Notas sobre la guerra. Engels 1870-71.

XXXIV

Aunque ha habido una buena cantidad de combates desde que examinamos por última vez las posiciones relativas de los combatientes en las provincias, ha habido muy pocos cambios, lo que prueba la exactitud de nuestra opinión de que las fuerzas de ambos estaban, por el momento, casi equilibradas.

El Ejército del Oeste de Chanzy se ha mantenido frente a Le Mans; el ejército de Mecklenburg se le opone en una línea que se extiende desde Blois por Vendôme hasta Verneuil. Ha habido muchos combates esporádicos en torno a Vendôme, pero nada ha cambiado en la posición relativa de los ejércitos. Entretanto, Chanzy ha atraído hacia sí a todos los hombres instruidos y armados del campamento de Conlie, que ha sido desmantelado; se dice que ha fortificado una sólida posición alrededor de Le Mans, como plaza fuerte para replegarse, y se espera ahora que tome de nuevo la ofensiva. Como el señor Gambetta partió de Burdeos el día 5 hacia Le Mans, esto bien puede ser correcto. De la fuerza real y la organización de las fuerzas de Chanzy no tenemos conocimiento alguno, fuera del hecho de que, antes de su retirada hacia Le Mans, contaba con tres cuerpos de ejército. Tampoco estamos mucho mejor informados sobre las fuerzas que se le oponen directamente; las tropas de Mecklenburg y las del ejército original del príncipe Federico Carlos se han entremezclado tanto que el *ordre de bataille* original ya no está en vigor. Tendremos que considerar a ambas como un solo ejército, cosa que en realidad son, puesto que Federico Carlos tiene el mando del conjunto; la única distinción es que Mecklenburg manda las tropas que, a caballo del Loir, miran al oeste, mientras que el príncipe tiene bajo sus órdenes directas las que, a lo largo del Loira desde Blois hasta Gien, miran al sur y vigilan a Bourbaki. El total de ambos cuerpos cuenta con diez divisiones de infantería y tres de caballería, pero se han dejado considerables destacamentos en la línea de marcha desde Commercy, pasando por Troyes, hasta el Loira; éstos no van llegando sino gradualmente, a medida que son relevados por las nuevas llegadas de la Landwehr.

El 11 de diciembre, el príncipe Federico Carlos había llegado a Briare, con la intención de avanzar sobre Nevers, para envolver el flanco derecho de Bourbaki y cortar su comunicación directa con las tropas que se oponían a Werder. Pero no hemos sabido hasta hace poco que, al recibir la noticia de la resuelta e inesperada resistencia que Mecklenburg había encontrado por parte de Chanzy, abandonó inmediatamente su plan y dio media vuelta con el grueso de sus tropas en dirección a Tours; ciudad que, como sabemos, sus tropas llegaron a avistar pero en la que nunca entraron. Así, nos enteramos ahora de que la hábil y valerosa retirada de Chanzy fue la causa no solo de su propia seguridad, sino también de la de Bourbaki. Este último general debe hallarse todavía en los alrededores de Bourges y Nevers. Si, como se ha supuesto, hubiera marchado hacia el este contra Werder o contra la línea de comunicaciones prusiana, ya habríamos tenido noticias suyas. Lo más probable es que esté reorganizando y reforzando su ejército, y si Chanzy avanza, seguro que también oiremos hablar de él.

Al norte del Sena, Manteuffel, con el I Cuerpo, ocupa Ruán y sus alrededores, mientras que ha enviado el VIII Cuerpo a la Picardía. Este último cuerpo lo ha pasado mal. El general Faidherbe no concede mucho descanso a su Ejército del Norte. Los tres departamentos más septentrionales de Francia, desde el Somme hasta la frontera belga, contienen una veintena de fortalezas de diversos tamaños que, aunque hoy en día son completamente inútiles frente a una gran invasión desde Bélgica, en este caso constituyen una base de operaciones sumamente bienvenida y casi inatacable. Cuando Vauban planeó este triple cinturón de fortalezas, hace casi doscientos años, seguramente nunca pensó que servirían como un gran campamento atrincherado, una especie de cuadrilátero multiplicado, para un ejército francés frente a un enemigo que avanza desde el corazón de Francia. Pero así es, y, por pequeño que sea este trozo de territorio, es por el momento inexpugnable, y además un terreno importante por sus recursos manufactureros y su densa población. Rechazado a este seguro refugio por la batalla de Villers-Bretonneux (27 de noviembre), Faidherbe reorganizó y reforzó su ejército; hacia finales de diciembre volvió a avanzar sobre Amiens, y el día 23 libró una batalla indecisa contra Manteuffel en el Hallue. En esta batalla contaba con cuatro divisiones (35.000 hombres, según su propio cálculo) frente a las dos divisiones del VIII Cuerpo prusiano (24.000 hombres, según los informes prusianos). Que con semejante proporción de fuerzas, y contra un general tan afamado como von Goeben, lograra mantener sus posiciones, es señal de que sus Móviles y Movilizados están mejorando. A causa de las heladas y de las deficiencias de su intendencia y de su tren, según dice, pero probablemente también porque no confiaba en la firmeza de sus hombres para un segundo día de duros combates, se retiró casi sin ser molestado al otro lado del Scarpe. Von Goeben le siguió, dejó la mayor parte de la 16ª división para mantener las comunicaciones e investir Péronne, y avanzó solo con la 15ª división y la columna volante del príncipe Alberto el Joven (que equivalía como máximo a una brigada) hasta Bapaume y más allá. He aquí, pues, una oportunidad para las cuatro divisiones de Faidherbe. Sin vacilar un instante, avanzó desde su posición protegida y atacó a los prusianos. Tras un combate preliminar el 2 de enero, los cuerpos principales lucharon frente a Bapaume al día siguiente. Los claros informes de Faidherbe, la gran superioridad numérica de los franceses (ocho brigadas —o al menos 33.000 hombres— frente a tres brigadas prusianas, es decir, de 16.000 a 18.000 hombres, para calcular las cifras según los datos arriba indicados para los dos ejércitos) y el lenguaje impreciso de Manteuffel no dejan duda de que en esta batalla los franceses llevaron la mejor parte. Además, la jactancia de Manteuffel es bien conocida en Alemania: todos recuerdan allí cómo, siendo gobernador de Slesvig y bastante alto, se ofreció a «cubrir cada siete pies del país con su cuerpo». Sus informes, incluso después de la censura en Versalles, son ciertamente los menos fiables de todos los relatos prusianos. Por otra parte, Faidherbe no aprovechó su éxito, sino que después de la batalla se retiró a una aldea a algunas millas a retaguardia del campo de batalla, de modo que Péronne no fue socorrida y, como ya se ha señalado en estas columnas, los frutos del combate fueron todos para los prusianos. Es imposible tomar en serio las excusas de Faidherbe para su retirada. Pero, cualesquiera que hayan sido sus razones, mientras no pueda hacer más con sus tropas que batir a tres brigadas prusianas y retirarse luego, no liberará París.

Entretanto, Manteuffel tiene a mano un importante refuerzo. La 14ª división (Kameke) del VII Cuerpo, tras reducir Montmédy y Mézières, se acerca a su teatro de operaciones acompañada de su tren de sitio. Los combates cerca de Guise parecen marcar una etapa de este avance; Guise se encuentra en el camino directo de Mézières a Péronne, la cual parece naturalmente la próxima fortaleza señalada para el bombardeo. Después de Péronne, probablemente Cambrai, si todo marcha bien para los prusianos.

En el sudeste, Werder se halla en plena retirada desde el 27 de diciembre, cuando evacuó Dijon. Pasó algún tiempo antes de que los alemanes mencionaran una palabra al respecto, y entonces los prusianos guardaron completo silencio; la noticia se filtró en un rincón tranquilo del *Karlsruher Zeitung*. El día 31 evacuó también Gray, tras un combate, y ahora cubre el sitio de Belfort desde Vesoul. El Ejército de Lyon, al mando de Crémer (de quien se dice que es un oficial hannoveriano emigrado), le sigue los pasos, mientras que Garibaldi parece estar actuando más hacia el oeste contra la línea principal de comunicaciones prusiana. Werder, de quien se dice que espera un refuerzo de 36.000 hombres, estará bastante seguro en Vesoul, pero la línea de comunicaciones parece todo menos segura. Ahora sabemos que el general Zastrow, comandante del VII Cuerpo, ha sido enviado allí y está en comunicación con Werder. A menos que se le nombre para un mando completamente nuevo, llevará consigo la 13ª división, que ha sido relevada en Metz por la Landwehr, y dispondrá también de otras fuerzas para operaciones activas. Debe de ser uno de sus batallones el que ha sido atacado, y se dice derrotado, cerca de Saulieu, en el camino de Auxerre a Chalon-sur-Saône. El estado de las comunicaciones en las líneas férreas secundarias (siempre exceptuando la línea principal de Nancy a París, que está bien custodiada y, hasta ahora, segura) lo muestra una carta desde Chaumont (Haute-Marne) a la Gaceta de Colonia, quejándose de que ya por tercera vez los francos-tiradores han cortado la vía férrea entre Chaumont y Troyes; la última vez, el 24 de diciembre, volvieron a colocar los raíles flojos, de modo que un tren con 500 hombres de la Landwehr descarriló y se detuvo, tras lo cual los francos-tiradores abrieron fuego desde un bosque, pero fueron rechazados. El corresponsal considera esto no solo injusto, sino «infame». Igual que el coracero austriaco en Hungría en 1849: «¿No son estos húsares unos canallas infames? Ven mi coraza, y sin embargo me cruzan la cara de un sablazo.»

El estado de estas comunicaciones es cuestión de vida o muerte para el ejército que sitia París. Una interrupción de pocos días le afectaría durante semanas. Los prusianos lo saben, y ahora están concentrando toda su Landwehr en el noroeste de Francia para mantener sometida una franja de territorio lo bastante amplia como para garantizar la seguridad de sus ferrocarriles. La caída de Mézières les abre una segunda línea férrea desde la frontera por Thionville, Mézières y Reims; pero esta línea ofrece peligrosamente su flanco al Ejército del Norte. Si se ha de liberar París, quizá la manera más fácil de hacerlo sería cortando esta línea de comunicaciones.

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