Londres, 10 de marzo de 1871.

Querido Rudolf:

Como aquí no conozco todavía a ningún abogado que sea de fiar y esté especialmente instruido en asuntos comerciales, tras reflexionar un poco he considerado lo mejor escribir al hombre de Manchester que os redactó el contrato con Funke. El asunto me resultaba del todo claro por mí mismo, pero // siempre es mejor, en cuestiones jurídicas inglesas, no fiarse del común entendimiento humano. Esta vez, sin embargo, el abogado dice: law and common sense agree; the retirement of one of the partners from the German firm in no way affects the firm in England, nor can the firm in England have any voice in the matter. On the other hand no member of the English firm can retire before the expiration of the term without the consent of the other members of the same concern. Es decir: 1) la posición de Adolf en la firma R. Funke & Co. sigue siendo la misma aun después de su salida de E. & E. en B.; y 2) para que Adolf salga también de R. F. & Co., necesitáis no solo su consentimiento, sino también el de Funke, último punto en el que quizá no habíais pensado. Puesto que estos asuntos también conciernen a Adolf y yo en esta cuestión no puedo tomar partido, le escribo hoy lo mismo. Esta información ha costado 10/6 d. = 3 táleros y 15 peniques, que ruego me anotéis a mi favor.

Que Adolf desee retirarse del negocio en cuanto pueda me parece de lo más natural. El invierno en Engelskirchen es vergonzosamente aburrido, y que anhele otro entretenimiento que las eternas borracheras de familia seguro que no se lo tomarás a mal. Solo me sorprende que lo haya aguantado allí tanto tiempo; yo ya habría armado mucho antes y más a menudo un escándalo. Tú y Hermann tenéis buena labia, pero ambos os escabullís de iros a vivir alguna vez a Engelskirchen, y no me hagáis creer que eso ocurre solo porque no entendéis nada de la fabricación, que bien podríais aprender; os haría mucho bien. Adolf puede procurarse también, sin negocio, cantidad de ocupaciones agradables y a su gusto, y quien puede hacer eso está muy en lo cierto al retirarse tan pronto como le sea posible. Para este caso tendríais que haberos preparado hace tiempo, y si ahora se presenta, solo puede ser en vuestro interés que salga lo más rápido posible. Así que no veo en absoluto por qué tenéis que lamentaros tanto. Dejad a Adolf salirse con la suya, arreglad el ajuste de cuentas en un marco de amistad e instalaos para vuestras nuevas relaciones, con lo que, por cierto, cada uno recibirá más porcentaje que antes. Gottfried no sufrirá una perturbación muy grave; la vieja fábrica de West Lane estaba vacía y disponible, maquinaria también es fácil de conseguir, en Manchester se pueden conseguir muchas cosas por medio de otros, etc.; de modo que no debéis haceros demasiadas ilusiones. Por lo demás, que yo estoy moralmente obligado a no causar ningún perjuicio a un antiguo socio que me pagó una suma redonda por mi salida, se entiende de suyo. ¿Para qué tenéis, pues, agentes y viajantes? Si estos cumplen con su deber, no necesitáis más informaciones.

Pongo en duda que las simpatías con Francia aquí imperantes (y extendidas hoy por casi todo el mundo) provengan de que Francia ha recibido la mayor paliza. En todo caso, una cosa es segura: si los prusianos, en una ocasión posterior, vuelven a recibir una paliza (cosa no tan improbable), no recibirán simpatías sino que serán objeto de burla. Vosotros no veis más allá de lo que os llega la nariz; pero el malestar seguirá bastante pronto a la borrachera de la victoria, y entonces difícilmente sentiréis alegría de vosotros mismos. Con todo vuestro poder y gloria estáis “olmützados” como antes; el Olmütz se acordó en Varsovia, donde vuestro señor supremo el emperador de Rusia os ordenó agacharos ante Austria y la Dieta Federal, y ahora que os habéis ganado por largos años la enemistad de Francia (que, después de todo, sigue estando en vuestra frontera), Rusia es vuestra única protección y pronto os hará pagar por su protección. Estáis bajo dominación rusa más que nunca antes.

Ten la bondad de decir a madre, con mis mejores saludos, que le escribiré en estos días. Saluda a tu mujer e hijos y a todos los hermanos y lo que de ellos cuelga y balancea
Tuyo
Friedrich