de impedir por la fuerza que la opinión pública se exprese, no tendrían más que emplear el método prusiano y, con el pretexto de la guerra, sólo tendrían que proclamar el estado de sitio en toda Francia. Los únicos soldados franceses que se encuentran en territorio alemán son los _Que se pudren en las mazmorras prusianas. Pero no por esto el gobierno de Prusia deja de sentirse obligado a mantener rigurosamente el estado de sitio, es decir, la forma más brutal y repugnante del despotismo militar, la supresión de toda legalidad. El suelo francés está ocupado por cerca de un millón de invasores alemanes. Y sin embargo el gobierno francés puede renunciar, sin el más mínimo temor, a los métodos prusianos destinados a «hacer posible la libre expresión de las opiniones». ¡Compare usted estos dos panoramas! Pero resultó que Alemania era un campo demasiado estrecho para el amor universal que Bismarck experimenta por la libertad de opinión. Cuando los luxemburgueses manifestaron su simpatía por Francia, Bismarck tomó la manifestación de estos sentimientos, entre otras cosas, como un pretexto para sustraerse a las obligaciones del tratado de neutralidad de Londres. En cuanto la prensa belga cometió un pecado similar, el embajador prusiano en Bruselas, von Balan, invitó al ministerio belga a prohibir, no sólo todos los artículos antiprusianos en los periódicos, sino incluso los simples reportajes cuyo carácter pudiera, según dijo, alentar a los franceses en su guerra de independencia. Exigencia muy modesta, en verdad: abrogar la constitución belga pour le roi de Prusse [para el rey de Prusia]. En cuanto unos periódicos de Estocolmo se permitieron lanzar algún chiste inocente sobre la conocida «piedad»! de Guillermo Anexandro? Bismarck abrumó el Gabinete sueco con cartas furibundas. Hasta en el meridiano de San Petersburgo logró descubrir una prensa demasiado libre. Por humilde petición de él, los redactores de los principales periódicos de San Petersburgo tuvieron que comparecer ante el jefe de la censura, quien les ordenó que se abstuvieran de cualquier observación crítica sobre el fiel vasallo prusiano del zar. Uno de estos redactores Zagouliaiev, cometió la imprudencia de revelar el secreto de esta advertencia desde las columnas del Golos; inmediatamente, la policía rusa le cayó encima y lo relegó en alguna lejana provincia. Sería un error creer que estos procedimientos de policía se deben únicamente al paroxismo de la fiebre guerrera. Muy por el contrario, constituyen la verdadera y sistemática aplicación práctica de los principios de la legislación prusiana. En efecto, el código penal prusiano contiene una asombrosa disposición, en virtud de la cual todo extranjero es susceptible 1 La santurronería del rey de Prusia era célebre.

2 Anexander, en lugar de Alexander: juego de palabras de Marx, donde Anexander evoca evidentemente anexión.

de ser perseguido, ¡en su propio país o en el extranjero, «por ofensa al - 2 prop” : rey de Prusia», trátase de acciones o de escritos! Francia combate en este momento —y su causa está lejos de ser desesperada— no sólo por su propia independencia nacional, sino por la libertad de Alemania y la de Europa.

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Karl Marx Londres, 16 de enero.

Tomada del inglés.