Señor director:

En su publicación de hoy traduce usted de la National-Zeitung de Berlín, notorio órgano de Bismarck, la más atroz calumnia contra la Asociación Internacional de los Trabajadores, en la que aparece el siguiente pasaje:

«“El capital —dice Karl Marx— trafica con la fuerza y la vida del trabajador”; pero este nuevo Mesías no ha avanzado él mismo un solo paso; le quita al mecánico el dinero que el capitalista le paga por su trabajo y, generosamente, le da a cambio una letra contra un Estado que quizás exista dentro de mil años. Cuántas historias edificantes se cuentan sobre la vil corrupción de los agitadores socialistas, qué vergonzoso abuso hacen del dinero que se les confía y qué mutuas acusaciones se lanzan a la cara unos a otros, son cosas que hemos aprendido sobradamente por los congresos y por los órganos del partido. Hay aquí un monstruoso volcán de inmundicias, de cuyas erupciones nada mejor podía salir que una Comuna de París.»

En respuesta a los escritores venales de la National-Zeitung, considero suficiente declarar que nunca he pedido ni recibido un solo penique de la clase obrera de este ni de ningún otro país.

Salvo el Secretario General, que percibe un salario semanal de diez chelines, todos los miembros del Consejo General de la “Internacional” realizan su trabajo gratuitamente. Las cuentas financieras del Consejo General, presentadas anualmente ante los Congresos Generales de la Asociación, han sido siempre aprobadas por unanimidad sin provocar discusión alguna.

Quedo de usted, señor director, su atento servidor,

Karl Marx

Haverstock Hill, 19 de agosto de 1871