4 de noviembre de 1871.

Querido Liebknecht:

Vuestro mandato no pude utilizarlo en la conferencia. Se había acordado que los países no representados lo serían por sus secretarios. Así, pues, yo representaba a Italia y España, y de haber utilizado vuestro mandato solo habría privado a Marx de su escaño y su voto; así que lo dejé tranquilamente en el bolsillo.

Volviendo a tu desdichado Gögg, su caso se diferencia del de Odger siempre por dos puntos esenciales: 1) Odger es siempre un obrero, mientras que Gögg es por naturaleza un pequeñoburgués y lo seguirá siendo eternamente; si tú te cuentas con Gögg en un mismo partido, nosotros aquí desde luego que no lo hacemos; 2) nosotros hemos echado a Odger, mientras que tú te aferras a tu Gögg y no quieres desprenderte de él. ¿O acaso nos reprochas que no hayamos conservado a Odger como tú a Gögg?

La readmisión de B. Becker la habías excusado expresamente con que os faltaban tanto «capacidades». Así que debes de haberlo tenido por tal. A qué otra dirección que la tuya debo dirigir mis «groserías», no lo sé. Ciertamente, empiezo poco a poco a acostumbrarme a que nos plantees toda clase de exigencias, pero no pienses en cumplir ni siquiera las contraprestaciones más obvias. Pronto me parecerá de lo más natural, después de haberte enviado el manuscrito de todo un folleto, tener que encargar algunos ejemplares para mí mismo en la librería, y al mismo tiempo leer en tus cartas que la cosa marcha estupendamente. En otros países, cuando el Consejo General envía un panfleto listo para imprimir, se le envían, sin que él lo pida, no solo los ejemplares que le corresponden, sino también una parte de la ganancia. En Alemania se exige que además pague los ejemplares. De que eso no sucederá, puedes estar bien seguro. Como no tengo ganas de figurar como deudor en vuestros libros, devuelvo la factura y exijo una nueva. Las otras cosas que he encargado para mí, o sea, Marx y la asociación obrera alemana, las pagaremos naturalmente en cuanto la factura esté en regla.

Te he enviado regularmente cada semana el *Eastern Post*. Ayer mismo, uno junto con el *Times* del 27 de oct., en el que hay un art. sobre la Internacional (de buena fuente). Si no has recibido estas cosas, hazlo público de inmediato en el *Volksstaat*. Ese Stieber debe notar que se le vigila de cerca.

En la correspondencia adjunta, la respuesta al Schwitzguebel. Este individuo es uno de los principales intrigantes de la camarilla bakuninista del cantón de Neuchâtel, que desde hace 2 años intentan romper la Internacional en Suiza, después de que su intento de apoderarse de ella fracasara estrepitosamente. Es la continuación de la *Alliance de la Démocratie Socialiste* en el Jura. Han usurpado el título de *Comité Fédéral Romand* y lo han conservado a pesar de la prohibición del Consejo General; ahora la conferencia les ha puesto fin por fin. Si Elpidin te envía algo para su publicación (lo que dudo), lo mejor es que se lo devuelvas sin más, le des mi dirección y le digas que, para más aclaraciones, se dirija directamente a mí, yo le serviré de manera que no te moleste más. La historia es demasiado larga para contarla aquí.

Recibirás los acuerdos de la conferencia en alemán y listos para imprimir en 1 o 2 días; la traducción se está haciendo ahora mismo. Sorge está atendido.

Por lo demás, la cosa marcha excelentemente, últimamente tenemos en Italia una multitud de órganos; te adjunto la lista para su publicación, y la correspondencia es tan viva que me da un trabajo endiablado. Por el *Eastern Post* enviado ayer habrás visto que hemos fundado aquí un *English Federal Council*, con lo que hemos quitado al Consejo General los detalles exclusivamente ingleses, lo que era muy necesario. El consejo irlandés seguirá pronto. Los estatutos revisados están en inglés en imprenta, la traducción al francés, alemán e italiano en proceso. Todas estas cosas nos han causado un enorme trabajo, ya que Marx y yo hemos tenido que ocuparnos y redactar casi todo. Además, Marx ha estado de nuevo indispuesto, tenía un absceso bajo la axila y aún debe guardar cama por un resfriado. Johannard, de la Comuna, ha llegado aquí hace poco y ha vuelto a ocupar su antiguo escaño en el Consejo General. Jules Vallès también está aquí; Ranvier ya vino durante la conferencia; Sicard llegó estos días. Que Jaclard –uno de los mejores–, fugado de la prisión con Okolowicz, ha llegado felizmente a Berna, lo sabrás. En general, son en su mayoría gente estupenda; entre la masa de refugiados se encuentra, naturalmente como siempre, algo de chusma de la peor calaña, entre ellos Vermersch, redactor del *Père Duchêne*; un canalla de primera.

Saludos cordiales a ti y a los tuyos.
Tuyo,
F. E.