Londres, 2 de marzo de 1871.

Mi querida señora Liebknecht:

Las contribuciones, desgraciadamente muy escasas, que le he enviado para las familias de los detenidos no procedían en modo alguno del Consejo General de la «Internacional», el cual no dispone, en general, de fondos para tales fines. El Consejo General fue elegido por los suscriptores únicamente como «garante» del correcto envío. Por lo demás, no hace falta ningún otro acuse de recibo.

Entre los artículos publicados en revistas inglesas sobre el movimiento obrero alemán, Liebknecht se refiere probablemente al artículo adjunto del profesor Beesly sobre la «Internacional», que apareció en el número de noviembre (1870) de la *Fortnightly Review*. Probablemente, tal vez, sean los pasajes a partir de la página 531 (he marcado con un trazo el comienzo de los mismos) de los que Stieber quiere cocinar material probatorio. En primer lugar, el profesor Beesly no pertenece a la «Internacional» y, por tanto, no puede hablar con autoridad. En segundo lugar, él mismo refuta las inducciones de Stieber.

La carta que escribí a los de Brunswick no fue escrita en nombre ni por encargo del Consejo General. Por consiguiente, no está escrita en papel con el sello del Consejo General. En ella hablo siempre únicamente en mi propio nombre. Era, en efecto, una respuesta —y una respuesta largo tiempo diferida— a una carta en la que se me solicitaba que expusiera mi opinión personal. Para ello se tenía pleno derecho. Por lo menos, no conozco ningún artículo del código penal que prohíba cosa semejante. En todo caso, no es culpa del señor Bismarck si «mis opiniones» no aparecen impresas en el *Staatsanzeiger* prusiano. El digno Lothar Bucher me había invitado, después de los días gloriosos de Sadowa, a escribir la crítica financiera para aquel periódico. Probablemente no ha hecho pública mi respuesta.

El Imperio alemán continúa la campaña del Imperio francés contra la Internacional. Los últimos días de este se caracterizan por nada tan señaladamente como por las persecuciones judiciales contra la «Internacional», porque esta combatió la guerra que se pretendía. Las cartas secretas del señor Ollivier publicadas por la República son significativas a este respecto.

Me ha sido muy grato recibir hoy mismo su carta. Iba a aparecer, en efecto, un artículo mío en la *Fortnightly Review*, que por el momento suspendo, puesto que el gobierno prusiano, impotente para intervenir aquí, querría resarcirse allí con amigos que, naturalmente, no son en modo alguno responsables de lo que sucede sin su conocimiento.

Me obligaría usted mucho si me enviase el informe taquigráfico completo de la última sesión del Reichstag, clausurada el 10 de diciembre de 1870. Los costes de la adquisición se los reembolsaré, naturalmente.

Lamentablemente, Jennychen ha enfermado de pleuresía.

Con un saludo muy cordial para usted y L., su más amistosamente devoto

K. M.