Acta del discurso de Karl Marx
sobre el reconocimiento de la República Francesa

en la reunión del Consejo General, 14 de febrero de 1871

The Eastern Post.
Nr. 125, 19. Februar 1871

… El Dr. Marx dijo que la primera condición para ayudar a Francia era el reconocimiento de la República; si éste fracasaba, también el resto debía fracasar. Por la falta de reconocimiento, Francia estaba internacionalmente paralizada hacia afuera, y la República estaba paralizada hacia adentro, mientras su antagonista Prusia tenía a Rusia a su espalda. En el momento en que la República fue proclamada, todos en Francia eran entusiastamente republicanos, pero no llegó el reconocimiento y sobrevino una reacción. La burguesía no tenía interés en que la República triunfara; sabe perfectamente que, tarde o temprano, la cuestión social tendrá que ser abordada, y que en una República los socialistas tendrían mejores perspectivas que bajo un despotismo militar. Por eso intrigaron contra la República, la cual ha hecho más por el éxito de los prusianos que el propio Moltke. Ninguno de los partidarios de la guerra ha demostrado que el reconocimiento de la República fuese la primera condición para todo lo demás.

La gente que se congregó en Cannon-street no tiene influencia alguna en los asuntos públicos. No eran los ciudadanos acaudalados de Londres, sino la pequeña clase media. Lo único que pueden hacer es o apoyar a los grandes capitalistas contra el pueblo, o unirse a la clase obrera, pero en este caso nunca debe permitírseles asumir la dirección. Odian la República, pero temen a Prusia. Su política era de lo más extraña; querían hacer la guerra a Prusia sin reconocer la República. La cuestión del desmembramiento, mencionada por Eccarius, nada tenía que ver con esto; era más bien una cuestión moral, que sólo podía emprenderse seriamente después del reconocimiento de la República, y era imposible creer que el Gobierno inglés se opusiera seriamente al desmembramiento de Francia.

El Sr. Cohn parece tener una noción bastante confusa. Cree que la opinión del primer ministro era un ultimátum y que nada más podía hacerse; y también cree que, si el Parlamento hubiera estado sesionando, se habría podido hacer más. Lo mejor fue que el Parlamento no estuviera sesionando. El reconocimiento de la República era un mero acto ejecutivo, y si el Parlamento hubiera estado reunido, la responsabilidad se habría echado sobre los hombros de la mayoría que habría encontrado mil razones para apoyar al Gobierno. Un cambio de Gobierno podría haber entrañado una disolución, y los diputados no son muy aficionados a comprar los votos de los electores libres con demasiada frecuencia. Estoy completamente seguro de que si la agitación se hubiera limitado a este único punto del reconocimiento, si la clase obrera hubiera perseverado y no hubiera permitido que el grito de intervención se mezclara con ella, habría tenido éxito. Todas las concesiones en este país se obtienen mediante presión desde fuera, pero en esta ocasión no se manifestó ni la mitad de la energía que hubo hace algunos años en un alboroto por la cerveza.

El Sr. Milner parece albergar la impresión de que los obreros alemanes se ofenderían si los ingleses insistieran en el reconocimiento de la República Francesa; por el contrario, ellos creen que los ingleses no han hecho lo suficiente. Cientos han sido encarcelados en Alemania, y esperaban que los obreros ingleses respaldaran sus demandas con más eficacia de la que ha habido. En cuanto a la fuerza comparativa de la monarquía y el republicanismo, al principio había un ejército monárquico contra otro, y se suponía que el francés era el más fuerte. No se habló de República hasta que todo el ejército permanente francés hubo desaparecido. Pero ninguna monarquía habría resistido a Prusia durante cinco meses como lo han hecho los franceses. Todo el mundo pensaba que los franceses tendrían que rendirse en pocos días; sólo la ausencia de un monarca inspiró al pueblo a resistir cinco meses, y podrían haber resistido más de no haber habido traición. Una cosa ha quedado de manifiesto en esta lucha: que de ahora en adelante una república de clase media es imposible en Europa. Sus defensores no osan tomar las medidas revolucionarias requeridas para su defensa. Francia y Alemania prueban que la burguesía se considera más segura bajo un despotismo militar que en una República. Una República por fuerza ha de otorgar mayor poder a la clase obrera, y la clase media teme eso. En Inglaterra existe el mismo temor. La República y el gobierno de la clase media ya no pueden marchar juntos; la República es la forma política de gobierno bajo la cual las transformaciones exigidas por la clase obrera pueden llevarse a cabo del mejor modo. Paso ahora a la guerra misma. Tras la capitulación de Sedán, Bismarck se hallaba en un apuro. El rey había declarado ante el Parlamento alemán y ante el pueblo francés que sólo hacía la guerra contra Napoleón en legítima defensa. Estoy convencido de que Bismarck hizo tanto como Napoleón por provocar la guerra. Pero después de Sedán, Bismarck necesitó un nuevo pretexto. La clase media alemana dudaba en seguir adelante, pero Bismarck constató que no había gobierno con el cual concertar la paz, y entonces tuvo que marchar sobre París para hacer la paz. Dijo que los franceses no habían reconocido a ese gobierno; era el colmo de la desvergüenza por su parte dictaminar qué gobierno sería reconocido por los franceses, pero la proclamación de la República le aseguró el apoyo de la clase media alemana; el de la aristocracia lo tenía asegurado de antemano. A Bismarck le interesaba que Inglaterra no reconociese la República. Inglaterra era la única potencia que podía oponérsele, pero él contaba con la amistad de Gladstone y con las relaciones de parentesco de la corte, e Inglaterra siguió los pasos de la Santa Alianza. Cuando se le echó en cara el precipitado reconocimiento de Napoleón, Gladstone desconcertó a la delegación obrera mezclando las fechas. Hubo dos reconocimientos. Uno después del golpe de Estado y otro después del plebiscito. Ignoró el primero. Dijo a los obreros que había llegado tan lejos como podía y convirtió casi en un mérito el haber roto las relaciones diplomáticas, pero podría haber llegado tan lejos como América. Y más aún: Bruce, Lowe y Cardwell hicieron manifestaciones hostiles contra la República.

No contento con los servicios prestados por el Gobierno inglés, Bismarck ordenó a la prensa alemana que insultara a Inglaterra por vender pertrechos a los franceses. Cuando el conde Bernsdorf le pidió cuentas, lord Granville se anduvo con evasivas, pero tras algunas indagaciones concluyó que todo estaba en regla y que no podía interferir, que era legal. Entonces, a instancias de Bernsdorf, el Gobierno británico confiscó un cable francés, un servicio que más tarde fue condenado como ilegal por un juez inglés.

Tras la capitulación de Metz, Rusia consideró llegado el momento de confesar su coparticipación en la guerra y declaró su renuncia al tratado de París. En rápida sucesión siguieron la renuncia al tratado de Luxemburgo y a las estipulaciones sobre los principados por parte de Bismarck y del príncipe de Rumanía, todos insultos directos a Inglaterra. ¿Qué hizo el Gobierno británico? Envió un plenipotenciario extraordinario a pedir consejo a Bismarck. Bismarck aconsejó una conferencia en Londres. Pero el propio Gladstone consideró que semejante conferencia sin Francia sería inútil, porque los violadores de tratados lo tendrían todo para sí. Pero Francia no podía asistir sin que la República fuera reconocida; su admisión habría equivalido al reconocimiento, y por eso Bismarck se cuidó de impedirlo. Cuando Auberon Herbert hizo una pregunta a Gladstone en la Cámara [de los Comunes], éste volvió a tergiversar y falsear los hechos. Las personas piadosas suelen pecar mucho. No declaró lo que consta en el libro azul: que la objeción de Bismarck a dar cualquier paso para que Francia estuviera representada en la conferencia era que el Gobierno francés era internacionalmente incapaz de actuar debido a la falta de reconocimiento. La falta de reconocimiento fue el medio para aislar al Gobierno inglés y dejar impotente a la única gran potencia de Europa —que podía haber hecho algo por Francia—. …