10 de agosto de 1871
Querido ciudadano:
Creo que hay un malentendido.

Ante todo, no es un librero, sino mi amigo E. Glaser de Willebrord quien se había declarado dispuesto a emprender, por su propia cuenta, la publicación de la reseña en Bruselas.
Anteayer, 8 de agosto, recibí una carta suya en la que me escribe: «Recibí el domingo la carta adjunta (del Sr. Bigot), a la que respondí que, siendo ya considerables los gastos de publicación, no podría añadir un desembolso diario de 100 francos, pero que, no teniendo ningún fin de lucro a la vista, ofrecía pagar al estenógrafo y al corresponsal con cargo a los beneficios probables. No he recibido respuesta alguna, de modo que mi proposición no ha sido aceptada, lo cual me alegra sobremanera, por el motivo de que el *Figaro* y la *Gazette des Tribunaux* han tomado disposiciones para dar *in extenso* la reseña del proceso que comenzó ayer en Versalles. Por otra parte, a consecuencia de mi prolongada estancia en Londres, no habría encontrado el tiempo para hacer los preparativos necesarios».
El Sr. Willebrord añade aún en su carta que, en adelante, deberá enviársele toda correspondencia ulterior directamente a la dirección: «E. Glaser de Willebrord, 24 Rue de la Pépinière, Bruselas».

El fiscal de Versalles ha hecho un acta de acusación grotesca contra la Internacional. Quizá sería útil, en interés de la defensa, comunicar al Sr. Bigot los hechos siguientes:

1) Adjuntos (bajo el N. I) van los dos manifiestos del Consejo General sobre la guerra franco-prusiana. En su primer manifiesto, del 23 de julio de 1870, el Consejo General declara que la guerra no la hacía el pueblo francés, sino el Imperio, y que, en el fondo, Bismarck era tan culpable de la guerra como Bonaparte. Al mismo tiempo, el Consejo General llamó a los obreros alemanes a no permitir que el gobierno prusiano transformase la guerra defensiva en guerra de conquista.

2) El segundo manifiesto, del 9 de septiembre de 1870 (5 días después de la proclamación de la República), es una denuncia enfática de los planes de conquista del gobierno prusiano. Es un llamamiento a los obreros alemanes y a los obreros ingleses a tomar partido por la República francesa. En efecto, en Alemania los obreros pertenecientes a la Asociación Internacional se opusieron tan vigorosamente a la política de Bismarck que éste hizo secuestrar ilegalmente y arrojar en fortalezas prusianas a los principales representantes alemanes de la Internacional, bajo la falsa acusación de «conspiración» con el enemigo.
En Londres, ante el llamamiento del Consejo, los obreros ingleses celebraron grandes mítines para forzar a su gobierno a reconocer la República francesa y a oponerse con todas sus fuerzas al desmembramiento de Francia.

3) Ahora bien, ¿acaso ignora el gobierno francés el apoyo que la Internacional ha prestado a Francia durante la guerra? En absoluto. Al contrario. El cónsul del Sr. Jules Favre en Viena —el Sr. Lafaivre— cometió incluso la indiscreción de publicar —en nombre del gobierno francés— una carta de agradecimiento a los señores Liebknecht y Bebel, los dos representantes de la Internacional en la Dieta alemana. En esa carta dice, entre otras cosas —(y esto lo retraduzco de una traducción alemana hecha de la carta de Lafaivre)—: «Vosotros, señores, y vuestro partido (es decir, la Internacional) sois los únicos que mantenéis la antigua tradición alemana, es decir, el espíritu humanitario, etc.» ¡Pues bien! Esa carta figura en el proceso por alta traición que el gobierno sajón, forzado por Bismarck, entabló contra Liebknecht y Bebel, y que aún prosigue en este momento. Sirvió a Bismarck de pretexto para hacer detener a Bebel tras la suspensión de la Dieta alemana.
En el mismo momento en que los periódicos infames me denunciaban ante Thiers como agente de Bismarck, Bismarck encarcelaba a mis amigos como reos de alta traición contra Alemania y daba orden de detenerme si yo llegaba a visitar Alemania.

4) Algún tiempo antes del armisticio, el bueno de Jules Favre —tal como el Consejo General lo declaró en una carta al *Times* del 12 de junio, cuya reimpresión se adjunta (N. II)— nos pidió, por medio de su secretario privado, el Dr. Reitlinger, que organizáramos en Londres manifestaciones públicas en favor del «gobierno de defensa».
Reitlinger, como decía el Consejo General en su carta al *Times*, añadió que no debía hablarse en ellas de «la República», sino solamente «de Francia».
El Consejo General se negó a prestar su concurso a manifestaciones de esa índole. Pero todo ello demuestra que el propio gobierno francés consideraba a «la Internacional» como un aliado de la República francesa contra el conquistador prusiano —y lo era, en efecto, el único aliado de Francia durante la guerra.

Salud fraternal
K. M.