Sobre el progreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores en Italia y España

The Eastern Post, núm. 160, 21 de octubre de 1871

Las noticias procedentes de Italia eran de lo más alentadoras; la difusión de la Asociación era realmente prodigiosa en aquel país. Tres meses atrás, Mazzini afirmaba que solo había una ciudad en Italia donde la Internacional contara con numerosos adeptos. Ahora, de un extremo al otro del país, está plenamente implantada. Está representada en la prensa por uno, si no dos, diarios en Roma; un diario en Milán; un bisemanario en Turín; semanarios en Rávena, Lodi, Pavía, Girgenti y Catania, además de otros varios periódicos publicados en localidades más pequeñas. Estos periódicos están sometidos a incesantes persecuciones gubernamentales; a uno de ellos, El Proletario Italiano de Turín, la policía le incautó seis números consecutivos, y se incoaron contra él una o más acciones judiciales por cada número incautado; a pesar de ello, esos periódicos prosiguen impertérritos su cruzada contra los curas, los capitalistas y Mazzini, el cual ha venido atacando a la Internacional por no ser religiosa. El gobierno ha disuelto dos secciones de la Internacional en Florencia y Nápoles, pero el único resultado ha sido la inmediata formación de nuevas secciones por todo el país. En Girgenti, la nueva sección acaba de publicar su reglamento, precedido de la traducción de los Estatutos publicados por el Consejo General; en Rávena, seis sociedades republicanas y obreras se han organizado como secciones de la Internacional, con un consejo común.

Las cartas de Garibaldi, en las que expresa su adhesión a la Asociación, se reimprimen y comentan por doquier, y han ayudado evidentemente a muchos indecisos a decidirse en favor de la Internacional. El poder de Mazzini sobre los obreros italianos está completamente quebrantado.

En España el progreso de la Asociación ha sido tan rápido como en Italia. Las uniones de oficio españolas, creadas casi exclusivamente por la Internacional, constituyen una parte esencial de su organización. Las uniones de oficio de cada localidad tienen un consejo local de oficios, que se comunica directamente con el Consejo Federal Español en Madrid sobre cuestiones generales relativas a la Internacional; mientras que cada oficio en todo el país está, a su vez, bajo la dirección de una Junta Central, que se comunica con el Consejo Federal Español sobre todos los asuntos propios de su oficio.

Esta organización, tal como se fijó definitivamente en la Conferencia de Valencia, celebrada del 10 al 18 de septiembre de 1871, se está implantando en toda España. Apenas queda una sola ciudad grande en España que no cuente con su «consejo local de oficios», y muchísimos pueblos pequeños están organizados sobre el mismo principio. Por doquier se forman nuevas secciones, y las adhesiones individuales se cuentan por centenares. El partido republicano, que hace solo poco tiempo atacaba a la Internacional tachándola de partido de «jesuitas», ha tenido que sentir agudamente su fuerza. La insurrección de la Comuna de París ya había escindido al partido republicano en dos campos. El sector burgués se puso del lado de Versalles, mientras que los elementos más jóvenes y los obreros republicanos apoyaron a la Comuna. Este último sector se ha ido acercando, naturalmente, cada vez más a la Internacional, y pronto ingresará en sus filas, fortaleciéndola así con la adhesión de numerosos y valiosos elementos nuevos.

Los periódicos republicanos pertenecientes a este sector empiezan a defender la nacionalización de la tierra y otros postulados socialistas; a ellos pertenecen La Asociación, de León; El Comunero, de Madrid; La Justicia, de Málaga; El Trabajo, de Ferrol y otros. En una gran reunión republicana celebrada en Madrid el 15 de octubre, la propuesta de acción conjunta con la Internacional fue aclamada con entusiasmo.