Notas sobre la guerra. Engels, 1870-71.

XXIX

La tormenta largamente esperada ha estallado por fin. Tras un prolongado período de marchas y maniobras por ambas partes, salpicado tan sólo de escaramuzas y lucha de guerrillas, la guerra ha entrado en otro de esos períodos críticos en que los golpes se suceden sin tregua. El 27 de noviembre el Ejército del Norte francés fue derrotado ante Amiens; el 28, una parte considerable del Ejército del Loira fue batida por el príncipe Federico Carlos en Beaune-la-Rolande; el 29, Trochu realizó una salida infructuosa en el lado sur de París, y el 30 parece haber atacado con todas sus fuerzas disponibles a los sajones y wurtembergueses que cercan París por el lado nordeste.

Estas acciones diversas son el resultado de operaciones combinadas, como aquellas que repetidamente señalábamos como la única posibilidad de éxito que les quedaba a los franceses. Si el Ejército del Norte, con efectivos inferiores, hubiera podido mantener en jaque a los dos cuerpos de Manteuffel, de modo de impedir que éste reforzara al príncipe heredero de Sajonia en sus líneas en torno al lado norte de París, entonces ese ejército habría sido bien empleado. Pero no fue éste el caso. Su avance en campo abierto fue detenido pronto por un número inferior de prusianos; pues la comparación de los diversos partes hace casi seguro que Manteuffel no empeñó en la batalla más que uno de sus cuerpos. El Ejército del Norte habría estado mejor empleado, ya fuera enviando sus tropas de campaña hacia el sur, a Le Mans, por ferrocarril, ora hostigando constantemente los puestos avanzados y destacamentos de Manteuffel, pero rehusando la batalla salvo al abrigo de los muros de alguna de las numerosas fortalezas del Norte que constituyen su base de operaciones. Sin embargo, en el estado actual de Francia, y con los jóvenes soldados que forman sus ejércitos, un general no siempre puede emprender una retirada aunque ésta sea estratégicamente necesaria: semejante paso podría desmoralizar a sus tropas más aún que una derrota completa. En el caso presente, el Ejército del Norte encuentra un refugio seguro en sus fortalezas, donde puede rehacerse, y donde difícilmente le convendría a Moltke enviar a Manteuffel tras él justamente ahora. Pero, al mismo tiempo, Manteuffel queda libre para moverse en cualquier otra dirección, y si, según se informa desde Lille (aunque el informe es desmentido), ha vuelto a evacuar Amiens y se ha dirigido a toda prisa hacia París, no podemos sino confesar que el Ejército del Norte ha fracasado en su misión.

En el oeste, el 21.º Cuerpo francés en Le Mans y el 22.º (antes de Kératry) en el campamento de Conlie han logrado hasta ahora atraer a las tropas del gran duque de Mecklemburgo a gran distancia de París, sin exponerse a ninguna derrota seria. Nuestra suposición de que el avance de esas tropas alemanas se había llevado casi demasiado lejos parece confirmada por los unánimes informes franceses de que han vuelto a evacuar las posiciones ocupadas últimamente al este y sudeste de Le Mans, las cuales han sido reocupadas por los franceses. Éstos, sin embargo, no parecen haber empleado sus fuerzas regulares en una persecución muy enérgica del enemigo, ya que no se oye hablar de ningún encuentro de importancia; y así, el Ejército del Oeste no ha logrado, más que el del Norte, retener fijas a las tropas que se le oponían. Dónde se encuentra y qué está haciendo, no se nos dice; bien puede ser que la repentina querella entre Kératry y Gambetta haya paralizado sus movimientos precisamente en el momento más decisivo. En todo caso, si no podía batir a las tropas de Mecklemburgo ni mantenerlas empeñadas, habría obrado con más sensatez enviando por ferrocarril hacia el Ejército del Loira aquellas de sus tropas que estén equipadas y organizadas para una campaña, a fin de realizar el ataque principal con fuerzas concentradas.

Este ataque principal sólo podía ser llevado a cabo por el Ejército del Loira, que constituye el grueso de todas las tropas francesas que se hallan ahora en campaña, y únicamente podía dirigirse contra el príncipe Federico Carlos, por ser su ejército el más numeroso de los tres que cubren el cerco de París. Se informa que el Ejército del Loira se compone de los cuerpos franceses 15.º, 16.º, 17.º y 19.º, que llevaban ya algún tiempo frente a Orléans, y del 18.º (ahora de Bourbaki) y 20.º, en reserva detrás del Loira. Como los cuerpos 18.º y 20.º estuvieron empeñados —total o parcialmente— el día 28, tienen que haber atravesado el Loira antes de esa fecha, de modo que la totalidad de esos seis cuerpos debía de estar disponible para un ataque contra el Segundo Ejército Alemán. Un cuerpo francés, en esta guerra, se ha compuesto siempre de tres a cuatro divisiones de infantería. Según un orden de batalla publicado hace cosa de quince días por un periódico militar vienés, el Kamerad, el 15.º Cuerpo contaba con cinco brigadas en dos divisiones; el 16.º, con cuatro brigadas en dos divisiones; el 18.º, con diez brigadas en tres divisiones. Aun cuando no nos atengamos al informe del Journal de Bruxelles, que asigna al Ejército del Loira el pleno efectivo de dieciocho divisiones de infantería (o sea, tres por cuerpo) —pues muchas de ellas se hallarán todavía en formación—, no cabe duda de que el ataque del día 28 habría podido realizarse con doce o quince divisiones, en lugar de cinco o seis a lo sumo. Es característico de las tropas que componen el Ejército del Loira el hecho de que fueran derrotadas por un número muy inferior de enemigos: sólo tres divisiones de infantería (las dos del 10.º Cuerpo y la 5.ª), es decir, menos de la mitad del Segundo Ejército, se enfrentaron a ellas. En cualquier caso, su derrota debe de haber sido muy severa; no sólo lo indican los partes alemanes, sino también el hecho de que el Ejército del Loira no haya intentado desde entonces un nuevo ataque con fuerzas más concentradas.

De estas distintas peripecias se desprende que la tentativa de socorrer a París desde fuera ha fracasado por el momento. Ha fracasado, en primer lugar, porque se dejaron escapar las inestimables oportunidades de la semana anterior a la llegada de los ejércitos alemanes primero y segundo; y, en segundo lugar, porque los ataques, cuando se efectuaron, se llevaron a cabo sin la energía y sin la concentración de fuerzas necesarias. Las jóvenes tropas que forman los nuevos ejércitos de Francia no pueden, al comienzo, esperar éxito alguno contra los soldados fogueados que se les oponen, a menos que se las enfrente en proporción de dos contra uno; y es, por lo tanto, doblemente defectuoso conducirlas a la batalla sin haberse cerciorado de que se hace marchar efectivamente al campo de batalla a todos los hombres, caballos y cañones que se pueden allegar.

Por otra parte, no esperamos que las derrotas de Amiens y Beaune-la-Rolande tengan otro efecto importante que el de frustrar el socorro de París. Las líneas de retirada de los ejércitos del Oeste y del Loira son perfectamente seguras, a menos que se cometan los más garrafales errores. La parte, con mucho, mayor de estos dos ejércitos no ha tomado parte en la derrota. La medida en que las tropas alemanas que se les oponen puedan perseguirlos depende de la energía de la resistencia popular y de la guerra de guerrillas —un elemento que los prusianos tienen el singular don de suscitar allí donde van. No hay ahora peligro de que el príncipe Federico Carlos marche sin oposición desde Orléans hasta Burdeos como el príncipe heredero marchó de Metz a Reims. Dada la vasta extensión de terreno que ahora tiene que ser ocupado de un modo seguro antes de que pueda emprenderse cualquier avance ulterior hacia el sur (salvo mediante grandes columnas volantes), las siete divisiones del príncipe Federico Carlos se dispersarán pronto por todas partes y su fuerza invasora quedará por completo agotada. Lo que Francia necesita es tiempo, y, una vez despertado el espíritu de resistencia popular, bien puede aún conseguir ese tiempo. Los armamentos llevados a cabo durante los últimos tres meses tienen que estar a punto de completarse dondequiera, y el número adicional de combatientes que cada nueva semana hace disponibles debe de ir en aumento constante por algún tiempo.

En cuanto a las dos salidas de París, las noticias recibidas hasta el momento de escribir son demasiado contradictorias y demasiado vagas para formarse una opinión definida. Sin embargo, según la propia exposición de Trochu, los resultados obtenidos hasta la noche del 30 no eran en modo alguno de tal índole que justificaran los gritos de victoria lanzados en Tours. Los puntos, pues, que todavía ocupan los franceses al sur del Marne están todos protegidos por el fuego de los fuertes de París; y el único lugar que en un momento dado ocuparon fuera del alcance de esos fuertes —Mont Mesly— tuvieron que volver a abandonarlo. Es más que probable que ayer se haya reanudado la lucha ante París y hoy, quizás, cerca de Orléans y de Le Mans; en todo caso, unos pocos días tienen que bastar ahora para decidir esta segunda crisis de la guerra, la cual, con toda probabilidad, sellará la suerte de París.

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