Londres, 20 de abril de 1871.

Querido Liebknecht:

Hoy tengo que comunicarte a toda prisa algo acerca de la llamada Asociación Democrática Internacional, que tal vez te sea del todo desconocida y que, por eso, pudiera ser confundida con nosotros. Es ésta una caricatura de la I.A.A. que vegeta en la oscuridad aquí desde hace algunos años, pero que de vez en cuando manifiesta la pretensión de darse importancia ante el público, es decir, de ponerse en ridículo, y no sin cierta tendencia secundaria a que se la confunda calladamente con la I.A.A. Como esta gente tuvo de nuevo el domingo pasado un mitin en Hyde Park a causa de la Comuna de París, el cual bajo sus auspicios tenía forzosamente que fracasar (incluso han difundido que nosotros habíamos enviado delegados, aunque se lo negamos rotundamente a una diputación que nos mandaron) –y como ahora también quieren fundar sociedades filiales en el continente y probablemente te harán remisiones a ti también–, es necesario contarte quiénes son estos individuos. Primero, el viejo camorrista palatino Weber, a quien conoces, y segundo, Le Lubez, a quien también llegaste a conocer. Te adjunto el recorte en el que comunican al mundo su confuso programa en un lenguaje confuso. En la medida en que resulta comprensible, es puramente burgués; lo que dicen sobre la procuración de trabajo y la asistencia a los incapacitados para trabajar ya lo cumple sobradamente la ley inglesa de pobres. De capital y trabajo se guardan de decir una palabra. La nacionalización de la tierra está aquí tan generalmente adoptada que no pudieron eludirla, y de por sí es tan poco antiburguesa que anteayer mismo un tory que posee su millón de táleros me declaró que él era partidario de ella. Weber, como sabes, es también partidario de Heinzen y simple «demócrata». Mientras estos tipos se han entregado aquí a su oscura existencia, los hemos dejado correr; pero si quieren propagarse, las colisiones serán inevitables y entonces les caeremos encima con toda contundencia.

El Volksstaat ha sido confiscado ayer otra vez por insultos al emperador, según se ha telegrafiado hasta aquí. Me extraña que no haya ocurrido antes; eres muy insolente… «por lo demás, esto ya está también muy bien», como decía Federico II.

Sobre la historia de Vogt habría que volver un par de veces más. Que no puede tratarse de otro Vogt que de Carl Vogt se desprende del contexto. En primer lugar, ningún otro Vogt es tan conocido como para que se pueda llamarlo Vogt a secas, sin nombre de pila ni señas. En segundo lugar, ¿qué otro Vogt ha merecido precisamente por aquel tiempo tantos servicios a la familia Bonaparte como para que se le remitieran 40.000 francos en agosto, inmediatamente después de terminada la campaña de Italia? Por lo demás, la fórmula: «il lui a été remis en Août 1859» indica que también recibió remesas en otras ocasiones. Cuantas más veces se vuelva sobre este punto, tanto más se verá obligada a tomarlo en cuenta la prensa burguesa, que escamotea todo esto. También habría que advertir de ello al Proletarier y al Volkswille.

Como la experiencia me ha demostrado que los agentes al estilo Stieber son tan inexpertos y torpes en la violación de cartas como en la fabricación de conspiraciones, te hago saber de una vez por todas que todas mis cartas para ti están debidamente lacradas con mi sello y las iniciales F. E. en letra gótica. Los prusianos no saben todavía abrir el lacre sobre goma con decoro y sin que se note; lo más frecuente es que rasguen el sobre por un lado con toscos puños. Por tanto, si mi sello no está claro y legible, tú ya sabes lo que ha pasado. En cualquier caso, tiene que irritar a esos bribones que pase por sus manos sin abrir una carta dirigida a ti y sellada con F. E.

Se acerca la hora del correo; todavía tengo que contarte varias cosas, pero he de cerrar.
Tuyo
F. E.