Londres 11 de sept. de 71. Querido Liebknecht: No necesito ningún poder; como secretario para Italia y España probablemente tendré que representar de todos modos a dos países. Si vosotros enviáis a alguien, podréis nombrar a otros dos; los franceses aquí nombran también a tres. De lo contrario, podéis enviar tres mandatos, pero que deberían estar aquí el sábado.

Marx y yo no gastamos nombres secretos; cada cual tiene un solo nombre. ¿Por qué no envías los ejemplares de la edición alemana del Mensaje? Aquí nos interpelan a diario por ese motivo. Debo decir que esta manera de tratarnos no es la manera de alentarnos a seguir trabajando. No enviaré una línea más de manuscrito, y Marx tampoco, hasta que te dignes por fin guardarnos siquiera el decoro más elemental.

Comparar a monsieur Gögg con Odger es algo fuerte. En primer lugar, Odger tiene mil veces más sentido político a su manera que el estúpido badense, y en segundo lugar, como secretario del London Trades Council, Odger representó siempre a varios centenares de miles de obreros, y aún representa a toda una clase de ellos, mientras que jamás ha llegado a mis oídos que el señor Gögg haya representado a nadie más que a unos cuantos badenses reaccionarios y zoquetes de Suiza, los únicos verdaderos «zoquetes» que han quedado como ejemplares fósiles.

Pero si vosotros dais cabida en el Volksstaat a las lucubraciones de gente semejante, mientras nosotros arrojamos a los Odgers, entonces la analogía deja de tener sentido del todo.

En cuanto a Bernhard Becker, cuyas canalladas comenzaron ya aquí en Londres y que tú conoces, casi nos caemos de espaldas al leer que le habíais perdonado sus canalladas por su... ¡capacidad! Hasta ahora yo había sido de la opinión de que sus canalladas y su completa condición de canalla solo se le podrían disculpar, en todo caso, por su estupidez.

¡Pues bien, alegría os dará vuestra nueva adquisición! Ese canalla nunca os perdonará haber tenido que acudir a vosotros «con la soga al cuello».

Y en cuanto al periódico, ¡antes ninguno que uno de su calaña! Si el señor B. Becker no ha traicionado al partido, lo cual aún no sé con certeza, difícilmente es ello culpa suya. El hombre que fue capaz de escribir ese libelo inmundo sobre su señor y maestro Lassalle, es capable de tout.

El libro nos resultó interesante, pero el autor se había cubierto de desprecio para siempre. Marx se asombró mucho al encontrar en el Volksstaat el anuncio de que tú publicarías una historia de la Comuna, etc., etc. (núm. 73, pág. 4). Yo no menos. Cómo has llegado a eso nos resulta incomprensible. Yo no te he prometido nada semejante, y de dónde has sacado la noticia de que alguien, de acuerdo con el Consejo General, escribiría para el Volksstaat una historia auténtica de la Comuna, no lo sabemos. En todo caso, puesto que se menciona al Consejo General, te rogamos una aclaración, pues podrían producirse interpelaciones.

Dentro de poco vais a experimentar una linda persecución. No cabe duda de que Bismarck ha acordado con los austríacos y los italianos una cacería general. A Bismarck le importa poco; tiene algunos rencores personales que desahogar y quisiera además empujar de nuevo el movimiento obrero hacia los rieles schweitzerianos que le convienen; por lo demás, como junker, burgués especulativo y estadista superficial de éxito (todo lo cual es en una sola persona), no abriga temor alguno ante el fantasma rojo. Austria vuelve a ser enjabonada ahora con la «Internacional», exactamente igual que en 1823 en Verona y más tarde en Karlsbad con la «revolución» y los carbonarios. Pero es claro que, con todo ello, también os caerá algo a vosotros.

Mi mujer y la señora Marx están en Ramsgate; yo iré también esta semana un par de días, pero el sábado estaré de vuelta. Si no vienes tú, esperemos que venga Bebel. Nos alegra mucho que el chiquillo lo esté haciendo tan bien. Muchos saludos de Marx y míos a todos los tuyos.

Tu F. E.

De Lafargue, todavía ninguna noticia.