy, señor director,

Suyo, atento y seguro servidor,

Karl Marx