Johann Georg Eccarius
Acta del discurso de Frederick Engels sobre la guerra
en la sesión del Consejo General, 31 de enero de 1871

The Eastern Post.
Núm. 123, 5 de febrero de 1871

... El señor Engels, conforme al aviso, se levantó para abrir el debate sobre la guerra. Como base de discusión propuso lo siguiente: —

1. Que el movimiento de la clase obrera, en apoyo de la República Francesa, debió haber concentrado sus esfuerzos, al comienzo, en obtener el reconocimiento de la República por el gobierno británico.

2. Que la intervención militar de Inglaterra en favor de Francia, tal como la entendían quienes la proponían, no habría podido ser de utilidad alguna salvo en un momento determinado, que ha pasado hace ya mucho tiempo.

3. Que Inglaterra seguirá siendo incapaz, no sólo de intervenir con eficacia en los asuntos continentales, sino también de defenderse contra los despotismos militares continentales, en tanto no recupere la libertad de emplear su verdadero poder, es decir, su poder naval, el cual sólo puede recuperar renunciando a la declaración de París.

Dijo — La política del Consejo General fue indicada en el segundo manifiesto sobre la guerra. Se declaraba claramente que había que hacer todos los esfuerzos para obligar al gobierno a reconocer la República, y se afirmaba, además, que los obreros ingleses ya habían comenzado a ejercer presión sobre el gobierno con ese fin. Si el movimiento se hubiera limitado a eso, los obreros habrían podido ponerse de acuerdo, y podría haber tenido éxito. Si el gobierno inglés hubiera reconocido la República, otros gobiernos se habrían visto obligados a hacer lo mismo, y ello le habría dado a Francia una posición que ni siquiera Bismarck habría podido ignorar. Pero hubo otros, amigos de los obreros, que no se contentaron con esto: pidieron la intervención. En cuanto eso ocurrió, el movimiento de la clase obrera se escindió. Surgió una oposición que decía que la guerra lo pospondría todo, que todo progreso y movimiento social y político quedaría relegado, y que hasta ahora toda guerra había tendido a otorgar a la aristocracia un nuevo período de poder. Había mucho de verdad en eso, y, además, ¿cómo podían gentes que eran incapaces de obligar al gobierno a reconocer la República, forzar a ese mismo gobierno a ir a la guerra?

Pero suponiendo que el gobierno hubiera ido a la guerra, ¿cuál habría sido el resultado? Dejando sólo 10,000 hombres en Irlanda, despejando Escocia e Inglaterra casi por completo de soldados, quizá se habría podido enviar a 30,000 para auxiliar a los franceses. Pero sólo habrían podido ser útiles en un momento determinado. En cierto momento, las fuerzas francesas y alemanas estaban casi igualadas, y Moltke pensaba en levantar el sitio. En ese momento, un ejército inglés de 30,000 hombres habría podido inclinar la balanza contra los prusianos, además de vigorizar al ejército francés. Pero desde entonces los alemanes han sido grandemente reforzados, y en cualquier momento de diciembre o enero los alemanes se habrían reído de un ejército inglés de 30,000; sólo habría podido hacer la retirada de Chanzy un poco más ordenada. Un ejército inglés en tierra sólo puede actuar en alianza con otros. Así fue en España y así fue en Crimea.

Johann Georg Eccarius

Siempre se ha considerado imposible hacer la guerra lejos del país con un gran ejército. Debido al sistema militar, al reclutamiento voluntario, al sistema de instrucción, al tiempo que se necesita para adiestrar a los soldados, Inglaterra no puede mantener un gran ejército en el extranjero. Sin embargo, hubo un momento en que Inglaterra habría podido intervenir para salvar a Francia, y fue cuando Rusia repudió el tratado de París. En nuestro primer manifiesto sobre la guerra se decía: «En el trasfondo de esta lucha suicida se alza la figura oscura de Rusia. Es un signo ominoso que la señal para la guerra actual se haya dado en el momento en que el gobierno moscovita acababa de terminar sus líneas férreas estratégicas y ya estaba concentrando tropas en dirección al Pruth». En el segundo manifiesto decíamos: «Como en 1865 se intercambiaron promesas entre Luis Bonaparte y Bismarck, así en 1870 se han intercambiado promesas entre Gortschakoff y Bismarck. El entendimiento secreto entre Rusia y Prusia ha sido probado por el hecho de que apenas hubo declarado Rusia que se consideraba no obligada ya por el tratado de París, Bismarck repudió el tratado de Luxemburgo. Prusia nunca ha sido más que el instrumento de Rusia». Si Inglaterra hubiera declarado la guerra a Rusia en ese momento, Rusia y Prusia habrían hecho causa común, y el resto de Europa se habría unido a Inglaterra. Austria, Italia y Turquía estaban preparadas, y si no se hubiera interferido a Turquía, ella se habría defendido contra Rusia, mientras que las otras potencias europeas expulsaban a los prusianos de Francia. Los franceses no estaban tan abatidos entonces como lo están ahora, y una guerra europea habría salvado a Francia y a Europa, y podría haber derrocado el despotismo en el continente. Pero cuando se presentó esta oportunidad, los señores que iban a ayudar a Francia no tuvieron nada que decir.

Acta del discurso de Frederick Engels sobre la guerra
Johann Georg Eccarius

Ahora, viendo la manera en que Jules Favre ha arrojado la esponja por toda Francia, y, permítaseme añadir, sin consultar a Francia, no hay duda de que se aceptarán las condiciones de paz de Bismarck. Pronto se hará la paz, y entonces veremos lo que hará Rusia. El Emperador de Rusia necesita la guerra tanto como Napoleón y Bismarck, para mantener su posición en el interior y para reprimir el movimiento popular y restaurar sus finanzas.

Paso ahora a la marina. La marina es el principal poder bélico de Inglaterra, pero mediante la declaración de 1856 se estableció un nuevo código naval, por el cual el poder bélico de Inglaterra quedó mutilado. El objeto de esa declaración era abolir el corso, abandonar el derecho de visita, poner a salvo las mercancías enemigas en buques neutrales y las mercancías neutrales en buques enemigos. Hubo un intento similar una vez antes por la emperatriz Catalina de Rusia, pero Inglaterra se negó hasta después de la guerra de Crimea. En la Conferencia de París, el difunto Lord Clarendon firmó de un plumazo todos los derechos navales que Inglaterra había adquirido en el curso de siglos, y todo el poder de dañar a Rusia en tiempo de guerra. Para paralizar a Rusia es necesario detener su comercio de exportación, el cual se realiza principalmente en buques extranjeros y no podría ser tocado bajo las regulaciones existentes. Para hacer la guerra a Rusia con eficacia, este poder debe ser recuperado. Se abandonó con el pretexto de que la propiedad privada debía ser tan segura en el mar como en tierra. Cuán segura es en tierra, y cuánto la respetan los prusianos, lo vemos en Francia. Por instrucciones de quién firmó Lord Clarendon esa renuncia al poder nunca se ha esclarecido aún. Si actuó siguiendo instrucciones del Gabinete, del Primer Ministro o bajo su propia responsabilidad, nadie lo sabe, y el Parlamento nunca se ha preocupado de investigarlo. Las clases trabajadoras tienen interés en recuperar este poder y en mantenerlo intacto, por lo menos mientras Rusia sea un peligro para Europa. Ningún otro país puede oponerse a Rusia tan eficazmente como Inglaterra, y ella debe conservar su poder naval por lo menos hasta que Polonia sea restaurada. Si se hubiera declarado la guerra a Rusia, habría sido la salvación de Francia, y Polonia podría haber sido restaurada, lo que sería una barrera eficaz contra Rusia. Ahora Rusia emprenderá una guerra de conquista cuando le plazca, quizás antes de que pasen doce meses, y Europa tendrá que combatir sin Francia.