Londres, 13 de febrero de 1871.  
Al Consejo Federal de la Región Española de la Asociación Internacional de los Trabajadores  

Ciudadanos:  

Con sumo placer ha recibido el Consejo General vuestra carta del 14 de diciembre. Vuestra carta precedente, del 30 de julio, también nos llegó; fue entregada al ciudadano Serraillier, secretario para España, con instrucciones de haceros llegar nuestra respuesta. Pero el ciudadano Serraillier, poco tiempo después, se trasladó a Francia para combatir por la República, y, desde que se halla encerrado en París, [...] . Si, por consiguiente, no habéis recibido respuesta a vuestra carta del 30 de julio, que aún está en sus manos, ello se debe a esa circunstancia. Ahora bien, el Consejo General, en su sesión del 7 corriente, ha encargado al abajo firmante, F. E., con carácter interino, de la correspondencia con España y le ha entregado vuestra última carta.

Entre tanto, hemos recibido con regularidad los periódicos obreros españoles: *La Federación* de Barcelona, *La Solidaridad* de Madrid (hasta diciembre de 1870), *El Obrero* de Palma (hasta su suspensión) y, recientemente (solo el primer número), *La Revolución Social* de Palma. Esos periódicos nos han mantenido al corriente de lo que sucede en España en relación con el movimiento obrero; hemos visto con gran satisfacción que las ideas de la revolución social se convierten cada vez más en patrimonio común de la clase obrera de vuestro país.

Sin duda, las vanas declamaciones de los antiguos partidos políticos, como vosotros decís, han atraído demasiada atención popular y han formado así un gran obstáculo a nuestra propaganda.

Tal cosa ha ocurrido en todas partes, en todos los países, en los comienzos, en los primeros años del movimiento proletario.

En Francia, en Inglaterra, en Alemania, los socialistas han estado y están aún en la necesidad de combatir la influencia y la acción de los viejos partidos políticos, ya sean aristocráticos o monárquicos, burgueses, monárquicos o incluso republicanos. La experiencia ha demostrado por doquier que el mejor medio de emancipar a los obreros de esta dominación de los viejos partidos ha sido fundar, en cada país, un partido proletario, con una política propia, que se distinga muy claramente de la de los demás partidos, y que prescriba todos los principios, ya que ha de expresar las condiciones de la emancipación de la clase obrera. Los detalles de esa política podrán variar según las circunstancias particulares de cada país; pero como las relaciones fundamentales del trabajo con el capital y la dominación política de las clases poseedoras sobre las clases explotadas existen por doquier, los principios y el fin de la política proletaria serán idénticos en todas partes, al menos en todos los países occidentales. Las clases poseedoras —aristócratas terratenientes y burgueses— mantienen en servidumbre al pueblo trabajador no sólo mediante el poder de su riqueza, por la simple explotación del trabajo por el capital, sino también por la fuerza del Estado, por el ejército, la burocracia y los tribunales. Sería renunciar a uno de los más poderosos medios de acción, y sobre todo de organización y propaganda, que renunciar a combatir a nuestros adversarios en el terreno político. El sufragio universal nos proporciona un excelente medio de acción.

En Alemania, los obreros, fuertemente organizados como partido político, han logrado enviar seis diputados a la llamada representación nacional; y la oposición que nuestros amigos Bebel y Liebknecht han podido hacer allí contra la guerra de conquista acaba de actuar con más fuerza en interés de nuestra propaganda internacional de lo que lo hubieran hecho años de propaganda por la prensa y las reuniones. En este momento, en Francia también, acaban de ser elegidos representantes obreros, que proclamarán en alta voz nuestros principios ante la Asamblea Nacional. En las próximas elecciones, lo mismo sucederá en Inglaterra.

Con placer nos enteramos de que tenéis a bien remitirnos las cotizaciones de las secciones de vuestro país; las recibiremos con gratitud. Sírvase remitírnoslas por giro a algún banquero de Londres, a la orden de John Weston, nuestro tesorero, y por carta certificada dirigida al firmante, ya sea a 256, High Holborn, Londres (sede de nuestro Consejo), ya a su domicilio en 122, Regent's Park Road.

Esperamos asimismo con sumo interés la estadística de vuestra federación, que nos prometéis enviar.

En cuanto al Congreso de la Internacional, es inútil pensar en ello mientras dure la actual guerra. Pero si, como parece, la paz se restablezca pronto, el Consejo se ocupará inmediatamente de esta importante cuestión y tomará en consideración vuestra amistosa invitación a convocarlo en Barcelona.

Todavía no tenemos secciones en Portugal; quizá os sea más fácil a vosotros que a nosotros entablar relaciones con los obreros de aquel país. Si así fuera, escribidnos de nuevo al respecto. Asimismo creemos que será preferible, al menos para el comienzo, que seais vosotros quienes abráis relaciones con los tipógrafos de Buenos Aires, sin perjuicio de informarnos más tarde de los resultados obtenidos.

Entretanto, nos prestaríais un agradable servicio, útil a la causa, si quisierais enviarnos un número de los “Anales de la Sociedad Tipográfica de B. A.” para tomar conocimiento del mismo.

Por lo demás, el movimiento internacional continúa marchando a pesar de todos los obstáculos. En Inglaterra, los consejos centrales de los oficios (Trades’ Councils) de Birmingham y de Manchester acaban de afiliarse directamente a nuestra Asociación, y, con ellos, los obreros de las dos más importantes ciudades manufactureras del país. En Alemania, sufrimos por el momento la misma persecución de parte de los gobiernos que Luis Bonaparte nos hizo sufrir en Francia hace un año. Nuestros amigos alemanes, de los cuales más de cincuenta se hallan en prisión, sufren literalmente por la causa internacional; han sido detenidos y procesados por haberse opuesto con todas sus fuerzas a la política de conquista y por haber pedido que el pueblo alemán fraternizase con el pueblo francés. En Austria también han sido encarcelados muchos amigos nuestros, pero el movimiento sigue en marcha, no obstante. En Francia, nuestras secciones han sido en todas partes el alma y la fuerza de la resistencia republicana contra la invasión; se han apoderado del poder local en las grandes ciudades del sur; y si Lyon, Marsella, Burdeos, Toulouse han desplegado una energía desconocida en otras partes, ha sido gracias a los esfuerzos de los internacionales. En Bélgica estamos sólidamente organizados; nuestras secciones belgas acaban de celebrar su sexto congreso regional. En Suiza, las diferencias que habían surgido entre nuestras secciones hace algún tiempo parecen estar allanándose. De América hemos recibido la adhesión de nuevas secciones francesas, alemanas y checas (de Bohemia), y, por lo demás, seguimos en relaciones fraternales con la gran organización de los obreros americanos, la Liga del Trabajo (Labour League).

En la esperanza de recibir pronto nuevas comunicaciones vuestras, os ofrecemos nuestro saludo fraternal.

Por el Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores  
F. E.