Notes on the War. Engels 1870-71.

XXXVIII

Nos encontramos de nuevo en un período crítico de la guerra, que bien podría resultar ser el período crítico. Desde el momento en que supimos que el Gobierno había racionado el pan en París, no cupo ya ninguna duda de que había llegado el principio del fin. Cuánto tardaría en seguir a ello la oferta de rendición no era sino una cuestión de detalle. Suponemos, pues, que se tiene la intención de entregar a unos 220.000 sitiadores una fuerza sitiada de unos 500.000 hombres armados, en las condiciones que los sitiadores tengan a bien imponer. Si será posible llevar esto a cabo sin otra lucha, está por verse; en todo caso, semejante lucha no alteraría materialmente el estado de cosas. Que París resista otra quincena, o que una parte de esos 500.000 hombres armados logre abrirse paso a través de las líneas de circunvalación, no afectará en mucho el curso ulterior de la guerra.

No podemos menos que considerar al general Trochu como el principal responsable de este resultado del sitio. Ciertamente, no era el hombre capaz de formar un ejército con el material, sin duda excelente, que tenía entre manos. Dispuso de casi cinco meses para hacer soldados de sus hombres; y, sin embargo, al final parece que no combaten mejor que al comienzo del sitio. La última salida desde el Valérien fue realizada con mucho menos ímpetu que la anterior a través del Marne; se observa en ella una buena dosis de ostentación teatral, y muy poco de la furia de la desesperación. No vale decir que las tropas no estaban en condiciones de ser enviadas a asaltar parapetos defendidos por los veteranos alemanes. ¿Y por qué no lo estaban? Cinco meses son tiempo suficiente para hacer soldados muy respetables de los hombres que Trochu tenía a su mando, y no hay circunstancias más adecuadas para ello que las del sitio de un gran campo atrincherado. Sin duda, los hombres habían perdido el ánimo después de las salidas de noviembre y diciembre; pero ¿fue porque sabían de su inferioridad con respecto a sus adversarios, o porque habían perdido toda fe en la pretendida determinación de Trochu de llevar la lucha hasta el fin? Todas las noticias procedentes de París coinciden en atribuir la falta de éxito a la ausencia de confianza de los soldados en el mando supremo. Y con razón. No debemos olvidar que Trochu es un orleanista y, como tal, siente un temor físico a La Villette, a Belleville y a los demás barrios “revolucionarios” de París. Les temía más que a los prusianos. No se trata de una mera suposición o deducción por nuestra parte. Sabemos, por una fuente que no admite duda, de una carta enviada desde París por un miembro del Gobierno, en la que se afirma que a Trochu se le instaba por todas partes a tomar enérgicamente la ofensiva, pero que él se negaba constantemente, porque tal proceder podría entregar París a los “demagogos”.

La caída de París parece, pues, ahora casi segura. Será un duro golpe para la nación francesa, inmediatamente después de St. Quentin, Le Mans y Héricourt, y su efecto moral en estas circunstancias será muy grande. Además, hay acontecimientos inminentes en el sudeste que pueden hacer que este golpe resulte moralmente aplastante. Bourbaki parece estar demorándose en las cercanías de Belfort de una manera que da a entender que no comprende en absoluto su situación. El 24º Cuerpo, al mando de Bressolles, se hallaba aún el día 24 en Blâmont, a unas doce millas al sur de Montbéliard y muy cerca de la frontera suiza; e incluso suponiendo que se tratara de la retaguardia de Bourbaki, no cabe esperar que los otros dos cuerpos que llevaba consigo estuvieran muy lejos. Entre tanto, observamos que ya el día 21 destacamentos prusianos habían cortado en Dôle el ferrocarril entre Besançon y Dijon; que después han ocupado St. Vith, otra estación de la misma línea más próxima a Besançon; y que de esta manera están limitando la retirada de Bourbaki hacia Lyon a la estrecha franja comprendida entre el Doubs y la frontera suiza, un país de cadenas montañosas longitudinales paralelas y valles donde una fuerza comparativamente pequeña puede encontrar multitud de posiciones en las que detener la retirada de un ejército como el que ha demostrado ser el de Bourbaki. Creemos que estos destacamentos sobre el Doubs son la 13ª División del 7º Cuerpo de Zastrow, o quizá una parte del 2º Cuerpo de Fransecky, que reapareció el día 23 en Dijon. El 60º regimiento, que junto con el 21 forma la 8ª Brigada (o 4ª brigada del 2º Cuerpo), fue rechazado ante aquella ciudad por Garibaldi y perdió su bandera. Como Garibaldi cuenta a lo sumo con 15.000 hombres, no podrá sostener la plaza frente a las fuerzas superiores que con seguridad habrán llegado entretanto ante ella. Será rechazado, y el avance prusiano continuará hacia el Doubs y más allá. A menos que Bourbaki haya aprovechado entretanto las piernas de sus hombres con buen resultado, puede verse empujado, con todo su ejército, a la fortaleza de Besançon para repetir lo de Metz, o a un rincón del Jura que da al territorio suizo, y verse obligado a deponer las armas ya sea de este lado o del otro de la frontera. Y si lograra escapar con la mayor parte de sus tropas, es casi seguro que habrá que sacrificar gran número de rezagados, mucho bagaje y tal vez artillería.

Después de los tres días de combate en Héricourt, Bourbaki no tenía ningún motivo para permanecer ni un día más en su posición expuesta cerca de la frontera, mientras los refuerzos prusianos marchaban hacia sus comunicaciones. Sus intentos de socorrer Belfort habían fracasado; toda posibilidad de un nuevo movimiento ofensivo en aquella dirección había desaparecido; su posición se hacía cada día más peligrosa, y solo una retirada rápida podía salvarlo. A juzgar por todas las apariencias, él también ha descuidado esto, y si su imprudencia condujera a un segundo Sedán, el golpe para el pueblo francés podría ser moralmente abrumador.

Moralmente, decimos, pues materialmente no tiene por qué serlo. Alemania no está ciertamente tan agotada como pretende Gambetta, pero Alemania está exhibiendo en este mismo momento una fuerza absoluta y relativa mayor de la que volverá a exhibir en los meses venideros. Durante algún tiempo, las fuerzas alemanas han de declinar, mientras que nada impide que las fuerzas francesas, incluso después de la rendición de la guarnición de París y de la de Bourbaki, si llegara el caso, vuelvan a incrementarse. Los propios prusianos parecen haber renunciado ya a toda esperanza de poder conquistar y ocupar la totalidad de Francia; y mientras el compacto bloque de territorio del Sur permanezca libre, y mientras no se abandone la resistencia, pasiva y ocasionalmente activa (como la voladura del puente del Mosela cerca de Toul), en el Norte, no vemos cómo se podría obligar a Francia a ceder, a menos que ella misma esté cansada de la guerra.

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