Karl Marx

[Discurso en la celebración del séptimo aniversario de la Asociación Internacional de los Trabajadores, el 25 de septiembre de 1871 en Londres]

[Anotación de un corresponsal]

Del inglés.

[«The World» del 15 de octubre de 1871]

Acerca de la Internacional, dijo Marx, el gran éxito que hasta ahora ha coronado sus esfuerzos se debe a circunstancias que escapan al poder de sus miembros. La fundación misma de la Internacional fue el resultado de esas circunstancias y de ningún modo el mérito de los hombres que se consagraron a esa tarea. No fue obra de un puñado de políticos hábiles; todos los políticos del mundo juntos no habrían podido crear las condiciones y las circunstancias necesarias para el éxito de la Internacional. La Internacional no se presentó ante la opinión pública con una fe particular. Su tarea consistió en organizar las fuerzas de la clase obrera, en vincular y unir entre sí los diversos movimientos obreros. Las condiciones que han dado un impulso tan formidable a la Asociación son las mismas a las que los obreros del mundo entero están sometidos cada vez más, y éste es el secreto del éxito. Los acontecimientos de las últimas semanas han mostrado de manera inequívoca que la clase obrera tiene que luchar por su emancipación. Las persecuciones de la Internacional por parte de los gobiernos se asemejarán a las persecuciones de los primeros cristianos en la antigua Roma. También éstos fueron al principio pocos en número, pero los patricios romanos sintieron instintivamente que el Imperio Romano estaría perdido si los cristianos triunfaban. Las persecuciones en Roma no salvaron al Imperio, y tampoco las persecuciones de la Internacional en la época actual salvarán el estado de cosas existente.

Lo nuevo en la Internacional fue que fue fundada por los obreros mismos para los obreros. Todas las diversas organizaciones anteriores a la Internacional habían sido sociedades fundadas por radicales
de las clases dominantes para las clases trabajadoras; la Internacional, en cambio, fue fundada por los obreros para los obreros. El movimiento cartista en este país surgió con el consentimiento y la ayuda de radicales burgueses, pero si hubiera tenido éxito, ello sólo habría podido redundar en beneficio de la clase obrera. Inglaterra es el único país en el que la clase obrera está lo bastante desarrollada y organizada para aplicar el sufragio universal en su propio provecho.

A continuación, se refirió a la Revolución de Febrero, calificándola de movimiento que fue apoyado por una parte de la burguesía contra el partido dominante. La Revolución de Febrero sólo hizo promesas a las clases trabajadoras y reemplazó a un grupo de hombres de la clase dominante por otro. La insurrección de junio, en cambio, fue una rebelión contra toda la clase dominante, incluido su sector más radical. Los obreros que en 1848 llevaron al poder a los nuevos hombres sintieron instintivamente que no hacían más que cambiar un grupo de opresores por otro y que habían sido engañados.

El último movimiento ha sido la Comuna, el movimiento más grande que haya existido hasta ahora —y sobre esto no puede haber dos opiniones—; la Comuna fue la conquista del poder político por la clase obrera. Acerca de la Comuna ha habido muchos malentendidos. No puede conducir a ninguna nueva forma de dominación de clase. Si las condiciones existentes de opresión se eliminan mediante la entrega de los medios de producción a los obreros productores, con lo cual todo individuo apto para el trabajo se vería obligado a trabajar para su sustento, se eliminará también la única base de la dominación de clase y de la opresión. Pero antes de que pueda realizarse semejante transformación, es necesaria una dictadura del proletariado, y su primera condición es un ejército del proletariado. Las clases trabajadoras tienen que conquistar el derecho a su emancipación en el campo de batalla. La tarea de la Internacional es organizar y unir las fuerzas de los obreros para la lucha venidera.