Notas sobre la guerra. Engels 1870-71.

XXXII

Los combates de la última semana han demostrado cuán acertadamente juzgamos las posiciones relativas de los contendientes cuando dijimos que los ejércitos llegados desde Metz al Loira y a Normandía ya habían gastado entonces la mayor parte de su capacidad para ocupar nuevo territorio. La extensión de terreno ocupado por las fuerzas alemanas apenas ha recibido adición alguna desde entonces. El Gran Duque de Mecklemburgo, con los bávaros de von der Tann (los cuales, pese a su desorganización y falta de calzado, no pueden ser retirados del frente), con el 10.º Cuerpo y las divisiones 17.ª y 22.ª, ha seguido a las tropas de Chanzy, que se retiraban lentamente y combatiendo sin cesar, desde Beaugency hasta Blois, de Blois a Vendôme, y a Epuisay y más allá. Chanzy defendió cada posición que ofrecían los riachuelos que descienden del norte hacia el Loira; y cuando el 9.º Cuerpo (o al menos su división hessiana) giró su flanco derecho en Blois, llegando desde la margen izquierda del río, se retiró hacia Vendôme y tomó posición sobre la línea del Loira. Esta la mantuvo los días 14 y 15 frente a los ataques del enemigo, pero la abandonó en la tarde del último día, y se retiró lentamente, mostrando aún un frente audaz, en dirección a Le Mans. El día 17 tuvo otro combate de retaguardia con von der Tann en Epuisay, donde se unen los caminos de Vendôme y Morée a Saint-Calais, y luego se replegó, aparentemente sin ser perseguido mucho más allá.

Toda esta retirada parece haber sido conducida con gran prudencia. Una vez decidido que el antiguo Ejército del Loira se dividiría en dos cuerpos, uno de los cuales, a las órdenes de Bourbaki, actuaría al sur de Orléans, y el otro, a las órdenes de Chanzy —a quien se le entregaron también las tropas cercanas a Le Mans—, defendería la Francia occidental al norte del Loira, una vez adoptada esta disposición, el objetivo de Chanzy no podía ser provocar acciones decisivas. Por el contrario, su plan consistía necesariamente en disputar cada palmo de terreno mientras pudiera hacerlo sin peligro de verse envuelto en una de ellas; infligir con ello al enemigo las pérdidas más cuantiosas posibles, y foguear a sus propias tropas bisoñas en el orden y la firmeza bajo el fuego. Naturalmente, en esta retirada perdería más hombres que el enemigo, sobre todo en rezagados; pero estos serían los peores hombres de sus batallones, de los que bien podía prescindir. Mantendría la moral de sus tropas, a la vez que conservaba por parte del enemigo aquel respeto que el Ejército del Loira ya había conquistado para las tropas republicanas. Y pronto llegaría a un punto en que los perseguidores, debilitados por las pérdidas en combate, por las enfermedades y por los destacamentos dejados atrás en su línea de suministros, tendrían que abandonar la persecución o arriesgarse a ser derrotados a su vez. Ese punto, con toda probabilidad, sería Le Mans; allí se encontraban los dos campamentos de instrucción de Yvre-l'Evêque y de Conlie, con tropas en diversos estados de organización y armamento, y en número desconocido; pero ciertamente debía de haber allí más batallones organizados de los que Chanzy necesitaría para rechazar cualquier ataque que Mecklemburgo pudiera lanzarle. Así parece haberlo comprendido el comandante prusiano, o más bien su jefe de Estado Mayor, el general Stosch, quien en realidad dirige los movimientos del ejército de Mecklemburgo. Pues, tras haberse sabido que el 10.º Cuerpo de la Alemania del Norte, el día 18, persiguió a Chanzy más allá de Epuisay, oímos ahora que el general Voigts-Rhetz (que manda ese mismo 10.º Cuerpo) ha derrotado el 21 a un cuerpo francés cerca de Monnaie, y los ha empujado más allá de Notre Dame d'Oé. Ahora bien, Monnaie se encuentra a unas treinta y cinco millas al sur de Epuisay, sobre el camino de Vendôme a Tours, y Notre Dame d'Oé está unas pocas millas más cerca de Tours. De modo que, después de seguir a las fuerzas principales de Chanzy hacia Le Mans y hasta sus proximidades, las tropas de Mecklemburgo parecen dirigirse ahora —al menos en parte— hacia Tours, al que probablemente habrán llegado ya, pero que no es verosímil que puedan ocupar de manera permanente.

Los críticos prusianos censuraron la retirada excéntrica del Ejército del Loira tras las batallas libradas frente a Orléans, y pretendieron que un paso tan erróneo solo pudo ser impuesto a los franceses por la vigorosa acción del príncipe Federico Carlos, mediante la cual “rompió su centro”. Que la torpeza de D'Aurelle, en el preciso momento en que recibió el choque del enemigo, tuvo mucho que ver con esta retirada excéntrica, e incluso con la subsiguiente división del ejército en dos mandos distintos, podemos creerlo fácilmente. Pero había otro motivo para ello. Francia, por encima de todo, necesita tiempo para organizar fuerzas, y espacio —es decir, tanto territorio como sea posible— del cual obtener los medios de organización en hombres y material. No hallándose aún en condiciones de buscar batallas decisivas, tiene que intentar salvar tanto territorio como pueda de la ocupación del enemigo. Y como la invasión ha alcanzado ya aquella línea en que las fuerzas del ataque y las de la defensa están casi equilibradas, no hay necesidad de concentrar las tropas de la defensa como para una acción decisiva. Por el contrario, pueden, sin gran riesgo, ser divididas en varias grandes masas, a fin de cubrir la mayor extensión posible de territorio y oponer al enemigo, en cualquier dirección que avance, una fuerza bastante grande para impedir una ocupación permanente. Y como todavía hay cerca de Le Mans unos 60.000, o quizás 100.000, hombres (en un estado muy atrasado de equipo, instrucción y disciplina, es cierto, pero que mejoran a diario), y como los medios para equiparlos, armarlos y abastecerlos han sido organizados y se están reuniendo en la Francia occidental, sería una gran torpeza abandonarlos solo porque la teoría estratégica exige que, en circunstancias ordinarias, un ejército derrotado se retire en un solo cuerpo; cosa que en este caso solo podría haberse hecho marchando hacia el sur y dejando el oeste desprotegido. Por el contrario, los campamentos cercanos a Le Mans contienen en sí mismos los elementos para hacer del nuevo Ejército del Oeste, con el tiempo, algo aún más fuerte de lo que fue el antiguo Ejército del Loira, mientras que todo el sur está organizando refuerzos para el mando de Bourbaki. Así, lo que a primera vista aparece como un error era en realidad una medida muy adecuada y necesaria, que no excluye en modo alguno la posibilidad de que la totalidad de las fuerzas francesas, en algún momento posterior, se hallen en condiciones de cooperar para una acción decisiva.

La importancia de Tours reside en que constituye el nudo ferroviario más occidental entre el noroeste y el sur de Francia. Si Tours es ocupado permanentemente por los prusianos, Chanzy carecerá ya de comunicación ferroviaria tanto con el Gobierno en Burdeos como con Bourbaki en Bourges. Pero con sus fuerzas actuales, los prusianos no tienen posibilidad de mantenerlo. Allí serían más débiles de lo que era von der Tann en Orléans a principios de noviembre. Y una pérdida temporal de Tours, aunque inconveniente, puede soportarse.

No hay muchas noticias de las otras columnas alemanas. El príncipe Federico Carlos, con el Tercer Cuerpo y quizás la mitad del Noveno, ha desaparecido completamente de la vista, lo cual no dice mucho de su capacidad de avance. Manteuffel se ve reducido a desempeñar el papel de una enorme columna volante de requisas; su fuerza de ocupación permanente no parece ir más allá de Ruan. Werder está rodeado por una guerra de guerrillas por todos los flancos, y mientras que a pura actividad consigue mantenerse en Dijon, descubre ahora que también tiene que bloquear Langres si quiere tener segura su retaguardia. De dónde ha de sacar las tropas para esta tarea no lo sabemos; él no tiene ninguna de sobra, y la Landwehr que se halla cerca de Belfort y en Alsacia tiene tanto entre manos como ya puede manejar. De modo que en todas partes las fuerzas parecen casi equilibradas. Ahora se trata de una carrera de refuerzos, pero una carrera en la que las probabilidades son inmensamente más favorables a Francia de lo que eran hace tres meses. Si pudiéramos decir con seguridad que París resistirá hasta finales de febrero, casi podríamos creer que Francia ganará la carrera.

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