Querida Jenny:
Hoy toca por fin a su fin la Conferencia. Ha sido un trabajo duro. Sesiones por la mañana y por la tarde, entremedias sesiones de comisión, audición de testigos, redacción de informes, etcétera. Pero también se ha conseguido más que en todos los congresos anteriores juntos, porque no había público ante el cual representar comedias retóricas. Alemania no estuvo representada; de Suiza, solo Perret y Outine.
La semana pasada, el partido revolucionario de Roma ofreció un banquete a Ricciotti Garibaldi; la reseña del mismo, publicada en el periódico romano «La Capitale», me ha sido enviada. Un orador (el señor Luciani) pronunció un brindis, acogido con gran entusiasmo, por la clase obrera y «por Carlo Marx, que se ha convertido en su incansable instrumento». ¡Amargo esto para Mazzini!
La noticia de mi muerte provocó en Nueva York una reunión de la «cosmopolitan society», cuyas resoluciones, publicadas en el «World», te adjunto.
Tussy ha recibido también una carta inquietante de los amigos de San Petersburgo.
Con Robin y Bastelica, los amigos y cointrigantes de Bakunin, las cosas fueron duras. Las revelaciones sobre la actividad de Robin en Ginebra y París fueron, en verdad, extrañas.
El artículo de Jennychen ha salido hoy para América.
Tu Karl.