24 de nov. de 1871. Mis queridos Laura y Toole,

Entre los asuntos de la Internacional y las visitas de los communards, no he encontrado tiempo para escribir. Cómo me absorbe el tiempo podréis juzgarlo por un solo caso. En Petersburgo han estado traduciendo «Das Kapital» al ruso, pero habían reservado el primer capítulo porque yo les había pedido que lo hicieran, ya que desde entonces me proponía reescribirlo de una manera más popular. Desde los sucesos de París, no he dejado de verme impedido de cumplir mi promesa y al fin me vi obligado a limitarme a unas pocas modificaciones, para no detener por completo la marcha de la publicación. En cuanto a las calumnias contra Toole, todo es pura patraña, un infundio de la rama francesa número 2. Serraillier, el secretario para Francia, escribió inmediatamente a Burdeos. Las seis secciones allí existentes han respondido con un voto de absoluta confianza al ilustre Toole. En lo que concierne a los escándalos ocurridos en Londres y Ginebra, debo empezar por el principio. Entre otros refugiados franceses, habíamos admitido en el Consejo General a Theisz, Chalain y Bastelica. Apenas admitido este último, propuso a Avrial y Camélinat, pero est modus in rebus, y encontramos que ya había suficientes proudhonianos en nuestras filas. Con diversos pretextos, la elección de estos dos personajes se retrasó, pues, hasta la Conferencia, y se abandonó después de la Conferencia, por haber aprobado ésta una resolución que nos invitaba a no admitir a demasiados refugiados. De ahí las grandes cóleras de los ciudadanos Avrial y Camélinat. En el Congreso mismo, la Resolución sobre la acción política de la clase obrera fue violentamente combatida por los bakuninistas: Robin, el español A. Lorenzo y el corso Bastelica. Este último, un individuo cabeza hueca y muy pretencioso, llevó la peor parte y fue tratado con bastante dureza. Su principal cualidad —es decir, su amor propio— lo puso en ebullición. Hubo otro incidente. Con motivo del asunto de la «Alianza de la Democracia Socialista» y del diferendo en la Suiza romanda, la Conferencia nombró un Comité (del cual fui miembro), que se reunió en mi casa. Se convocó como testigos a Outine, por un lado, y a Bastelica y Robin, por el otro. Robin se comportó del modo más mezquino y cobarde. Después de haber expuesto lo suyo (al comienzo de la sesión), declaró que debía marcharse y se levantó para salir. Outine le dijo que debía quedarse, que el interrogatorio debía ser serio, que no le gustaba hablar de él en su ausencia. Robin, mediante una serie de movimientos tácticos admirables, se aproximó a la puerta. Outine lo increpó violentamente, diciéndole que tendría que acusarlo como el principal artífice de las intrigas de la Alianza. Entretanto, para asegurarse una retirada segura, el gran Robin había entreabierto la puerta y, al marcharse, como un verdadero parto, lanzó a Outine estas palabras: Entonces, le desprecio a usted. El 19 de septiembre hizo comunicar a la Conferencia, por mediación de Delahaye, la epístola siguiente:

«Citado como testigo a propósito del conflicto suizo, en la comisión nombrada para examinarlo, acudí a ella con la esperanza de contribuir a un apaciguamiento. Puesto directamente en entredicho, declaro formalmente que no acepto el papel de acusado y me abstengo de asistir a las sesiones de la conferencia en las que se debata la cuestión suiza. 19 de sept. de 71. P. Robin.»

Varios miembros de la Conferencia, como Depaepe, pidieron la expulsión inmediata del susodicho del Consejo General, pero, por consejo mío, se decidió pedirle que se retractase de su carta y, en caso de negativa, dejar el asunto en manos del Consejo General. Robin, obstinándose en mantener su carta, fue al fin expulsado del Consejo. Entretanto, me había dirigido a mí mismo el siguiente billete amoroso del 28 de sept.:

«Ciudadano Marx:

Le he tenido a usted grandes obligaciones personales que no me pesaron mientras creí que nada podría alterar la respetuosa amistad que le profesaba. Hoy, no pudiendo subordinar mi gratitud a mi conciencia, creo, con el pesar de romper con usted, deberle esta declaración. Estoy convencido de que, cediendo a odios personales, ha formulado usted o apoyado acusaciones injustas contra miembros de la Internacional, objeto de esos odios o cuyo único delito es no compartirlos.

P. Robin.»

No consideré que valiera la pena responder a R. R. R. — Robin mouton. (Rabelais lo conoce ya con ese nombre y lo enumera especialmente entre los carneros de Panurgo.) Ahora vuelvo a nuestros carneros. Después de la Conferencia, Avrial y Camélinat impulsaban la formación de una rama francesa («Section française de Londres de 1871»). Colaboraban en ello Theisz, Bastelica (que ya había resuelto regresar a Suiza y quería crear un apoyo londinense para Bakunin antes de su partida) y Chalain (un farsante sin valor alguno). Publicaron sus estatutos particulares en el periódico «Qui Vive», del que hablaré más tarde. Estos estatutos eran contrarios a los Estatutos Generales. Entre otras cosas, esos señores (eran veinte, entre ellos algunos soplones; su secretario era el ilustre Durand, a quien el Consejo General ha estigmatizado públicamente como soplón y expulsado de la Internacional) se arrogaban el derecho de nombrar delegados al Consejo General con mandatos imperativos, decidiendo al mismo tiempo que ningún miembro de su sección debía aceptar un nombramiento como miembro del Consejo General, salvo en el caso de que fuera enviado como delegado por la Sección misma.

Incluso antes de la confirmación de sus estatutos por el Consejo General, tuvieron la impudencia de enviarle como delegados a Chautard (un cretino que durante la Comuna fue la irrisión de París) y a Camélinat. Se les invitó cortésmente a retirarse y a esperar la confirmación de sus estatutos por el Consejo General. Fui encargado de hacer la crítica de los mismos. Esta primera misiva del Consejo a la nueva Sección estaba aún redactada en tono conciliador. Sólo se les pidió la supresión de los artículos contrarios a la letra y al espíritu de los Estatutos y Reglamentos generales. Estaban furiosos. Avrial (con la colaboración de Theisz y Camélinat) preparaba la respuesta, que le costó dos semanas de trabajo y a la que Vermersch (Père Duchesne) dio el último toque literario. Ese individuo se había deslizado entre ellos porque habían fundado con algunos tipógrafos (refugiados) el periódico «Qui Vive», bajo la redacción provisional de Le Verdet (filósofo schopenhaueriano). Vermersch los halagó y los azuzó contra el Consejo General para apoderarse de ese periódico —y lo consiguió. Enviaron a Bastelica a Suiza y recibieron de allí la consigna: el Consejo General estaba bajo el yugo del pangermanismo (¡ése era yo!) autoritario, etc. El primer deber de todo ciudadano era trabajar por la caída de ese Consejo usurpador, etc. Todo esto emanaba de Bakunin (que actuaba por medio del ruso N. Zoukowski, secretario de la Alianza en Ginebra, Guillaume, etc.), cuya camarilla (por lo demás, muy poco numerosa en Suiza) se había coaligado con Madame Andrée Léo, Malon, Razoua y un pequeño grupo de otros refugiados franceses descontentos por desempeñar un papel secundario o ningún papel en absoluto.

De paso: todos los imbéciles que habían sido miembros del Consejo federal de París o que falsamente pretendían haberlo sido, como p. ej. Rouillier, ese gritón, vocinglero, borrachín, se habían halagado con ser admitidos — como de derecho — miembros del Consejo General. Theisz (que había sido nombrado tesorero del Consejo General, no secretario para Francia) y Bastelica presentaron su dimisión como miembros del Consejo, fundándose en el artículo de sus estatutos que les prohibía aceptar un nombramiento del Consejo. Por fin respondí a la carta embellecida por el Père Vermersch, cuyo espíritu es mucho más flamenco que francés. La respuesta fue tan aplastante y al mismo tiempo tan irónica que decidieron no continuar su correspondencia con el Consejo. Por tanto, no fueron reconocidos como Sección Internacional. El Père Vermersch se había convertido en el redactor jefe del «Qui Vive». En el número 42 imprimió la carta de Chautard, Chouteau (ya denunciado como soplón en La Patrie en danger por Rigault), de Landeck, que había dado su palabra al señor Piétri (véase el último proceso de los internacionales de París) de retirarse de la Internacional y de la política —y de gentuza similar—, en la cual denuncian la Resolución de la Conferencia que dice que los obreros alemanes (que habían hecho manifestaciones contra la anexión de provincias francesas, y más tarde en favor de la Comuna, y muchos de los cuales sufren todavía en este momento las persecuciones de Bismarck) habían cumplido con su deber, ¡y hacían de ello una prueba flagrante de «pangermanismo»! Eso fue demasiado para los buenos de Theisz, Camélinat y Avrial. Se negaron a firmar. Como miembros del Consejo administrativo del «Qui Vive», tuvieron todavía otros altercados con Vermersch a causa de una novela inmoral que publicó en el folletón. Vermersch, que ya no necesitaba a esos señores, los atacó entonces, sin nombrarlos, en el «Qui Vive». También tiene querellas, a causa de sus artículos nauseabundos, con otros refugiados, y creo que ayer recibió bofetadas de parte de Sicard. Ahora se quiere apartarlo a toda costa de la redacción. ¡Veremos! Se cree que está pagado por Versalles para comprometer a los communards. Para terminar: en Londres la conspiración ha fracasado. La rama francesa número 2 está en plena disolución (huelga decir que Le Lubez, Bradlaugh, Besson, etc., la habían empujado). Se ha formado otra sección francesa mucho más numerosa y de acuerdo con el Consejo General. En lugar de los dimisionarios, hemos nombrado miembros del Consejo a Ant. Arnaud, F. Cournet y G. Ranvier. En Ginebra, la «Alianza», con Andrée Léo, Malon, etc., publican un pequeño periódico «La Révolution Sociale» (redactado por un tal Claris) donde atacan abiertamente al Consejo General y a la Conferencia. Pangermanismo (cabezas alemanas y bismarckianas), autoritario, etc., etc. La secta «Federación Jurassiana» (la misma camarilla bajo otro nombre) ha celebrado un congresito en Sonvilliers (Jura bernés) donde se ha resuelto invitar a todas las Secciones de la Internacional a unirse a la Federación jurassiana para provocar con urgencia la reunión de un Congreso especial en el que se examine la conducta del Consejo y se anulen las resoluciones de la Conferencia, por ser contrarias al principio de autonomía que dichas resoluciones «violan abiertamente». Se protesta especialmente contra las Resoluciones II, 2, 3, IX (Acción política de la clase obrera), XVI y XVII. No se atreven a hablar de la resolución XIV, que es particularmente desagradable para Bakunin, porque desvelará a toda Europa las torpezas que cometió en Rusia. La actitud del Consejo Federal de Madrid (trabajado por Bakunin y Bastelica) es muy sospechosa. Engels —desde la partida de Lorenzo, y a pesar de todo— no ha recibido respuesta alguna a sus numerosas cartas. Están imbuidos de la doctrina de la abstención en política. Engels les ha escrito hoy que, si su silencio se prolonga, se tomarán medidas. En todo caso, Toole debe actuar. Le enviaré ejemplares ingleses y franceses de la nueva edición, revisada y aumentada, de los Estatutos y Reglamentos. Nuestros adversarios están de mala suerte. Como dije anteriormente, el primer secretario de la Sección disidente de Londres era G. Durand, a quien hemos desenmascarado como agente de Versalles. Los bakuninistas Blanc y Albert Richard (de Lyon) se han vendido a Bonaparte. Estaban aquí para reclutar miembros bajo su bandera, ¡puesto que Bonaparte es mejor que Thiers!

Finalmente, el corresponsal de los refugiados hostiles en Ginebra en Béziers – poco más o menos su único corresponsal francés – nos ha sido denunciado por la sección de Béziers como policía (¡es secretario del Comisario central)! Espero recibir pronto buenas noticias sobre la salud de mi querido Schnaps y de toda la familia. Old Nick. A propósito, Theisz ha perdido toda influencia en París a causa de los elogios que los periódicos versalleses han dedicado a él y al viejo Beslay. 8 Bastelica está a la cabeza de los lacayos de Bakunin. Debo añadir todavía que los ataques contra nosotros por parte de la “Révolution Sociale” de Ginebra están concebidos poco más o menos en los mismos términos que los del Journal de Genève (el periódico más reaccionario de Europa) y del Times, que os envío. El periódico del que habla el Times es el Journal de Genève.

El siguiente párrafo escrito por Friedrich Engels:
Mi querido Toole, os agradezco vuestra carta, de la que he hecho buen uso en el Consejo. Hoy mismo parte mi ultimátum al Consejo federal de Madrid, en carta certificada; les digo que si su silencio continúa, deberemos proceder como nos lo dictará el interés de la Internacional. Si no responden, o de manera inconveniente, os enviaremos de inmediato plenos poderes para toda España. Mientras tanto, vos tenéis, como cualquier otro miembro, el derecho, según nuestros estatutos, de formar nuevas secciones. Es importante que, en caso de escisión, siempre tengamos un punto de apoyo en España, incluso si toda la organización actual desertara con armas y bagajes al campo bakuninista; y entonces solo podremos contar con vos. Haced, pues, lo que podáis para [...] reanudar por todas partes las comunicaciones con los hombres que puedan sernos útiles en tal caso. Esos bakuninistas quieren transformar a toda costa la Internacional en una Sociedad abstencionista, pero no lo conseguirán. La Federación de Barcelona y La Emancipación de Madrid no nos llegan sino muy irregularmente, de modo que no puedo saber si la intriga no ha comenzado ya a desvelarse en esos periódicos. Pero siempre han predicado la abstención, que probablemente les parece una cuestión mucho más importante que las cuestiones económicas. ¡He ahí a dónde llegan con su abstención de la política: ellos mismos hacen de la política el punto más importante! Dad muchos recuerdos de mi parte a Laura y besad al pequeño Schnaps por mí. Siempre vuestro. F.E.