Obras de Federico Engels 1871

La posición de los miembros daneses de la Internacional sobre la cuestión agraria

Acta del informe de Engels en la sesión del Consejo General del 5 de diciembre de 1871

Se recibió un informe de Dinamarca referente principalmente a la situación de los trabajadores agrícolas y a la agitación que se está desarrollando entre ellos. En Dinamarca sólo existen dos partidos políticos oficiales: los «Doctrinarios», que representan a la clase capitalista, y los «Amigos de los Campesinos», como ellos mismos se llaman, que representan a los propietarios de tierras, incluida la nobleza terrateniente, y a los grandes campesinos propietarios. También pretenden representar a los trabajadores agrícolas, pero, como es natural, nunca se ha hecho nada por ellos. La nobleza es comparativamente débil en Dinamarca, de modo que los grandes campesinos propietarios constituyen el grueso del partido de los «Amigos de los Campesinos». Los pequeños agricultores y los trabajadores han sido dirigidos hasta ahora por ellos, pues, aunque unos pocos representantes de esta última clase habían sido elegidos para el Parlamento, actuaban bajo la influencia de los grandes campesinos propietarios y eran utilizados como meros instrumentos por ellos.

La Internacional se propone liberar a los pequeños campesinos y a los trabajadores agrícolas de esta sumisión a los hombres que se enriquecen con su trabajo, y se esfuerza por constituirlos en un partido independiente, distinto de los llamados «Amigos de los Campesinos», pero en íntima unión con los obreros de las ciudades. Este nuevo partido de los trabajadores parte de la base sentada por el Congreso de Basilea: la nacionalización de la tierra.

«Es una verdad cada vez más reconocida —dice el Socialisten, nuestro órgano de Copenhague— que la tierra es propiedad común del pueblo, que el pueblo debe cultivarla en común, disfrutar su producto común y entregar su excedente (renta) al Estado para fines comunes.»

Pero dado que la tierra en Dinamarca es principalmente propiedad de una numerosa clase de campesinos propietarios, cada uno de los cuales posee de 50 a 100 acres de buen suelo, la expropiación inmediata de un cuerpo tan considerable sería imposible. Se ha propuesto, por tanto, un plan que ofrece muchas ventajas tanto al propietario como a los trabajadores, a saber, la creación de sociedades cooperativas agrícolas integradas por campesinos propietarios y trabajadores, para el cultivo común de la tierra que ahora cultivan individualmente. Las pequeñas y medianas explotaciones serían sustituidas así por explotaciones de 500 acres y más, lo que permitiría la introducción de aperos agrícolas, el cultivo a vapor y otras mejoras modernas que no pueden aprovecharse cuando la agricultura se practica en pequeña escala. El capital necesario sería adelantado por el Estado con la garantía de la tierra perteneciente a cada asociación; estas proposiciones tienen necesariamente un carácter muy elemental, pero parecen estar bien adaptadas al entendimiento y la capacidad de la población agrícola, mientras que la constante referencia a la nacionalización de la tierra como fin último del movimiento contribuirá poderosamente a romper esa sumisión política en la que los grandes terratenientes, con la ayuda del párroco, el maestro de escuela rural y el funcionario gubernamental, han mantenido hasta ahora a los trabajadores agrícolas.

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