Señor:

¿Me permitirá usted que vuelva a importunar sus columnas para desmentir infundios que gozan de amplia difusión?

Un telegrama de Lombard, fechado en París el 30 de marzo, contiene un extracto del *Gaulois* que, bajo el sensacional titular de «Supuesta organización de la revolución de París en Londres», ha adornado los periódicos londinenses del pasado sábado. Tras haber rivalizado con éxito, durante la última guerra, con el *Figaro* y el *Paris-Journal* en la invención de münchhausiadas que convirtieron a la *petite presse* parisina en la comidilla del mundo entero, el *Gaulois* parece más que nunca convencido de que el público lector de noticias se aferrará siempre al principio de *Credo quia absurdum est*. ¿Habría emprendido el mismísimo barón de Münchhausen la tarea de organizar en Londres, «a comienzos del mes de febrero» — cuando el señor Thiers aún no ocupaba cargo oficial alguno —, «la insurrección del 18 de marzo», provocada por la intentona de ese mismo señor Thiers de desarmar a la Guardia Nacional de París? No contento con enviar a los señores Assi y Blanqui en un viaje imaginario a Londres para conspirar conmigo en conciliábulo secreto, el *Gaulois* añade a dicho conciliábulo a dos personas imaginarias: un tal «Bentini, agente general para Italia», y un tal «Dermott, agente general para Inglaterra». Asimismo, confirma graciosamente la dignidad de «jefe supremo de la Internacional» que me confirió por primera vez el *Paris-Journal*. Pese a estos dos ilustres personajes, me temo que el Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores seguirá despachando sus asuntos sin el estorbo de «jefe» ni de «presidente».

Tengo el honor de ser, señor, su atento y seguro servidor,

Karl Marx

Londres, 3 de abril