Karl Marx

A la redacción del "Volksstaat"

["Der Volksstaat", núm. 26, 29 de marzo de 1871]

El "Paris-Journal", uno de los órganos más logrados de la prensa policíaca parisina, publicó en un número del 14 de marzo un artículo bajo el sensacional rótulo de: "Le Grand Chef de l'Internationale" ("Grand Chef" es sin duda la traducción francesa del stieberiano "Hauptchef").

"Él —comienza el artículo— es, como se sabe, un alemán, y lo que es peor, un prusiano. Se hace llamar Karl Marx, vive en Berlín, etcétera. ¡Pues bien! Este Karl Marx está descontento con la actitud de los miembros franceses de la Internacional. Esto ya habla en su favor. Encuentra que se ocupan infinitamente demasiado de política y no lo suficiente de las cuestiones sociales. Esa es su opinión, y la acaba de formular muy decididamente en una carta a su hermano y amigo, el ciudadano Serraillier, uno de los sumos sacerdotes parisinos de la Internacional. Karl Marx ruega a los miembros franceses, en particular a los afiliados de París, que no pierdan de vista que su sociedad tiene un solo fin: la organización del trabajo y el porvenir de las sociedades obreras. Pero se desorganiza el trabajo en vez de organizarlo, y él cree necesario llamar a los delincuentes al respeto de los estatutos de la Asociación. Nos declaramos en condiciones de poder publicar esta notable carta del señor Karl Marx tan pronto como haya sido comunicada a los miembros de la Internacional."

En su número del 19 de marzo, el "Paris-Journal" ha publicado en efecto una carta que se dice firmada por mí, la cual fue inmediatamente reproducida por toda la prensa reaccionaria de París y encontró luego su camino en los periódicos londinenses. Entre tanto, sin embargo, el "Paris-Journal" había husmeado que yo resido en Londres y no en Berlín. Por eso, esta vez fecha la carta en Londres, en contradicción con su primer anuncio. Esta corrección posterior adolece, no obstante, del inconveniente de que me hace cruzar correspondencia con mi amigo Serraillier, que se halla en Londres, dando el rodeo por París. La carta, según ya he declarado en el "Times", es una desvergonzada falsificación de principio a fin.

El mismo "Paris-Journal" y otros órganos parisinos de la «buena prensa» difundieron el rumor de que el Consejo Federal de París de la Internacional había tomado la decisión, que caía fuera de su competencia, de excluir a los alemanes de la Asociación Internacional de los Trabajadores. Los diarios londinenses se apresuraron a recoger la bienvenida noticia y se explayaron en editoriales conmovidos de regodeo malicioso sobre el suicidio, por fin consumado, de la Internacional. Lamentablemente, el "Times" publica hoy la siguiente declaración del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores:

"Una comunicación según la cual los miembros parisinos de la Asociación Internacional de los Trabajadores habrían declarado la exclusión de todos los alemanes de la Internacional, actuando, por tanto, en el sentido de la Antideutsche Liga, circula por la prensa inglesa. La comunicación se halla en la más flagrante contradicción con los hechos. Ni el Consejo Federal de nuestra Asociación en París, ni ninguna de las secciones parisinas que él representa, han soñado jamás con una decisión semejante. La llamada Antideutsche Liga, en la medida en que existe siquiera, es exclusivamente obra de la aristocracia y de la burguesía. Fue puesta en vida por el Jockey-Club y mantenida en marcha por las adhesiones de la Academia, la Bolsa, algunos banqueros y fabricantes, etc. La clase obrera jamás ha tenido nada que ver con ella.

El propósito de estas calumnias salta a la vista. Poco antes del estallido de la reciente guerra, la Internacional tuvo que servir de chivo expiatorio de todos los acontecimientos impopulares. La misma táctica se repite ahora. Mientras, por ejemplo, los periódicos suizos y prusianos la denuncian como autora de las tropelías contra los alemanes en Zúrich, periódicos franceses, como el 'Courrier d Lyon', el 'Courrier de la Gironde', el 'Liberté' de París, etc., relatan a la vez ciertas reuniones secretas de la Internacional en Ginebra y Berna, bajo la presidencia del enviado prusiano, en las que se habría urdido el plan de entregar Lyon a los prusianos y a la Internacional unidos, con vistas a un saqueo común."

Hasta aquí la declaración del Consejo General. Está en la naturaleza de las cosas que los grandes dignatarios y las clases dominantes de la vieja sociedad, que ya sólo pueden mantener su propio poder y la explotación de las masas productivas del pueblo mediante luchas y antagonismos nacionales, reconozcan en la Asociación Internacional de los Trabajadores a su enemigo común. Para aniquilarlo, todos los medios son buenos.

Londres, 23 de marzo de 1871

Karl Marx

Secretario del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores para Alemania