Querida señora Liebknecht:

Acabamos de recibir aquí la noticia de que Liebknecht, Bebel y Hepner fueron detenidos ayer. Es la revancha prusiana por las derrotas morales que L. y B. infligieron al imperio prusiano ya antes de su nacimiento. Todos nosotros aquí nos hemos alegrado mucho del valiente comportamiento de ambos en el Reichstag, en circunstancias en que verdaderamente no era poca cosa manifestarse con nuestras opiniones libre y desafiante. Suponemos que se trata ante todo de una venganza mezquina y del aniquilamiento del periódico, así como de hacer imposible la reelección, y el cargo de alta traición será pura apariencia. Pero los señores prusianos pueden equivocarse de medio a medio, pues con la actitud realmente sobresaliente de los obreros alemanes, que obligó incluso al canalla de Schweitzer a someterse a la dirección de L. y B., este golpe de fuerza probablemente malogrará por completo su efecto y provocará más bien lo contrario. Los obreros alemanes han demostrado durante esta guerra una perspicacia y una energía que los coloca de un solo golpe a la cabeza del movimiento obrero europeo, y usted comprenderá con qué orgullo vivimos esto. Pero también tenemos el deber de procurar con todas nuestras fuerzas que nuestros amigos detenidos y sus familias no padezcan necesidad en Alemania, y justamente ahora que la próxima fiesta de Navidad se les amarga de por sí de este modo. Nos tomamos, por tanto, la libertad de adjuntar un billete de cinco libras del Banco de Inglaterra «B / 10, 04841, Londres 12 de octubre de 1870», en cuyo producto tenga usted a bien compartir con la señora Bebel. Adjuntamos asimismo siete táleros, reunidos por el Arbeiterbildungsverein alemán de aquí y destinados a las familias de los detenidos de Brunswick. Le ruego tenga la bondad de firmar el recibo adjunto por esta suma y devolvérmelo, para que pueda ser remitido a la asociación para descargo de Marx. Mi mujer es una irlandesa revolucionaria, y así puede usted imaginarse la alegría que reinó ayer en esta casa cuando llegó la noticia de que los fenianos condenados habían sido amnistiados —aunque en la forma más miserablemente prusiana—. ¡Y ahora, acto seguido, llega la noticia de la detención de nuestros amigos en Alemania! Adiós, querida señora Liebknecht, y no pierda el valor. Los prusianos y sus superiores, los rusos, se han metido en un asunto que les crece por encima de la cabeza.

Con sincera simpatía,
suyo, Friedrich Engels.

La familia Marx le envía sus más atentos saludos y manda cariñosos recuerdos a los niños.