tado al imperialismo entero con todas sus taras en el país de las encinas y los tilos.5 En cuanto al burgués alemán, su borrachera anexionista no me asombra en absoluto. En primer lugar, el acaparamiento es el principio vital de toda burguesía, y tomar provincias extranjeras siempre es «tomar». Además, el burgués alemán ha aceptado servilmente tantos puntapiés de sus príncipes, sobre todo de los Hohenzollern, que para él debe ser un verdadero regocijo ver esos puntapiés aplicados, para cambiar, al extranjero.

En todo caso, esta guerra nos ha liberado de los «republicanos burgueses». Le ha reservado a esa banda un fin horrible. Y este es un resultado importante. Les ha brindado a nuestros profesores la mejor oportunidad de exhibirse ante el mundo entero como pedantes lacayos. La situación que se derivará de elio constituirá la mejor propaganda en favor de nuestros principios.

Aquí, en Inglaterra, al comienzo de la guerra la opinión pública era ultraprusiana. Ahora es todo lo contrario. En los cafés chantants [cafés cantantes], por ejemplo, la gente abuchea a los cantantes alemanes con su Wi-Wa Wacht am Rhein, mientras que acompaña a los artistas franceses cantando in choro [en coro] la Marseillaise. Echando a un lado, la indudable simpatía de las masas populares por la República, del despecho experimentado por la respectability [sociedad respetable] ante la alianza, hoy evidente, que vincula Prusia a Rusia, y del tono imprudente de la diplomacia prusiana después de sus éxitos militares, independientemente de todo esto, los métodos de guerra empleados —sistema de la requisición, incendios de aldeas, ejecución de los francotiradores, toma de rehenes y otras recapitulaciones de la Guerra de los Treinta Años— han suscitado aquí la indignación general. Of course [desde luego], los ingleses hicieron lo mismo en la India, en Jamaica, etc., pero los franceses no son hindúes, ni chinos, ni negros, y los prusianos no son tampoco heavenborn Englishmen [ingleses enviados de Dios]. Es verdaderamente una idea típica de los Hohenzollern la de considerar criminal a un pueblo que continúe defendiéndose después que su ejército permanente ha sido aniquilado. En realidad, la guerra popular librada en Prusia contra Napoleón 1 no dejaba dormir al buen Federico Guillermo III. Podemos convencernos de ello si leemos la historia de Gneisenau por el profesor Pertz. En su ordenanza sobre el Landsturm,” Gnelsenau había elevado a sistema la guerra de los francotiradores. Lo que a F[ederico] G[uillermo] III no le cabía en la cabeza 5 Es decir, Alemania.

$ Ver la nota 6 a la carta n? 52, de Jenny Marx, del 19 de noviembre de 1870. 7 Ordenanza del 21 de abril de 1813, que preveía el llamado de toda la población masculina en condiciones de tomar las armas. Ésta constituía el Landsturm, era que el pueblo siguiera combatiendo por su propia iniciativa y sin órdenes superiores.

Pero todavía no se ha acabado todo. La guerra aún puede tomar, en Francia, un rumbo muy desagradable. La resistencia del ejército del Loira no figuraba en sus planes' y la dispersión a diestro y siniestro de las fuerzas alemanas está destinada, según se dice, a intimidar a las poblaciones; pero, en realidad, sólo tiene como resultado suscitar acciones defensivas en todos los frentes y debilitar la fuerza ofensiva del ejército alemán. El bombardeo con que se amenaza a París es también un simple truco. Con toda probabilidad, no podría producir ningún efecto serio sobre la propia ciudad. ¿De qué sirve abatir algunas obras avanzadas, abrir una brecha, si el número de los sitiados es superior al de los sitiadores? ¿Y más cuando los papeles están invertidos y los sitiados se baten excepcionalmente bien en las sorties [salidas], mientras que los sitiadores se defienden detrás de sus enrenchments [atrincheramientos], como ocurrió al comienzo? Doblegar a Paris por el hambre es el único medio real. Pero si el tiempo necesario para lograrlo se prolonga lo suficiente como para que se llegue a constituir un ejército y se organice la guerra popular en las provincias, lo único que se habrá logrado será desplazar el centro de gravedad. Además, aun después de su capitulación, París no podría ser ocupada y mantenida a raya por un puñado de hombres, de modo que inmovilizaría una gran parte de los invaders [invasores]. Pero, cualquiera que sea el resultado de la guerra, habrá entrenado al proletariado francés en el uso de las armas; y esta es la mejor garantía para el futuro. El tono insolente que Rusia y Prusia adoptan con Inglaterra podría llevar a consecuencias totalmente inesperadas y muy desagradables para ellas. He aquí en qué se basa mi hipótesis: con el tratado de París de 1856, Inglaterra sE HA DESARMADO SOLA. Es una potencia marítima; frente a las grandes potencias militares del continente, sólo puede poner en la balanza los medios empleados en una guerra naval. El medio infalible de que dispone consiste en prohibir —o detener— temporalmente el comercio marítimo de las potencias continentales. Sobre todo aplicando el principio que permite embargar las mercancias enemigas en los barcos neutrales. Los ingleses han renunciado a este maritime right [derecho marítimo] así como a otros rights [derechos] similares con la declaración anexa al tratado de París. Clarendon lo 8 Este ejército se había constituido a mediados de noviembre y se le habia puesto bajo el mando del general d'Aurelle de Paladines. Aunque se componía de tropas poco o mal entrenadas, logró varias victorias contra las fuerzas alemanas. llamado a apoyar, con acciones de guerrilla, al ejército regular. Este edicto fue abrogado débpués del verano de 1813.

hizo por orden secreta del ruso Palmerston. Pero esta declaración no constituye una parte integrante del tratado; no ha sido NUNCA ratificada legalmente en Inglaterra. Los señores rusos y los señores prusianos están muy equivocados si se imaginan que la influencia de la reina? —que está vinculada con Prusia por family interest [intereses de familia]— y la imbecilidad burguesa de un Gladstone puedan impedir que John Bull, en el momento decisivo, eche por la borda al «dulce obstáculo» que él mismo ha creado. Entonces sólo necesitará unas semanas para darle el tiro de gracia al comercio marítimo de Rusia y de Prusia. Tendremos entonces la oportunidad de estudiar a los cariacontecidos diplomáticos de Petersburgo y Berlín, y a nuestros aún más cariacontecidos «patrioteros». Qui pivra verra [Vivir para ver]. My best compliments to [mis mejores deseos a] Madame la comtesse y a Fránzchen.

Tuyo K. M.

A PROPÓSITO: ¿podrías enviarme los distintos discursos de Windthort en el Reichstag?

2 La reina Victoria.

Carta de Marx Londres, 4 de febrero de 1871.

Querido Kugelmann: Me causó mucha pena saber, por tu última carta, que tu estado de salud volvió a empeorar. El mío ha sido pasable durante los meses de otoño e invierno, aunque la tos que cogí durante mi última estancia en Hannover persiste hasta el presente.

Te había enviado el número del Daily News que contenía mi carta, Por lo visto, ha sido interceptada también, al igual que mis envíos precedentes. Hoy te adjunto el recorte de periódico así como el Primer manifiesto del Consejo General. Para decir verdad, la carta contenía simplemente hechos, y, precisamente por eso, impresionó. Tú sabes la opinión que yo tengo de los middleclass heroes [ héroes de la burguesía]. Pero los señores Julio Favre (tristemente célebre desde la época del Gobierno provisional y de Cavaignac) y Compañía han superado todas mis previsiones. Comenzaron por permitir que ese sabre ortodoxa [sable ortodoxo], ese crétin militaire [cretino militar] —así caracterizaba Blanqui, y con razón, a Trochu— realizara su PLAN. Este plan consistía simplemente en prolongar la RESISTENCIA PASIVA de París hasta el último extremo, es decir, hasta el starvation point [hasta el hambre] y en reducir la ofensiva, por el otro lado, a unos simulacros de maniobras, a unas sorties platoniques [salidas platónicas]. Todo esto no lo digo como simples «conjeturas» mías, Conozco el contenido de una carta escrita por el propio Julio Favre a Gambetta, en la cual se queja de que no ha podido obtener, ni él ni los otros miembros del gobierno escondidos en París, que Trochu impulsara serias medidas para una ofensiva. Trochu seguía contestando que semejante medida llevaría agua al molino de la DEMAGOGIA PARISINA. Gambetta 1 «Die Presse und Redefreiheit in Deutschland [La libertad de prensa y de expresión en Alemania)»; Marx Engels Werke, t. 17, pp- 283-285.