en Leipzig  

[Londres] 6 de abril de 1871  

Querido Liebknecht:  

La noticia de tu liberación y de la de Bebel, así como de la de los de Brunswick, fue acogida aquí en el Consejo Central con gran júbilo.  

Parece que los parisinos están sucumbiendo. Es culpa suya, pero una culpa que, de hecho, surgió de un exceso de honradez. El Comité Central y más tarde la Comuna dieron al malicioso aborto Thiers tiempo para concentrar fuerzas enemigas, 1. porque neciamente no quisieron abrir la guerra civil, como si Thiers no la hubiera abierto ya con su intento de desarme violento de París, como si la Asamblea Nacional, convocada únicamente para decidir sobre la guerra o la paz con los prusianos, no hubiera declarado inmediatamente la guerra a la República; 2. Para no cargar con la apariencia de un poder usurpador, perdieron momentos preciosos (había que marchar sin demora sobre Versalles después de la derrota [Place Vendôme] de los reaccionarios en París) a causa de la elección de la Comuna, cuya organización, etc., costó de nuevo tiempo.  

No debes creer ni una palabra de todo lo que leas en los periódicos sobre los acontecimientos internos en París. Todo es mentira y engaño. Jamás se ha manifestado de modo más brillante la bajeza del periodismo burgués.  

Es sumamente característico que el emperador de la unidad alemana, el imperio de la unidad y el parlamento de la unidad en Berlín parezcan no existir en absoluto para el mundo exterior. Cualquier soplo de viento en París interesa más.  

Debéis seguir atentamente la historia en los principados danubianos. Si la revolución en Francia es aplastada temporalmente —el movimiento allí sólo puede ser sofocado por breve tiempo—, se abrirá para Europa un nuevo capítulo bélico desde el Este, y Rumanía ofrecerá con ello el primer pretexto al zar ortodoxo. Así pues, estad atentos a ese lado.  

Uno de los fenómenos más cómicos de Londres es, sin duda, el ex studiosus Karl Blind. Este sujeto entrometido aprovechó con avidez la última guerra para pavonearse pangermanista. Fue el primero en gritar por Alsacia y Lorena. Tuvo la desvergüenza de negar incluso la gran actividad revolucionaria del pueblo francés en el pasado. ¡El bribonzuelo se atrevió incluso a advertir a los obreros de aquí que no se enemistaran con los obreros de Alemania por su participación en favor de Francia contra Prusia! Todas las semanas, el noble personaje envía a todos los periódicos de Londres un informe escrito por él mismo sobre la actividad de Karl Blind, de los cuales dos o tres son tan estúpidos que reproducen esos boletines de Karl Blind sobre Karl Blind para Karl Blind. Si se persigue tal sistema con constancia, uno acaba por imponerse al público. De ese modo, el gran personaje ha hecho creer a una parte del público de aquí que desempeña en Alemania el mismo papel que Mazzini en Italia en otro tiempo. En sus boletines cuenta lo que Karl Blind ha dejado traslucir en la “Freie Presse” de Viena, y cómo toda Alemania se queda sin aliento por estos sus oráculos y espera ansiosamente cada semana la consigna de Karl Blind. En efecto, sería deseable —pues este individuo, esta rana inflada, nos pone en ridículo a los alemanes aquí— que en el “Volksstaat” le aclararais de una vez la verdad acerca de ese sujeto y su “nulidad”. Nosotros haríamos traducir el asunto para la “Eastern Post” (un periódico obrero de Londres). Es muy sencillo. Karl Blind no existe para la clase obrera alemana, y una clase media republicana alemana, de la que él se pavonea como portavoz, no existe en absoluto y, por tanto, tampoco existe para Karl Blind. No está en ninguna parte. No hay que tomar en serio a estos fenómenos, pero tampoco hay que permitirles engañar al público con falsos pretextos.  

Laura estaba ya en Burdeos, algunos días antes de que comenzara el sitio de París.  

Nuestras hijas —Tussy y Jennychen (esta última padecía pleuresía)— partirán pronto igualmente hacia Burdeos.  

Bebel me obligaría mucho si me hiciera llegar con regularidad los informes taquigráficos del Reichstag unitario de Berlín.  

Una visita tuya aquí nos será muy bienvenida.  

El “Volksstaat” debe ser mantenido ahora a toda costa. Tengo algunas perspectivas de conseguir dinero para ello.  

Mi más cordial saludo para tu querida esposa.  

Tuyo,  
K. M.  

¿No podrías enviarme una dirección segura para Leipzig?  

A propósito. Adjunto te mando del “Petit Journal” (aparece en París) del 5 de abril una curiosa nota sobre Stieber.