para poner en orden el asunto, cuando tu mujer me trajo una carta de Tibaldi, en la que se le hacían a Rozwadowski otras promesas por medio de Dawydoff. Pero ya era demasiado tarde, y Rozwadowski tuvo que ir allá al menos por el momento. Si más tarde encontramos que puede arreglarse por todos lados, siempre podrá un francés, tal vez Beaufort, ocupar su puesto y él regresar y recibir los dineros rusos. Espero que el aire del mar te siente bien. Tuyo, F. E.