256 High Holborn, Londres W.C.
4 de agosto de 1871.
Querido ciudadano Coenen,
He recibido a su debido tiempo sus dos cartas del 1 de mayo y del 1 del corriente, en las cuales he visto que los cigarreros de Amberes no estuvieron ni aún hoy están afiliados a la Internacional.

Mucho debo asombrarme de que no se nos haya prevenido de ello desde el comienzo de la huelga, pues todo cuanto hemos hecho por ellos aquí —y no ha sido bagatela, dado que les hemos procurado socorros por más de 15.000 francos— lo hemos hecho en la idea de que trabajábamos para internacionalistas; ¡y ahora nos enteramos de que no sólo no eran de los nuestros, sino de que, después de todo lo que hemos hecho por ellos, aún no se han afiliado! Esto es verdaderamente fuerte, y por lo que a mí respecta, para semejantes ingratos estoy decidido a no hacer absolutamente nada más. ¿Acaso llaman estos señores solidaridad al hecho de tomar el dinero de los obreros ingleses y de otros, que les procura la Internacional, y luego, después de habérselo embolsado, no afiliarse a nuestra Asociación como primera prueba de que están dispuestos a hacer lo mismo por los demás?

No es así como comprendemos aquí la cosa, y no es para semejante gente que debe trabajar la Internacional. Quienes piden participar en los beneficios de nuestra Asociación deben estar también dispuestos a soportar su parte de las cargas, y la menor prueba que podrían dar de ello es la de afiliarse. Unos individuos que piden a gritos el dinero de los internacionalistas y que, sin embargo, se niegan a pertenecer a los nuestros, esa gente merece que los burgueses los exploten con mayor saña aún, porque rechazan el único medio de salvación posible contra la explotación burguesa: la asociación y la organización de los obreros de toda Europa. Desde que existe la Internacional, no se ha producido aún un caso semejante. A los cigarreros de Amberes estaba reservado el honor de mendigar el auxilio de la Internacional y, después de haberlo obtenido, mandarnos a decir: ¡gracias, señores, pueden ustedes retirarse, ya no los necesitamos, ahí está la puerta!

Espero juzgarlos con demasiada dureza y que se hayan afiliado ya para hoy, pero si no lo hacen inmediatamente, convendrá usted en que su conducta es innoble en sumo grado, y mientras no reciba la noticia de su afiliación, me opondré a que se les envíe un solo céntimo más. Podemos emplear nuestro dinero de manera mucho más útil para hombres que están con nosotros.

Usted me pregunta si los cigarreros de Londres están afiliados. Pues sí, ciertamente, y desde la fundación de la Internacional. Su presidente, el ciudadano Cohn, los representa en el Consejo General. Le he hablado de la carta que usted desea que escriba a los de Amberes respecto a la afiliación, mas ¿qué efecto puede surtir una carta allí donde 15.000 francos no han surtido el suyo?

Le Werker nos llega todavía muy irregularmente y sólo un ejemplar. Como hay aquí muy pocos obreros que comprendan el flamenco, será muy difícil encontrarle suscriptores; no obstante, he rogado a los miembros del Consejo que hagan propaganda en favor de su periódico.

No habrá congreso posible este año; las persecuciones de los gobiernos en Francia, España, Alemania, Austria y Hungría lo impiden de manera absoluta. En su lugar se celebrará una Conferencia privada para reforzar nuestra organización, pero sobre este particular el Consejo General sólo podrá corresponder con los diversos Consejos centrales. Por lo demás, dudamos que el gobierno holandés sea lo bastante liberal para dejar plena libertad a nuestro congreso, en el que, después de los acontecimientos de París, vendrían al orden del día cuestiones muy delicadas.

En la última sesión del Consejo General hubo una reorganización de las secretarías; he recibido España e Italia y he cedido Bélgica al ciudadano Alfred Herman de Lieja, recomendado para este puesto por el último Congreso belga. Por tanto, será él quien en adelante corresponda con usted.

Saludo y fraternidad.
F. Engels