sobre la renuncia a la Declaración de París de 1856

en la reunión del Consejo General, 14 de marzo de 1871

The Eastern Post.
Nr. 129, 18. März 1871

... El Dr. Marx ... dijo que era de la mayor consecuencia posible hallar un antagonista para las potencias militares del Norte, que virtualmente habían resucitado la Santa Alianza. La única potencia que podía oponérseles era Inglaterra, y sólo podía hacerlo reasumiendo sus derechos marítimos. La confiscación de los bienes del enemigo en barcos neutrales los arruinaría en cinco semanas. Si esto se hiciera, la clase media alemana no sería tan belicosa. Era uno de los medios de hacer la guerra, y era más humano que la guerra en su aspecto general. Mediante la Declaración de París, las potencias militares del Continente le dijeron a Inglaterra: «Debéis hacer la guerra a nuestro modo, no al vuestro». Mucho se ha dicho contra los corsarios, pero eran tan buenos como los francotiradores en tierra, y requerían menos poder gubernamental. El pueblo inglés debe tener ese poder y emplearlo en beneficio de los pueblos del Continente. El objetivo principal de Rusia en la conferencia había sido lograr la sanción de la Declaración de París, porque, por parte de Inglaterra, no había sido más que un acuerdo privado entre Lord Palmerston y Lord Clarendon, y parecía que el acuerdo de la conferencia sobre las estipulaciones la incluía. El ministerio debía declarar si es así o no.

Mr. Engels, respondiendo, dijo que la Declaración de París nunca había sido reconocida por ningún estadista ni por el Parlamento; nadie había dicho jamás que fuera vinculante. En 1862, Cornewall Lewis había declarado en la Cámara de los Comunes que no era vinculante, y el actual Lord Derby había manifestado que Inglaterra sólo estaba obligada en cierto modo, pero que la necesidad de la autodefensa prevalecía sobre todos los pactos. La declaración nunca había sido ratificada y descansaba únicamente en la carta privada de un ministro; nadie estaba obligado por ella. En las guerras posteriores, las potencias beligerantes se habían obligado a sí mismas mediante acuerdos especiales. Pero la conferencia sobre la cuestión del Mar Negro acordó que, en adelante, todos los tratados y estipulaciones serían vinculantes hasta que se renunciara a ellos de común acuerdo. Acto seguido señaló los preparativos militares que se estaban llevando a cabo en Rusia. Las fortalezas polacas iban a ser protegidas por fuertes destacados, y los armamentos en general proseguían con celo incansable, habiendo alcanzado ya la última etapa, pasando del pie de paz al pie de guerra. Se estaban organizando las compañías de telégrafos y de sanidad; todo parecía grave, y era posible que estallara la guerra antes de que terminara el verano. El empréstito ruso de 12.000.000 de libras, que ahora se halla en el mercado inglés, era probablemente el último que obtendría Rusia.

926

Acta de los discursos de Marx y Engels sobre la renuncia a la Declaración de París

Refiriéndose a lo que se había dicho, en el curso del debate acerca de la intervención inglesa, reiteró que habría sido inútil. Haciendo el recuento de las fuerzas militares de Inglaterra, estaba seguro de que no se habría podido enviar al campo más de 30.000 hombres. Sólo en una ocasión, durante la guerra de Crimea, en la batalla de Alma, los ingleses habían llegado a contar con 33.000 hombres, lo que apenas equivalía a un cuerpo de ejército prusiano. Suponer que tal fuerza hubiera podido inclinar la balanza era absurdo. En cuanto al valor individual, los ingleses eran tan valientes como cualesquiera otros, y el valor individual existía en todos los países, pero los hombres de diferentes países poseían aptitudes distintas; unos eran mejores para el ataque y otros para la defensa. Los irlandeses eran los mejores para la infantería ligera, y los ingleses para la infantería pesada, pero [en] el sistema inglés de instrucción se los trataba a todos por igual. El sistema inglés era tan incompleto y anticuado que, hasta ahora, a nadie se le había ocurrido entrenar para el servicio de avanzadas. Se ha dicho que 100.000 ingleses no habrían soportado ser encerrados en París... ¿qué habrían hecho? 400.000, reunidos como los franceses en París y mandados por la misma clase de oficiales, habrían hecho lo mismo. Inglaterra no podía competir con las potencias militares del continente, y no había razón alguna para que lo hiciera; no era necesario ni deseable hacer la guerra en igualdad de condiciones. Un soldado inglés costaba 100 libras y un prusiano sólo 30 libras al año. Por consiguiente, Inglaterra no podía mantener un ejército según el modelo prusiano, y esperaba que nunca lo hiciera. A continuación se aprobó por unanimidad la siguiente resolución: «Que Inglaterra sigue siendo incapaz no sólo de intervenir con eficacia en los asuntos continentales, sino también de defenderse contra los despotismos militares continentales, mientras no recupere la libertad de emplear su verdadero poder bélico, es decir, su poder naval, el cual sólo puede recuperar mediante la renuncia a la Declaración de París».

927