Friedrich Engels

La situación en Rusia

Del inglés.

["The Pall Mall Gazette" núm. 1900 del 16 de marzo de 1871]

Al redactor de "The Pall Mall Gazette"

Sir,

el Gobierno inglés declara que no sabe nada de una alianza entre Rusia y Prusia. En Alemania nadie niega la existencia de tal alianza; por el contrario, la prensa prusófila se regocija de este hecho; los periódicos antiprusianos están indignados por ello. Una de estos últimos, «Der Volksstaat», cree que el señor Gladstone con este desmentido solo pretendía dar a entender que aquí no hay un tratado de alianza, sino más bien una relación de vasallaje, y que en este caso tendría razón. Los telegramas intercambiados entre Versalles y San Petersburgo, entre el «vuestro hasta la muerte fiel Guillermo» y su más reservado sobrino Alejandro, no dejan ya, en efecto, duda alguna sobre los vínculos entre las dos grandes monarquías militares del continente. Estos telegramas, dicho sea de paso, fueron publicados primero en el «Journal de St. Pétersbourg». Igualmente significativo es el hecho de que no hayan sido reproducidos íntegramente en la prensa alemana; se suprimió sobre todo la seguridad del emperador Guillermo de estar consagrado al zar hasta la muerte. En cualquier caso, el texto íntegro de la correspondencia no deja ninguna duda de que el emperador Guillermo quiere expresar el profundo sentimiento de obligación que abriga hacia Rusia, y su disposición a poner sus servicios a disposición de Rusia como contrapartida. Que el emperador haya sobrepasado ya los setenta y que la actitud de su presunto heredero [Kronprinz Friedrich Wilhelm] sea dudosa significa, naturalmente, para Rusia un fuerte incentivo para batir el hierro mientras está caliente.

Por lo demás, la situación interior en Rusia es todo menos satisfactoria. Las finanzas están casi irremediablemente arruinadas; la forma particular en que se ha llevado a cabo la emancipación de los siervos y las demás transformaciones sociales y políticas vinculadas a ella ha desquiciado la producción agrícola en un grado casi increíble. Las medidas a medias de carácter liberal, concedidas, retiradas y nuevamente concedidas de manera alternada, han dado a las clases cultas justamente el margen suficiente para desarrollar una opinión pública muy definida; esta opinión pública se opone en todos los puntos a la política exterior que el actual gobierno parecía seguir hasta ahora. La opinión pública en Rusia es esencialmente paneslavista impetuosa, es decir, hostil a los tres grandes «opresores» de la raza eslava: los alemanes, los húngaros y los turcos. Una alianza prusiana le sería tan repugnante como una austriaca o turca. Exige, además, una acción bélica inmediata en sentido paneslavista. La acción subterránea tranquila, lenta, pero sumamente segura de la diplomacia tradicional rusa somete su paciencia a una dolorosa prueba. Éxitos como los alcanzados en la Conferencia, por importantes que puedan ser en sí mismos, no significan nada para los paneslavistas rusos. No oyen más que el «grito de dolor» de sus hermanos de raza oprimidos; no sienten nada con mayor apremio que la necesidad de restablecer la perdida supremacía de la santa Rusia mediante un gran golpe, una guerra de conquista. Saben, además, que el presunto heredero [el zarevich Alexander, el posterior Alexander III] es uno de los suyos. Si tomamos en consideración todo esto y, además, las grandes líneas ferroviarias estratégicas hacia el sur y el suroeste, que ahora están lo suficientemente avanzadas como para servir eficazmente a ataques contra Austria o Turquía, o contra ambas, ¿no existe un fuerte incentivo para el gobierno ruso y para el emperador Alejandro personalmente para aplicar el viejo recurso bonapartista y eludir las dificultades interiores mediante una guerra exterior, mientras la alianza prusiana parezca aún segura?

En tales circunstancias, el nuevo empréstito ruso de 12 millones de libras esterlinas adquiere una importancia muy especial. Es cierto que se ha puesto en circulación una protesta patriótica en la Bolsa, pero se informa que carecía de firmas y que, evidentemente, así ha permanecido, y oímos que la suma del empréstito ha sido cubierta con exceso. Sobre los fines para los cuales, entre otros, se han de emplear estos 12 millones, nos informa la «Ostsee-Zeitung» de Stettin, periódico que no solo ha tenido durante muchos años las mejores informaciones sobre asuntos rusos, sino que también ha sido lo bastante independiente para publicarlas. La guerra franco-alemana, dice el corresponsal de San Petersburgo de este periódico (con fecha 4 de marzo del nuevo estilo), ha convencido a las autoridades militares rusas de la completa ineficacia del sistema de fortificaciones seguido hasta ahora en la construcción de las fortalezas rusas; y el Ministerio de la Guerra ya ha establecido el plan para las modificaciones necesarias.

«Se informa que el nuevo sistema, basado en la introducción de fuertes destacados, se aplicará por primera vez a las fortalezas fronterizas más importantes, y que la reconstrucción de estas comenzará de inmediato. Las primeras fortalezas que serán dotadas de fuertes destacados son Brest-Litovsk, Deblin y Modlin».

Ahora bien, Brest-Litovsk, Deblin (o Ivangorod) y Modlin (o Novogeorgievsk, por su nombre oficial ruso) son precisamente las tres fortalezas que, con Varsovia como punto central, dominan la mayor parte del Reino de Polonia; Varsovia no recibe ahora fuertes destacados por la buena razón de que ya los posee desde hace varios años. Rusia no pierde tiempo en afianzar su poder en Polonia y reforzar su base de operaciones contra Austria; la prisa con que esto se hace no es un buen presagio para la paz europea.

Todo esto puede considerarse por ahora como una medida puramente defensiva. Pero el citado corresponsal informa además:

«Los preparativos bélicos en Rusia, que comenzaron al estallar la guerra franco-alemana, prosiguen con celo incesante. Recientemente, el Ministerio de la Guerra ha dispuesto la formación de los cuartos batallones. La ejecución de esta orden ha comenzado ya en todos los regimientos, incluidos los del Reino de Polonia. Los destacamentos para el servicio de ferrocarriles y telégrafos en campaña, así como las compañías sanitarias, han sido ya organizados. La tropa es instruida con afán y adiestrada en sus diversas obligaciones, y a las compañías sanitarias se las instruye incluso sobre cómo poner los primeros vendajes a los heridos, detener hemorragias y reanimar a los desmayados».

Ahora bien, en casi todos los grandes ejércitos del continente, los regimientos de infantería constan, en pie de paz, de tres batallones, y el primer paso inequívoco del pie de paz al pie de guerra es la formación de los cuartos batallones. El día en que Luis Napoleón declaró la guerra, dispuso también la formación de los cuartos batallones. En Prusia, esto es lo primero que se hace después de dictada la orden de movilización. Exactamente lo mismo ocurre en Austria y también en Rusia. Piénsese lo que se quiera de la súbitamente descubierta necesidad de fuertes destacados para las fortalezas polacas o del igualmente repentino *empressement* [celo] por introducir los camilleros prusianos (*Krankenträger*, en alemán en la «P.M.G.») y los destacamentos de ferrocarriles y telégrafos en el servicio ruso (en un país donde tanto los ferrocarriles como los telégrafos son bastante escasos), — aquí, en la formación de los cuartos batallones, tenemos un signo inequívoco de que Rusia ya ha traspasado la frontera entre el estado de paz y el estado de guerra. Nadie se imaginará que Rusia haya emprendido este paso sin un propósito; y si este paso ha de significar algo, significa el ataque contra alguien. Tal vez esto explique para qué se necesitan los 12 millones de libras esterlinas.

Suyo, etc.

E.