Lafargue, su familia y mis hijas están en los Pirineos; pero del lado francés de la frontera. Como Lafarguc nació cn Cuba, pudo con- seguir un pasaporte español. Sin cmbargo, descaría que se estableciese definitivamente del lado cspañol, porque en Burdeos desempeñó un papel dirigente.

Pese a mi admiración por su artículo cn la Beehive, lamento un po- co ver su nombre en ese periódico. (Y, de paso, permítame hacer la observación de que, como hombre de partido, mi actitud hacia la filo- sofía de Comtc_es enterzamente_ hostil, mientras que como hombre de ciencia tengo de ella una opinión muy pobre, pero en mi opinión usted os eHúnico comtista tanto cn Inglaterra como cen Francia, a analiza los puntos cruciales (crisis) de la historia, no como sectario sino como historiador cn el mejor sentido de la palabra.) La Beehive se autode- nomina periódico obrero, pero en realidad es el órgano de los renega

dos, vendido a Sam Morley y Cía.? Durante la última guerra franco- prusiana, el Consejo General de la Internacional se vio obligado a cor- tar toda vinculación con cste periódico y a declarar públicamente que era un falso periódico obrero. Pero con excepción del periódico londi- nense local The Erstern Post los grandes periódicos de Londres rehusa- ron publicar esta declaración. En tales circunstancias, su colaboración en Beehive es un sacrificio más que usted hace por la buena causa.

Una amiga mía parte dentro de tres o cuatro días para París. Le entrego pasaportes auténticos para miembros de la Comuna que toda: vía viven escondidos en París. Si usted o cualquiera de sus amigos tic- nen algún encargo para París, no deje de escribirme.

Lo que me consuela son los disparates que publican a diario la Petite Presse sobre mis escritos y mi vinculación con la Comuna; me los envían diariamente desde París. Esto demuestra que la policía de Versalles tiene grandes dificultades para conseguir documentos autén- ticos. Mis relaciones con la Comuna fueron mantenidas por intermcdio de un comerciante alemán que viaja todo el año de París a Londres. Todo era trasmitido verbalmente con excepción de dos asuntos:

Primero, por el mismo intermediario, les envié a los miembros de la Comuna una carta en respuesta a una pregunta de ellos acerca de cómo podrían negociar ciertos valores en la Bolsa de Londres,

Segundo,. el 11 de mayo, diez días antes de la catástrofe, les envié por la misma vía todos los detalles del acuerdo secreto concertado en Francfort entre Bismarck y Favre.

Esta información me la entregó la mano derecha de Bismarck ** una persona que en su tiempo (de 1848 a 1853) había pertenecido a la sociedad secreta de la que yo era dirigente. Este hombre sabe que conservo en mi poder todos los informes que me envió de y sobre Alc- mania. Depende de mi discreción. De ahí sus continuos esfuerzos por demostrarme sus buenas intenciones. Es la misma persona que mu previno, como ya le dije a usted, que Bismarck había decidido arres- tarme, si yo volvía a visitar este año al Dr. Kugelmann en Hannover.

¡Si la Comuna hubiese escuchado mis advertencias! Aconsejé a sus miembros que fortificasen el lado norte de las alturas de Montmar- tre, el lado prusirno, y entonces todavia tenían tiempo de hacerlo; les, previne que de lo contrario caerían en una trampa; les hice conocer los verdaderos propósitos de Pyat, Grousset y Vesinier, les pedí que man. dasen inmediatamente 1 Londres todos los documentos que compromc- tían a los miembros de la Defensa Nacional, para frenar en alguna me- dida la ferocidad de los enemigos de la Comuna: de esta manera se hubiera reducido a la nada el plan de la gente de Versalles.

Si los versalleses hubiesen descubierto estos documentos no ha- brían publicado otros fraguados.

* Sobre Bechive (Ja Colmena) y su propietario. el riquisimo fabricante de ropas de lana y famoso “filántropo”, ver N. de la ed. inglesa a la carta 71. (Ed.) e2 Johann Miquel, en un tiempo miembro de la Liga de los Comunistas. (Ed.

El mensaje de la Internacional? no aparecerá antes del miérco- les. Apenas salga le enviaré un ejemplar. Hubo que comprimir en dos pliegos un material que daba para cuatro o cinco, lo que dio lugar a numerosas correcciones, revisiones y erratas. De aquí también el retraso.