122 Regent’s Park Road N. W.
Londres, 9 de diciembre de 1871.

Mi querido Lafargue:

Le escribo dos líneas sobre los asuntos de España. Debe de haber habido luchas internas en la Internacional Española, luchas finalmente decididas a nuestro favor. Esto es lo que me explica tanto su continuo silencio como la resolución tomada al fin de romperlo.

Le había escrito a Mora el 25; el 28, Mesa le escribe a usted, y el 29, Mora me escribe una carta diciendo que no saben nada de las intrigas y calumnias contra el Consejo General de las que le había hablado, etc., pero los dos números de *La Federación* que nos llegaron después publicaron, uno las resoluciones de la Conferencia, y el otro, un artículo sobre la resolución N.º IX, sacado de *La Emancipación*, y con el cual tenemos toda la razón para estar satisfechos. La carta de Mesa es aún más explícita. Por lo tanto, en España, el proceso está ganado.

Le he respondido inmediatamente a Mora y espero que todo marche bien de ahora en adelante. Por lo demás, los otros habían trabajado bien y se habían servido de medios bastante infames, como de costumbre.

*La Révolution Sociale* del 23 de nov. traía un artículo de *La Federación* de Barcelona del 19 de nov., diciendo que el emisario de los disidentes suizos, etc., había llegado allí, y que las secciones de Barcelona, después de haberse convencido del carácter revolucionario de los principios de los disidentes, etc., habían aceptado la federación que estos les ofrecían. Buscamos en el número en cuestión de *La Federación*, pero no encontramos en él el artículo. El número del 3 de dic. nos lo explica: dice que ese artículo no representaba la opinión de las secciones ni siquiera de una sección, sino solo la de *un solo redactor* del periódico, ¡que lo había hecho insertar a espaldas del comité de redacción!

La victoria obtenida en España reduce en gran medida el terreno de la lucha. Solo queda la sección francesa no reconocida aquí (15 miembros), la de Ginebra, los jurasianos como adversarios declarados, y los italianos como dudosos. Pero he trabajado bien Italia y ahora hemos comenzado a cambiar el terreno del combate; de las intrigas y las correspondencias privadas pasamos a la publicidad. Mazzini nos ha brindado una ocasión excelente; ha hecho responsable a la *Internacional* (en un artículo de su periódico) de los actos y palabras de Bakunin.

He aquí, pues, la ocasión de atacar a Mazzini y desautorizar a Bakunin de un solo golpe. Lo he hecho inmediatamente, y he enviado el artículo a todos nuestros periódicos italianos. Al menos algunos lo publicarán; otros, me temo, están demasiado ligados a B. para hacerlo. Pero con el artículo les he comunicado a todos la adhesión de los españoles a la Conferencia y los progresos de la Internacional en España, según el informe de Mesa. Esto surtirá efecto; verán que los otros no les han dicho más que mentiras sobre España. En efecto, su política era ganarse a España diciéndole que Italia estaba unánimemente de su lado, y viceversa. Aún podremos tener algunos sinsabores en Italia, pero la decisión de los españoles de ponerse de nuestro lado decidirá el asunto – en definitiva – en toda la línea. En cuanto a los pendencieros jurasianos, les haremos el proceso muy pronto.

Estaré bien contento cuando todo este asunto haya concluido de una buena vez. No se imagina usted cuánto trabajo, cuánta correspondencia, etc., nos ha ocasionado todo esto. Mohr, Serraillier y yo, no hemos podido ocuparnos de otra cosa durante semanas. ¡Y yo, pobre diablo, que tenía que escribir largas cartas, una tras otra, en italiano y en español, dos idiomas que apenas comprendo!

En Francia marchamos de maravilla. 26 periódicos se ofrecen a publicar nuestros documentos.

Tenemos un frío de mil demonios, y usted es feliz por poder pasar el invierno en un clima cálido. Por lo demás, estamos bien de salud, y la familia Marx también. Comparado con su estado el invierno pasado, la salud de Mohr, y la de Jenny también, es mucho mejor. Mohr ya no tose tanto; ha tenido un pequeño absceso bajo el hombro, pero la carbunculosis ha cesado y no ha vuelto; su hígado no recobrará nunca su estado normal a la edad que tiene, pero funciona mucho mejor que antes, y Mohr, lo que es principal, lleva una vida más racional. Jenny, después de las repetidas pleuresías por las que ha pasado, probablemente conservará siempre un poco de enfisema, pero empieza a comprender que debe cuidarse un poco y no tratar de acostumbrarse al frío y al mal tiempo, como ella lo llamaba, antes de tiempo. Vuelve a cantar y su voz es más clara y más fuerte que nunca.

He sabido con mucho placer el restablecimiento del pequeño Schnaps. Déle un abrazo de mi parte – y a su mujer también.

Suyo
F. E.
General.