Notes on the War. Engels 1870-71.

XXXV

Los ejércitos en campaña han emprendido dos operaciones que fácilmente podrían desencadenar una crisis de la guerra. La primera es la marcha de Bourbaki contra Werder; la segunda, la marcha del príncipe Federico Carlos contra Chanzy.

El rumor de la marcha de Bourbaki hacia el este ha circulado durante casi una semana, pero nada lo distinguía de los demás rumores que ahora vuelan tan copiosamente. Que el movimiento pudiera ser bueno en sí mismo no era razón para creer en su realidad. Sin embargo, ya no cabe duda de que Bourbaki, con al menos los cuerpos 18º y 20º, y el 24º, un nuevo cuerpo, ha llegado al este de Francia, y ha flanqueado la posición de Werder en Vesoul mediante un movimiento vía Besançon hacia Lure, entre Vesoul y Belfort. Cerca de Lure, Werder lo atacó en Villersexel el día 9, y se entabló un combate en el que ambas partes reivindican la victoria. Evidentemente fue un combate de retaguardia, en el cual Werder al parecer se retiró con éxito. Sea quien fuere el vencedor en este primer encuentro, con toda seguridad se seguirán otras batallas, más generales, en uno o dos días, que llevarán la situación a una crisis.

Si este movimiento de Bourbaki se emprende con fuerzas suficientes —es decir, con todos los hombres, caballos y cañones que no sean absolutamente necesarios en otra parte— y si se lleva a cabo con el vigor necesario, podría convertirse en el punto de inflexión de la guerra. Ya antes hemos señalado la debilidad de la larga línea de comunicaciones alemana y la posibilidad de que París fuera liberada mediante un ataque en fuerza contra dicha línea. Esto está ahora sobre el tapete, y de cómo se jueguen las cartas dependerá que realmente se materialice.

De las fuerzas que ahora invaden Francia, casi la totalidad de las tropas de línea están empeñadas en el asedio de París o en la cobertura de ese asedio. De treinta y cinco divisiones (incluida la Landwehr de la Guardia, que desde el principio se ha utilizado como tropas de línea), treinta y dos están así empleadas. Dos se hallan con Werder (tres brigadas badenses y una prusiana), y una, al mando de Zastrow, ha ido a unírsele. Además, Werder dispone por lo menos de dos divisiones de Landwehr para proseguir el asedio de Belfort y ocupar las fortalezas de la Alsacia meridional. Así pues, toda la extensión del territorio al nordeste de la línea que va de Mézières por Laon y Soissons a París, y de allí por Auxerre y Châtillon hasta Hüningen, cerca de Basilea, con todas sus fortalezas reducidas, tiene que ser mantenida por el resto de la Landwehr, en la medida en que se ha hecho disponible. Y si consideramos que en Alemania hay también que vigilar a los prisioneros de guerra y guarnecer las fortalezas del interior; que solo nueve cuerpos de ejército prusianos (los existentes antes de 1866) contaban con suficientes veteranos para completar los batallones de la Landwehr, mientras los demás tendrán que esperar aún cinco años para poder hacerlo, podemos imaginar que las fuerzas que quedan disponibles para la ocupación de esta parte de Francia no pueden haber sido muy numerosas. Cierto es que ahora se están enviando dieciocho batallones de depósito para guarnecer las fortalezas de Alsacia y Lorena, y que los recién formados “batallones de guarnición” han de relevar a la Landwehr en el interior de Prusia. Pero la formación de estos batallones de guarnición, según informa la prensa alemana, avanza lentamente, de modo que el ejército de ocupación seguirá siendo por algún tiempo relativamente débil y apenas capaz de mantener en jaque a la población de las provincias que ha de custodiar.

Es contra esta parte del ejército alemán contra la que Bourbaki avanza. Evidentemente, intentó interponer sus tropas entre Vesoul y Belfort, con lo que aislaría a Werder, a quien podría batir por separado, empujándolo en dirección noroeste. Pero como Werder ahora se encuentra probablemente ante Belfort y reunido con Tresckow, Bourbaki tiene que derrotar a ambos para levantar el asedio; rechazar a los sitiadores de vuelta al valle del Rin, después de lo cual podría avanzar por la vertiente oriental de los Vosgos hacia Lunéville, donde se situaría sobre la línea principal de las comunicaciones alemanas. La destrucción de los túneles ferroviarios cerca de Phalsbourg bloquearía la línea de Estrasburgo durante un período considerable; la del empalme de Frouard detendría la línea de Saarbrücken y Metz; e incluso podría enviarse una columna volante hacia Thionville para destruir también la línea cerca de ese lugar, a fin de romper la última línea directa de que disponen los alemanes. Esa columna siempre podría retirarse a Luxemburgo o Bélgica y deponer las armas; se habría pagado con creces su propio esfuerzo.

Éstos son los objetivos que Bourbaki debe tener a la vista. Estando agotada la vecindad de París, la interrupción de las comunicaciones entre París y Alemania, aunque fuera sólo por unos días, sería un asunto muy grave para los 240.000 alemanes que están ante París, y la presencia de 120.000 a 150.000 soldados franceses en Lorena podría ser un medio más eficaz de levantar el asedio que incluso una victoria de Chanzy sobre Federico Carlos, pues ésta, al fin y al cabo, no haría sino rechazar a Federico Carlos sobre las fuerzas sitiadoras, que le prestarían apoyo. Es cierto que los alemanes tienen otra línea de comunicación ferroviaria por Thionville, Mézières y Reims, que Bourbaki probablemente no podría alcanzar ni con columnas volantes; pero entonces existe la absoluta certeza de un levantamiento general del pueblo en los distritos ocupados tan pronto como Bourbaki hubiera logrado penetrar en Lorena; y no necesitamos explicar más cuál sería, en tales circunstancias, la seguridad del tráfico de esa segunda línea férrea. Además, el éxito de Bourbaki tendría como primera consecuencia obligar a Goeben a replegarse, con lo cual el Ejército del Norte podría encontrar la ocasión de cortar esta línea entre Soissons y Mézières.

Consideramos este movimiento de Bourbaki como el más importante y el más prometedor que haya realizado ningún general francés en esta guerra. Pero, repetimos, tiene que ser llevado a cabo de manera adecuada. Los mejores planes no valen nada si se ejecutan con debilidad e irresolución; y probablemente no sabremos nada positivo sobre las fuerzas de Bourbaki ni sobre la manera en que las maneja hasta que se decidan sus combates con Werder.

Pero se nos informa de que, en previsión de alguna eventualidad semejante, el cuerpo de Werder va a ser ampliado hasta formar un gran “quinto ejército”, al mando de Manteuffel, quien entregará su “primer ejército” a Goeben y llevará en auxilio de Werder los cuerpos 2º, 7º y 14º.

Ahora bien, del 7º cuerpo, la 13ª división ya ha sido enviada hacia Vesoul, al mando de Zastrow; la 14ª división acaba de tomar Mézières y Rocroi, y no puede, por tanto, esperársela en Vesoul tan pronto; el 14º cuerpo es precisamente aquel con el que Werder ha contado desde el principio (la división badense y los regimientos prusianos 30º y 34º, al mando de Goltz); y, en cuanto al 2º cuerpo, que está ante París, estimamos que no partirá antes de que esa ciudad se haya rendido, porque no se puede prescindir bien de él allí. Pero aunque se lo enviara ahora, no llegaría sino después de que se hubiera librado la acción decisiva de Werder con Bourbaki. En cuanto a otros refuerzos para Werder procedentes de las reservas que pueda suponerse que existen en Alemania, tenemos que considerar, en primer lugar, que toda la Landwehr que puede hacerse disponible ya ha sido enviada o se está enviando ahora; y, en segundo lugar, que los batallones de depósito, la única otra fuerza de reserva existente, acaban de ser vaciados de sus hombres instruidos y son en este momento meros cuadros. Así pues, Bourbaki, en todo caso, tendrá que librar sus primeras y más decisivas acciones antes de que puedan haber llegado los refuerzos planeados; y, si sale victorioso, estará en la posición favorable de vérselas con estos refuerzos uno tras otro, a medida que vayan llegando sucesivamente y desde direcciones muy diferentes.

Por otra parte, el príncipe Federico Carlos, a pesar de su victoriosa marcha a Le Mans, bien pudiera haber cometido el primer error de los alemanes en esta guerra al dejar a Bourbaki completamente libre, a fin de concentrar todas sus fuerzas contra Chanzy. Ahora bien, Chanzy era sin duda su adversario más inmediato y, por el momento, también el más peligroso. Pero el territorio de Chanzy no es aquel donde puedan conseguirse éxitos decisivos sobre los franceses. Chanzy acaba de sufrir una severa derrota; ello liquida por ahora sus intentos de liberar París. Pero por el momento no liquida nada más. Chanzy puede retirarse, si quiere, hacia Bretaña o hacia el Calvados. En cualquiera de los dos casos encuentra al final de su retirada un gran arsenal naval, Brest o Cherburgo, con fuertes destacados que le sirvan de abrigo hasta que la flota francesa pueda transportar a sus hombres al sur del Loira o al norte del Somme. Como consecuencia, el oeste de Francia es un territorio donde los franceses pueden hacer la guerra para entretener al enemigo —una guerra de avances y retiradas alternados— sin dejarse nunca acorralar contra su voluntad. No nos sorprendería que Chanzy hubiera sido empujado a combatir por Gambetta, quien, según se decía, se le había unido y quien, con toda seguridad, subordinaría las consideraciones militares a las políticas. Después de su revés, y —la pérdida de Le Mans—, Chanzy no podía hacer nada mejor que arrastrar a Federico Carlos lo más lejos posible hacia el oeste, de modo que esta parte de las fuerzas prusianas quede bien fuera de estorbo cuando la campaña de Bourbaki empiece a desarrollarse.

Faidherbe, en el norte, es evidentemente demasiado débil para hacer nada decisivo contra Goeben. Toda vez que parece que Chanzy no puede derrotar a Federico Carlos y liberar con ello París, sería mejor mandar muchos hombres al norte, deshacerse de Goeben tanto en Amiens como en Ruan, e intentar con fuerzas concentradas un avance sobre la línea férrea de Mézières a París; sobre todo ahora, mientras Bourbaki amenaza la otra línea ferroviaria alemana. Las comunicaciones son la parte más sensible de la posición de un ejército; y si la línea del norte, que está tan expuesta a un ataque desde el norte tanto en Soissons como en Rethel, se viera seriamente amenazada mientras Bourbaki actúa en el borde meridional de Lorena, podríamos ver de repente una buena conmoción en Versalles.