Karl Marx Londres, 21 de febrero de 1870 El silencio de la prensa europea sobre las infamias cometidas por el gobierno oligárquico burgués de Inglaterra se debe a diversas razones. Para enipezar, el gobierno británico es rico y la prensa, como se sabe, incorruptible. Además, el gobierno británico es un gobierno modelo, reconocido como tal por los terratenientes, por los capitalistas · del continente y basta por Garibaldi (véase su libro)ª: en consecuencia, no se puede hablar mal de ese gobierno ideal. Por último, los republicanos franceses tienen un espíritu tan estrecho y egoísta, que reservan toda su ira para el Imperio. Sería un crimen contra la libertad de palabra informar a sus compatriotas que en un país de libertades burguesas se sentencia a la gente a 20 años de trabajos forzados por delitos punibles con 6 meses de prisión en el país de los cuarteles. He aquí unos pocos detalles sobre el trato dado a los prisioneros fenianosb, tomados de diarios ingleses. A Mulcahy, subdirector de The Irish People, condenado por haber participado en una conspiración feniana, le pusieron un aro de ª Marx se refiere al libro de Garibaldi The Rule of the Monk, or Rome in the Nineteenth Century, in two volumes, London, 1870.- b Fenianos: revolucionarios irlandeses, que comenzaron a desarrollar sus actividades a fines de la década del 50 del si¡lo XIX. Su programa y actividades reflejaban la protesta de las masas populares irlandesas contra el yugo colonial de Inglaterra. Exigían la independencia nacional para su país, la implantación de una república democrática y la conversión de los campesinos arrendatarios en propietarios de las tierras que cultivaban. Pero su táctica conspirativa les impidió establecer vínculos con las amplias masas del pueblo de Irlanda; tampoco estaban ligados al movimiento democrático general y obrero de Inglaterra. La sublevación que desencadenaron en febrero y marzo de 1867 fue derrotada. Más tarde· sus actividades de redujeron a actos terroristas, y entraron en decadencia en la década del 70, hierro en tomo al cuello, en Dartmoor, y lo uncieron a un carro cargado de piedras. O'Donovan Rossa, propietario de The Irish People, fue encerrado durante 35 días en un calabozo, con los brazos encadenados a la espalda día y noche. No lo desataban ni siquiera para tomar sus alimentos, el escaso bodrio que se le dejaba en el piso de la celda. Aunque Kickham, uno de los directores de The Irish People, no podía utilizar su mano derecha debido a un absceso, se lo hizo sentar, junto con sus compañeros, sobre un montón de basura, en la niebla y el frío de noviembre, y romper piedras y ladrillos con la mano derecha. Por la noche era conducido a su calabozo y sólo se le daba como alimento seis onzas de pan y una pinta de agua tibia. O'Leary, un anciano de sesenta o setenta años, fue puesto a pan y agua durante tres semanas, mientras estuvo preso, porque no quiso renunciar a su paganismo (evidentemente, eso es lo que el carcelero llama libertad de pensamiento) y no aceptó ser ni papista, ni protestante, ni presbiteriano, y ni siquiera cuáquero, o abrazar una de las numerosas religiones que el director de la cárcel dio a elegir al pagano irlandés. Martín H. Carey está encerrado en un manicomio, en Mill-Bank; el silencio que le ,impusieron, y otros malos tratos, le hicieron perder la razón. El coronel Richard Burke no está en mejor situación. Uno de sus amigos escribe que tiene la razón afectada, que ha perdido la memoria y que su modo de obrar, sus modales y su conversación indican que está loco. Los presos políticos son arrojados de una a otra cárcel como si fueran animales salvajes. Se les impone la compañía de los más viles maleantes; están obligados a limpiar los utensilios que usani estos miserables, muchos de los cuales padecen las enfermedades más desagradables, y a lavarse con el agua ya usada por éstos. Hasta la llegada de los fenianos a Portland, se permitía a todos estos criminales hablar con sus visitantes. Para los prisioneros fenianos se instaló una jaula de visitas. Consiste en tres compartimientos separados por gruesos barrotes de hierro; el carcelero ocupa el compartimiento central, y el prisionero y sus amigos sólo pueden verse a través de esa doble fila de barrotes. En los muelles hay prisioneros que se comen las babosas, y en Chatham las ranas son consideradas un manjar. Dice el general Thomas Burke que no le sorprendió ver un ratón muerto flotando en la sopa. Los condenados afirman que para ellos fue un día descraclado aquel en que los fenianos fueron llevados a la cárcel. (La disciplina se hizo mucho más estricta.) Agregaré unas pocas palabras a lo precedente: El año pasado Mr. Bruce, ministro del Interior, gran liberal, gran policía, gran propietario de minas en Gales y feroz explotador de los trabajadores, fue Interpelado por los malos tratos inferidos a los prisioneros tenianos, y en especial a O'Donovan Rossa. Al principio negó todo; luego se vio obligado a admitirlo. Entonces Mr. Moore, miembro irlandés de la Cámara de los Comunes., exigió una investigación. Su pedido fue rechazado de plano por ese ministerio radical encabezado por el semisanto Mr. Gladstone (ha sido públicamente comparado con Jesucristo) y uno de cuyos miembros más Influyentes es el viejo demagogo burgués John Bright. Últimamente, después de que se reiteraron los rumores sobre malos tratos, algunos miembros del parlamento pidieron autoriza. ción al ministro Bruce para visitar a los prisioneros, a fin de poder demostrar la falsedad de dichos rumores. Mr. Bruce negó la autorización porque, dijo, los directores de las cárceles temían que los prisioneros se ·excitaran con visitas de ese tipo. La semana pasada fue Interpelado nuevamente el ministro del Interior. Se le pre,untó si era verdad que, después de su designación como diputado por Tipperary, O'Donovan Rossa había sido sometido a castigos corporales (es decir, azotado); el ministro declaró que ello no sucedió después de 1868 (lo que quiere decir que durante dos o tres años el prisionero político fue en efecto azotado). También envío a ustedes extracto&" referentes a Michael Terbert, un feniano que, como los demás, fue sentenciado a trabajos fonados, y que cumplió su pena en la cárcel de Spike Island, distrito de Cork, Irlanda. Verán ustedes que el propio médico forense atribuye su muerte a torturas. La indagación judicial tuvo lugar la semana pasada. En el curso de dos años, más de veinte obreros fenianos murieron o perdieron la razón por obra y gracia de la filantropía de estos buenos burgueses, apoyados por esos buenos terratenientes. ª Aquí, en el texto del artículo, la Redacción de L 'Internacional a¡regó, entre paréntesis: "Se publicarán en el próximo número". La Redacción publicó loa mencionados extractos en el núm. 60, del 6 de marzo de 1870, como segundo artículo, con el mismo título, añadien• do por su parte una1 líneas de introducción y resumen. Probablemente sabrán ustedes que la prensa inglesa profesa un casto horror hacia las abominables leyes de emergencia general que embellecen a la hermosa Francia Pero son las leyes de emergencia aeneral las que -a excepción de breves intervalos- componen la carta cons.titucional irlandesa. Desde 1793 el gobierno inglés, con cualquier pretexto, ha suspendido, regular y periódicamente, la vigencia de la ley de habeas corpus (la ley que garantiza la libertad individual) en Irlanda y, en la práctica, todas las leyes, salvo la de la fuerza bruta. De esta manera. miles de personas sospechosas de ser partidiarias de los fenianos, fueron detenidas en Irlanda, sin juicio ni sentencia, sin siquiera habérseles hecho una acusación formal. No conforme con privarlas de su libertad, el gobierno inglés las sometió a las más salvajes torturas. He aquí un ejemplo: Una de las prisiones en que eran enterrados vivos los sospechosos de ser fenianos fue la cárcel de Mountjoy en Dublin. El inspector de dicha cárcel, Murray, es una fiera. Ha maltratado a los prisioneros en forma tan salvaje, que algunos de ellos enloquecieron. El médico de la cárcel, O'Donnell, un hombre excelente (que desempeñó un honroso papel en la investigación de la muerte de Michael Terbert), escribió durante algunos meses cartas de protesta que al principio dirigió al propio Murray. Como éste no contestaba a sus cartas, envió sus informes a las autoridades superiores, pero Murray, experto carcelero, los interceptó. Por último, O'DoMell se diri¡ió personalmente a lord Mayo, ent.onces virrey de Irlanda. En ese entonces estaban en el poder los tories (Derby-Disraeli). ¿Cuáles fueron los resultados de esa acción? Los documentos referentes al asunto se publicaron por orden del parlamento... ¡y el doctor O'Donnell fue destituido de su cargo! En cuanto a Murray conservó el suyo. Vino después el llamado ministerio radical de Gladstone, el delicado, el virtuoso, el magnánimo Gladstone, que derramó lágrimas tan ardientes y sinceras por la suerte de Poerio y los otros burgueses maltratados por el rey Bomba.ª ¿Qué hizo este ídolo de la burguesía progresista? A la vez que insultaba a los irlandeses con su insolente rechazo de los pedidos de amnistía de éstos, ¡no sólo confirmaba en sus funciones al monstruo Murray, sino que, como demostración de gratitud, agregaba una suculenta sinecura a su cargo de carcelero en jefe! ¡Así es el apóstol de la filantropía burguesa! ª Rey Bomba: apodo de Fernando 11.

Pero era preciso echar tierra a los ojos del público; había que crear la impresión de que se estaba haciendo algo por Irlanda, y, con gran alharaca, anunció una ley que reglamentaría el problema de la tierra (la ley agraria)42. Pero todo esto no es más que un engaño, con el objeto de crear buena impresión én Europa, seducir a los jueces y abogados irlandeses con perspectivas de intenninables litigios entre los terratanientes y los agricultores, atraerse a los terratenientes con promesas de subvención y tentar a los agricultores más ricos con algunas concesiones parciales. En la prolongada introducción de su discurso grandilocuente y confuso, Gladstone confesó que aun las leyes "benévolas" que la Inglaterra liberal había otorgado a Irlanda en los últimos cien años, condujeron inexorablemente al deterioro de ese país. Y después de tan ingenua confesión, el mismísimo Gladstone insiste en torturar a los hombres que quieren terminar con esa legislación injusta e imbécil. Escrito el 21 de febrero de 1870. Publicado en L 'Intemational, núm. 59, del 27 de febrero de 1870.